Matando moscas con el rabo

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Un sentimiento cotardico


Muerto en vida Antes de acabar la historia que os estaba contando, voy a hablaros sobre una enfermedad que no sabía siquiera que existiese (llamadme inculto, si queréis). Y ahí me teníais hace unos años que me encontraba leyendo euforicamente otro libro de Matilde Asensi, que tras descubrirla ese mismo año con “El salón de ámbar”, se convirtió ipso facto en mi escritora favorita. Después de aquel comencé a buscar todas las novelas que ya habían sido publicadas, devorando todos los siguientes y lo seguiré haciendo.

Bueno, no quiero andarme por las ramas, la novela en cuestión era “El origen perdido”. He de decir que es una historia genial y que engancha en demasía como me sucede con todas sus obras, pero me llamó la atención el nudo de la historia que provoca que los protagonistas de la misma  se embarquen en una emocionante aventura por las amazonas en busca de la cura para la enfermedad que sufre el hermano de la protagonista: El síndrome de Cotard. Al principio pensé “Ésto es ficción”, pero como la curiosidad me puede y tenemos enciclopedias en casa (y qué decir de internet), lo investigué más a fondo, pues me pareció una enfermedad terrible de imaginar en mis propias carnes, pero sobre todo, que fuera real y para mi sorpresa, así fue…existe. Me vino a la mente aquello de “Dame pan y dime tonto”.

Los síntomas de esta anomalía psicológica es que el enfermo cree estar muerto, que no existe o que sus órganos se están pudriendo y está claramente relacionada con la famosa hipocondría (me recuerda a la jirafa de Madagascar), también llaman a esta enfermedad delirio de negación o delirio nihilista.

El nombre lo recibe por su descubridor, Jules Cotard, que en 1880 habló abiertamente de ella durante una conferencia en París. En concreto sobre una de sus pacientes que denominó Mademoiselle X, la cual negaba la existencia de varias partes de su cuerpo, de Dios y el Diablo…y que no necesitaba ningún tipo de alimentación, estaba muerta en vida, vamos.

Acabé teniendo pesadillas con esta enfermedad, independientemente de la historia que leía en la novela, en la cual es algo más secundario. Me pareció terrible la idea de que alguien se pueda auto-convencer de estar fallecido, de llegar a tener la paranoia de oler a podrido, alucinando con estar deshaciéndose desde dentro y a veces que su corazón ha dejado de palpitar. Existen varios grados, por decirlo de alguna manera, de esta atípica enfermedad.

No soy un gran entendido en ésto, pero si sé que si uno piensa fervientemente que le duele la cabeza, mucho, puedes acabar provocandote fiebre (experiencia propia para no ir al cole, me subía la temperatura las décimas suficientes) y otras me daba angustia teniendo que vomitar sin remedio…pero de ahí a creer que estoy muerto hay un paso muy grande que no entraba en mi concepción.

Espero que cierta Cecilia Salvaje me deslumbre con algún comentario más profesional sobre la enfermedad de la que hablo, pues su profesión es la idónea para darme una opinión más específica sobre el tema.  Y como me gusta la interacción y soy algo masoca, ¿Conocéis alguna enfermedad extraña que os inquiete de sobremanera? Venga os reto a que me deleitéis con vuestras aberraciones mentales.

Saludos paranoicos y un abrazo de dos vueltas a todos vosotros que estáis ante la pantalla.

JULES COTARD

Por Luis M. Sabioel origen perdido