Matando moscas con el rabo

Archivo para mayo, 2012

LOS NIÑOS PERDIDOS. Capítulo 3º


EL ASESINO Y LA HUÍDA

Tras la sorpresa inicial de encontrarse con su campamento de bruces, se levantaron y adentraron con una sonrisa en sus cansados rostros. Su ojos brillaban victoriosos a pesar de las heridas, suciedad de tierra, sangre y demás. Todo cambió poco después cuando inspeccionaron el lugar y se dieron cuenta de algo muy extraño. Estaba vacío. En el campamento no había ni un alma. Era el primer día de apertura de principios de verano y quizás aún no habían llegado, pero al menos algún monitor para recibirlos debía de haber. Nada.

Las tiendas estaban montadas, a la entrada vieron una furgoneta azul con la pintura desconchada, pero allí solo había silencio y Joe decidió romperlo.

– ¿Entramos a una tienda? Necesito descansar. Tengo que dejar a Ed en alguna de ellas para tumbarlo y que se relaje un poco. Por cierto, ¿dónde está mi hermano?- Jim apareció de pronto de entre unos arbustos.- ¡Ah! Está aquí, no pasa nada. No te vuelvas a alejar, permaneceremos unidos.- Jim asintió.

Empezaron a sentir frío. Sara observó a su alrededor y vio un pozo de piedra antigua un poco más adelante. No cantaban ni los pájaros, aquel campamento le producía más bien escalofríos. Kelly se dispuso a repartir las asignaciones de las tiendas. En ellas ya se encontraban los sacos de dormir preparados y extendidos encima de una lona de plástico verde.

– Bob y Cristian en una tienda. Joe con Edgar y Sara, conmigo.

– ¿Y Jimmy?- preguntó Joe un poco molesto.

– Vaya, lo había olvidado, …mmm. Podría quedarse contigo y con Edgar.- contestó Kelly algo indecisa.

Entraron a las tiendas, pero no estaban cómodos allí dentro. Era pleno día, pero no fue el calor lo que les impedía descansar. Ellos tenían frío. Fue que al rato de poder conciliar el sueño, Edgar abrió los ojos y comenzó a gritar…

– ¡Socorro, socorro! ¡Me quieren matar! ¡Aaaaaaah! ¡Socorro!- soltaba manotazos y pataletas por donde podía. El sudor frío lo tenía embadurnado.-¡Socorroooooooo!

Joe se levantó del susto y cogió a Ed por los hombros. Jim también se despertó.

-Tranquilízate.-dijo.- Relájate, estamos contigo. Jim, ven  e intenta calmarlo, le está dando algún ataque. A lo mejor es fiebre.Voy a por Kelly a ver si sabe que podemos hacer.- Jim se acercó a Ed y le frotaba los brazos. Quería transmitirle toda la calma que pudiera. Joe salió de la tienda y corrió hacia la de Kelly asomando la cabeza. Sara se asustó.

– ¿Qué quieres, Joe?- preguntó Kelly bastante enojada.- ¿No puedes avisar antes de entrar de golpe?

– ¡Qué susto!- exclamó Sara.- Eres un pelmazo, ¡no dejas dormir a nadie con tu romance!

– No es eso. Es que Ed se ha puesto a gritar como un loco y a sudar como un caballo de carreras…

– ¡Dios mío!- gritó Kelly.-¡Tendrá la fiebre altísima! Eso le provoca alucinaciones.

– ¿Y ahora qué hacemos?- preguntó Joe asustado.

– Necesita frío,- contestó Kelly- mucho frío para que le baje la temperatura corporal…pero no tenemos hielo ni agua.

– ¡Si la tenemos!- dijo Sara. Kelly la miró y preguntó.

– ¿Dónde?

– Ahí fuera hay un pozo, tiene que tener agua. Lo he visto antes.

– Bien.- dijo Joe.- No perdamos más tiempo. Ed no puede esperar más.

Cogieron trapos y pañuelos que encontraron por allí, mientras Joe se acercó al pozo que Sara le había dicho. Efectivamente tenía agua y sacó un cubo lleno para llevarlo corriendo a la tienda junto a Edgar. Kelly ya se encontraba allí y metió un pañuelo en el cubo para empaparlo. Le fue aplicando agua fresquita por la nuca, la frente, el pecho, el cuello, la cabeza y el resto del cuerpo. Luego los demás se turnaron en hacerlo. Bob también se había despertado y ayudaba trayendo más cubos llenos de agua. Pasaron así prácticamente toda la noche y esperaban que tuviera resultados positivos. Allí no había forma de comunicarse con el exterior.

Por la mañana, los pequeños salieron a jugar e investigar la zona aún más. Joe y Kelly se quedaron en la tienda observando al muchacho enfermo. En algún momento, ambos fueron abrazados por Morfeo y quedaron dormidos. Ed despertó y se unió a los juegos. En una de esas, Bobby entró a la tienda para ver como estaban los mayores y los vio abrazados. Joe no llevaba camiseta y Kelly  vestía solo ropa interior.  Bobby tenía que anunciar esa noticia y fue con los demás a cuchichear sobre el asunto, entre risas.

– He visto a Kelly con Joe. Están desnudos.- dijo Bob.

– ¿Desnudos?- preguntó Sara, sorprendida.-Y eso que me dijo que era un tío estúpido…

– Pues ya ves lo estúpido que ha resultado para ella.- Todos se rieron.

– Eso no tiene ninguna gracia.- les interrumpió una voz adulta, justo detrás de ellos.- En este campamento no se permiten esos comportamientos lascivos y primarios.

Los chavales se dieron la vuelta para ver al hombre uniformado con gafas de sol, bigote y  los brazos en jarra sobre sus caderas. Era un monitor del campamento “Los * perdidos”. Apareció de la nada e interrumpió la conversación que tenían. Parecía que todos querían preguntar, pero no supieron qué. El hombre seguía hablando.

– Bueno, lo siento. ¡Bienvenidos! No he podido tener el placer de daros la bienvenida antes, pues no sabía que que ustedes llegaron aquí. Nadie más ha venido. Estamos arreglados.- Dio media vuelta y se fue hacia las tiendas.

A Bob se le pasaron muchas cosas por su mente tan imaginaria. Uno de esos pensamientos le hizo tanta gracia que se la tuvo que comentar a sus amigos en voz baja.

– He pensado que si este monitor fuera un asesino, ¿qué pasaría?

– ¿Cómo va a ser un asesino, Bob?- le contestó Cris.- ¿Estás loco? Desde luego que algunas veces tienes unas cosas…

– No, en serio. ¿No os parece extraño ese hombre?- preguntó Bob.

– Un poco raro si que es. Habla con demasiada educación.- dijo Cris.- Pero es el monitor, mira el logo de su camisa caqui. Oye, ¿dónde están Sara, Ed y Jim?

– Se fueron a jugar por allí. ¿Te vienes a ver que hay allí detrás del campamento?- preguntó Bobby.

– Vale, no hay nada mejor que hacer y este tio no ha propuesto ninguna de las actividades que venían en el programa. Vamos.

Más tarde se arrepintieron de ser tan curiosos. Pero ya sería tarde. Ajenos a ello, Sara, Jim y Ed estaban con sus cosas.

– No creo que consigas hacer fuego sin ningún mechero ni cerilla.- le decía Ed a Jim. Ya se encontraba muchísimo mejor de la fiebre que había pasado.

– Yo de tí no haría ninguna apuesta.- se reía Sara.

– ¿Por qué?

– Mira y verás, a mi me lo ha enseñado antes.

Jim cogió un trozo de cristal de alguna botella de cerveza y la alzó encima de unas hojas secas que había amontonado con unas ramillas que recogió por el suelo. Un rayo de luz se reflectaba del cristal hacia las hojas. A los pocos segundos, un humillo surgió entre las hojitas y el fuego se hizo real. Qué llamita más hermosa. Jim sonrió con satisfacción desafiante. Edgar quedó sorprendido y Sara seguía riendo sin parar.

Mientras tanto, Bob y Cristian subían un montículo de tierra para ver lo que había detrás del campamento. Sus ojos no creyeron lo que vieron.

-¿Qué es eso?- preguntó el pequeño.

Eran una veintena de personas muertas, tumbadas bocabajo repartidas en una gran extensión. La mayoría eran niños, por los tamaños de sus cuerpos. Quedaron perplejos.

– ¡Dios mío, no puede ser! ¡Tenemos que avisar a los demás! ¡Es un asesino!- exlamó Bobby.

– ¿Quién es el asesino?- preguntó Cris muy asustado.

– Ese hombre no es el monitor. Es el asesino. Los verdaderos monitores están allí.- y señaló entre los cadáveres.- Aquellos eran nuestros monitores.

– Hay dos con el uniforme de monitor, los demás son niños.  Esto es horrible, tenemos problemas.

– He contado veinte niños y dos adultos.

Cris estaba pálido como el papel.

– No puedo creerlo. ¿Cómo ha sido capaz de matar a toda esta gente a sangre fría?

– No lo sé. Quizás un psicópata no necesita un motivo.- opinó Bob.

– Avisemos a los otros de esta matanza. No quiero formar parte de este montón de cadáveres.- dijo Cris.

Con estas palabras, ambos corrieron hacia el campamento. Kelly se había despertado y se estaba paseando con Joe.

– ¡Kelly!- gritaron sus amigos.

– ¿Qué ocurre?- Joe la miró encogiendo los hombros. Los chicos los alcanzaron con exhausto y hablaban entrecortadamente.

– ¡Tenéis que ver lo que hay allí detrás!- dijo Cris.

– ¿Qué es lo que tenemos que ver?- preguntó Joe, un poco molesto porque le fastidiaran su momento con Kelly.

– Vosotros venid y veréis. Tenemos problemas.- le dijo Bob.

Los chicos guiaron a los “tortolitos” al lugar que parecía una fotografía sacada de la guerra. Lo que vieron tras el campamento, sus ojos no lo podían aceptar. Era inverosímil. ¿Cómo era posible? Apenas podían concebir aquella imagen y menos hablar en condiciones.

– ¿Qué…ha pasado? – se preguntó Kelly.La repugnancia hizo que su rostro se engurruñese.

– Madre del amor hermoso.- decía Joe.- No puede ser cierto lo que estoy viendo…¿cuántos son? 1,2,3,4,5,…

– Hay veintidós.- se adelantó Bob.- Veinte niños y dos monitores.

– ¿Quién habrá sido?- preguntó Kelly.

– El falso monitor.- contestó Bob.

– ¿De qué monitor hablas, Bobby?- preguntó Kelly.

– No hay tiempo ahora para explicaciones.-dijo Joe- Debemos huír lo antes posible. ¡Vámonos de aquí! Me está entrando angustia.El olor a carne podrida no es el mejor para los pulmones, ni nuestro sentido del olfato.

Los cuatro corrieron hacia el campamento como si la vida les fuera en ello (así era), estaban aterrados, así que sus corazones parecían latir a cien pulsaciones por minuto. Ninguno daba crédito aún a aquellos cadáveres que habían sido asesinados con “vete a saber qué”. Quizás fueron torturados, machacados, disparados, apuñalados, estrangulados…había miles de formas y posibilidades y Kelly no podía sacarlo de su cabeza.

Llegaron al lugar donde se encontraban jugando Ed, Jim y Sara.

– ¡Sara!- gritó Kelly.

Sara levantó la vista hacia ella y los miró. Venían corriendo con un terror marcado en la cara y ella no pudo evitar ser contagiada por ese miedo de que algo andaba mal. Muy mal.

De pronto, el monitor apareció a unos metros detrás de Sara, disparando una pistola. Sara se cayó al suelo, pero por suerte, no había sido alcanzada por la bala. Joe corrió más aún para ayudarla. La cogió en brazos y todos juntos huyeron de aquel psicópata.

– ¡Deteneos! ¡Malditos críos de mierda!- gritaba el monitor asesino.- ¡No corráis! ¡No os servirá de nada! ¡Las clases veraniegas solo acaban de comenzar!- El loco ser reía como un descosido mientras les perseguía con el arma en ristre. Comenzó a disparar sin mucho acierto con su pistola del calibre 22. Estaba de caza y esos mocosos eran su trofeo.

A la carrera, los chicos descubrieron ante ellos una brecha en el suelo. Era un río a unos cinco metros de profundidad y solo había un puente colgante visible desde allí. No sabían el peligro que les acechaba.

– ¡Mirad!-gritó Cris.-¡Un puente!

– ¡Vamos!- dijo Joe con Sara en brazos, parecía no encontrarse muy bien.

Todos se dirigieron al puente y Cristian fue el primero en cruzarlo. Después lo hizo Kelly. Joe y Ed también llegaron al otro lado, no se fijaban en como se tambaleaba aquel puente viejo. Sara miró hacia atrás para ver a su hermano.

En ese instante, se escucharon dos voces distintas que les gritaban desde el otro lado del río. Un río bastante bravo y salvaje, por cierto.

– ¡Quedaos quietos!- gritaron los dos hombres.

Eran el mismo monitor y otro gordinflón que se le unió. Levantaron sus armas y dispararon. El tablón que justamente Bob estaba pisando, se hizo añicos y se desprendió. Bobby perdió el equilibrio y sus pies pisaron el vacío. Su horror le permitió al menos agarrarse a otro de los tablones y quedó colgando. Jim se dio la vuelta y cogió las manos de Bob en el aire, en el instante que este perdía sus fuerzas para seguir sujeto al tablón.  Sara no dudó en volver a la mitad del puente para rescatar a su hermano y los asesinos estaban cada vez más cerca.

– ¡No me soltéis! ¡Que no sé nadar!- gritaba Bob con desconcierto. Las aguas bravas de debajo le aterraban tanto o lo mismo que los asesinos que les pisaban los talones.

– No lo haremos, Bob.-le contestó su hermana y le sujetó de un brazo con más fuerza para intentar subirlo.

Joe se sintió impotente presenciando la escena, pues pensó que si se acercaba, moriría de un disparo. Se quedó igual de inmóvil que los otros que habían cruzado el puente. Sara y Jim estaban al límite de sus fuerzas. Uno de los asesinos volvió a disparar y tuvo tal suerte que provocó la rotura de unas cuerdas que hicieron caer a los tres amigos al río desde una considerable altura. Algunos tablones les acompañaron en la caída. Los gritos fueron ensordecedores. Como no tenían bastante, comenzaron a disparar al otro lado del río y estos huyeron de allí con las lágrimas abordando sus ojos.  Al poco consiguieron ocultarse tras unas rocas.

– He dejado que se cayeran.- dijo Joe.

– No es tu culpa.- replicó Cristian.- En realidad ha sido culpa del puente.

– ¿Del puente? ¿No tienes otro invento mejor para calmarme?- preguntó Joe, incrédulo.

– Pero es verdad.- volvió a repetir Cris, cogió un cartel hecho de madera del suelo- Aquí pone: NO CRUZAR EL PUENTE. MUY ANTIGUO. ¡PELIGRO DE MUERTE!

Al decir estas últimas palabras, quedaron en silencio mirándose los unos a los otros. Como los asesinos no daban señales de vida, decidieron entre todos bajar al río como fuera para ver si  encontraban a sus amigos y hermanos. Fue complicado bajar, pero por fin lo consiguieron y empezaron a gritar sus nombres. No obtenían respuesta alguna y las esperanzas de encontrarlos con vida se mermaban cada vez más. No sabían que solo habían pasado escasos minutos. Los segundos parecían horas, una búsqueda eterna.

Los asesinos no habían cesado en su empeño de perseguirlos, pero estos tenían otros problemas que querían solventar antes. Los nombres de estos engendros eran Rock y Jerry. Rock era el cabecilla, el falso monitor que se había presentado educadamente ante los chicos y Jerry era su cómplice, que a parte de sobrepeso, le faltaba algún hervor que otro. Digamos que la inteligencia no era su plato fuerte, no estoy seguro siquiera si conocía la palabra “inteligencia”. Se habían aprovisionado de municiones, otras armas y mochilas con materiales básicos de supervivencia. Jerry lo llevaba todo y así cruzaron el puente con cuidado, sobre todo en el punto en el que faltaban varios tablones. Bajaron por ese lado y acamparon junto al río en una parte desde la que sería difícil verlos.

Mientras los locos se acomodaban, los chicos seguían buscando y bajaron río abajo para ver si encontraban a sus amigos. Por suerte no tardaron en ver un cuerpo junto al río, unos cuantos metros más abajo. En cuanto lo divisaron, corrieron hacia el con la esperanza de que aún siguiese con vida.

– ¡Es Bobby!- gritó Kelly.- Cuando llegó hasta Bobby, se agachó y los demás les rodearon.- ¿Estás bien? Por Dios, dime algo.- Sus intentos de reanimarle eran en vano.

– Quitad de en medio.- dijo Joe.-Voy a hacerle el boca a boca. Necesito espacio, por favor.

Todos estaban mirando la función, pero los intentos de Joe también estaban resultando inútiles. Algunos estaban a punto de llorar, a otros ya ni les quedaban lágrimas, solo la cara de tonto que pone uno cuando no sabe que decir ni hacer. La esperanza se estaba esfumando cuando por fin Bob tosió. Vomitó medio río por esa boca, ¡cuánta agua había tragado el muchacho!

– ¡Estás vivo!- gritaron todos, casi a la vez.

– Muchas gracias por salvarme la vida.- consiguió decir Bobby, mirando a Joe.- ¿Dónde está mi hermana? ¿Y Jim?

– No lo sabemos.- contestó Cristian.

– Hemos estado buscando, pero de momento sólo te hemos encontrado a tí y eso ya es algo.- intervino Edgar.

Bobby se tocaba la frente y se frotaba los ojos, mientras se incorporaba. Los demás observaban sus movimientos, con miedo y atentos por si se cayera del esfuerzo.

– No puede ser.- decía Bob.- Este río es un infierno. Es como si te metieran en una lavadora gigante donde no dejas de dar vueltas y más vueltas. Vamos, peor que si una ola guapa te pilla en la orilla. Seguro que los otros siguen más abajo en el río. La corriente se los habrá llevado.

Kelly miró a Joe y le preguntó en voz baja.

– ¿Crees que pueden estar vivos?

– ¡Claro que pueden estarlo! ¡No seas tan pesimista!- le gritó Bob, que la había escuchado.

Se pusieron en marcha para seguir buscando. Ayudaron a Bob un poco. Cris le servía de apoyo. Los cinco amigos estaban algo desanimados, pues cada segundo que pasaba, hacía que la esperanza de encontrarlos con vida no fueran muchas. Algo más adelante, encontraron una barca de madera pequeña en la orilla.

– ¡Mirad! ¡Una barca!- dijo Ed al verla el primero.

Al fijarse, se dieron cuenta que en la mitad del río, había una roca extraña que se movía y enseguida reconocieron el pelo mojado de Sara. Tenía que tratarse de un milagro, pues ahí estaban Jim y Sara, agarrándose a la roca que estaba en medio de toda la espuma que producía el río al chocar contra la misma.

– ¿Cómo podremos llegar a ellos?- preguntó Kelly.

– En esa barca.- dijo, señalándola.- Cristian, deja a Bob y ven conmigo, anda.

Kelly los ayudó a llevar la barca al río. Era una barca vieja, pero aún tenía sus remos. Había que mantener la esperanza de que resistiría el baño en el río como en sus viejos tiempos. Joe y Cris se subieron a la barca y comenzaron a remar con fuerza. Luchando contra la corriente, que en este punto no era tan fuerte, como más arriba, a la altura del puente.

– Tened cuidado, por favor.- les pidió Kelly. Tras ella, Bob le hizo un pequeño comentario a Edgar.

– Cris estará muerto de miedo.-se río- Pero que valiente es. Mira como va a por mi hermana.- Ed le dio una palmetada en la espalda.

Se levantó un poco de aire y Kelly se llevó a los chicos a una gran grieta que había en la montaña. Ahí tendrían cobijo. Se sentaron y contemplaron el rescate desde allí.

En la barca, Joe le daba órdenes a Cris y este parecía que sabía lo que estaba haciendo. Los nervios son muy traicioneros.

– Cuando estemos cerca y yo te lo diga- decía Joe, que apenas se le podía oir con la furia del río.- Coges los dos remos, ¿vale?

– Muy bien, así lo haré.- contestó Cris, muy decidido.

Se acercaron más a la roca,donde Jim apenas podía ya sujetar a Sara. Joe dio su orden a Cris y éste cogió los remos pretendiendo mantener el control de la barca, pero no contaba con que el solo no tendría la fuerza suficiente. En el momento que Joe trincó a su hermano adoptivo y a Sara, metiéndolos en la barca, a Cris se le escaparon los remos de las manos. Ahora los cuatro estaban a merced de la corriente e iban río abajo descontroladamente. Al chico se le vino el mundo encima.

– ¡Cristian! ¡Tenías que haber tenido más cuidado!- le espetó Joe.

El muchacho agachó la cabeza, totalmente frustrado y sintiéndose inútil. Sara estaba tumbada, recuperándose y abrió los ojos para ver como el cielo daba vueltas. Ella y Jim estaban tiritando del frío.

Desde la grieta en la montaña, Bob se fijó en que algo estaba saliendo mal.

– ¡Han perdido los remos! ¡El río se los está llevando!

– ¿Cómo que no tienen remos?- preguntó Kelly bastante asustada.- Oh, es cierto.

– Hay que hacer algo, ¿no?- preguntó Edgar.

Ante esto, Kelly reaccionó y salió corriendo por la orilla del río para no perder la pista de la barca, que avanzaba demasiado rápido. Edgar ayudó a Bob para seguirla de cerca.

El pánico se había apoderado de los ocupantes de la barca, sobretodo cuando comenzó a llenarse de agua e intentaban ellos mismos sacarla de ahí con sus propias manos. Sara se levantó a duras penas para observar a su alrededor, pues aún estaba algo desorientada. El meneo de la barca y las vueltas que daba, no la ayudaban a estabilizarse.

– ¿Dónde estamos?- preguntó.

– ¡Estamos en una barca! ¡Descontrolados! ¡Vamos a morir por mi culpa!- gritaba Cristian en plan histérico.

-¿Quéeeeeeeeee?

Jim observó otra cosa más importante que se iban a encontrar más adelante. Se dirigió a los demás, moviendo la cabeza para negar y afirmar, a la misma vez, señaló hacia adelante, subió su mano derecha y luego la lanzó en picado para abajo. Su rostro representaba el terror más puro.

– ¿Qué haces?- preguntó su hermano.- No sé lo qué intentas decirme. Si es una tontería, no es el momento. Si te meas, méate encima.

Jim se acercó como pudo a Joe y le indicó que mirara hacia adelante. Mientras Sara y Cris estaban ocupados sacando el poco agua que podían de la barca, a Joe le cambió la cara. Ahora si podía ver lo que a Jim tanto le aterraba. La razón era una cascada.

En la orilla, los otros tres corrían tras ellos. Estaban un poco desanimados.

– ¡Estamos muertos, joder!- gritaba Bob.- ¡Nunca saldremos de aquí! Ni siquiera la guapa de mi hermana.

– Ya sabemos que tu hermana es muy guapa, pero no tienes que preocuparte ahora.- le decía Ed para animarle.

– ¿Que no me preocupe? Mi hermana y mis mejores amigos van a morir…-las lágrimas se le escapaban mientras corría.

– Venga, Bob,- le dijo Kelly- seguro que les damos alcance. Mírate a ti mismo, te has caído de un puente desde un puñado de metros, el río te ha dado un centrifugado y aún estás aquí, pero…

– Pero, ¿qué?

– Pero si hay algún otro peligro como un remolino o una casacada…

– ¡Qué ánimo le das al chico!- le replicó Ed.

– ¡Es que yo también estoy asustada!

En la barca, no cesaban en su empeño de intentar remar con los brazos, mientras otros sacaban agua. La cascada se acercaba cada vez más, ¿o era la barca que se acercaba a la cascada? En ese momento, poco importaba. El caso es que no podían hacer nada en absoluto. La orilla estaba demasiado alejada y la corriente era tan fuerte que los arrastraría igualmente. Se unieron en el centro de la barca para abrazarse y quedaron inmóviles del terror.

– Estamos acabados.- dijo Joe.

-¡Adiós mundo! – gritó Cris.

Los cuatro comenzaron a gritar cuando fueron engullidos por la cascada. Caían a una velocidad pasmosa y los gritos no cesaron ni un instante mientras lo hacían. Sus gritos se alzaron en eco por las montañas y llegaron a oídos de sus compañeros de tierra firme.

Los tres pararon en seco al escuchar los gritos desesperados de los demás. ¿Sería ya demasiado tarde?

-¿Qué habrá pasado? No quiero ni pensarlo.- dijo Kelly.

– Sabemos lo mismo que tú.- le dijo Ed.- Lo que es lo mismo a nada.

Se alarmaron al ver la cascada más adelante, pero se negaron a siquiera comentar algo referente a la muerte. Bajaron ese tramo con algo de escalada. Al principio, Edgar se mostró algo reticente a bajar, pero no tenía más remedio si no quería acabar solo ahí arriba.

– Bueno, si quieres morirte, quédate.- le dijo Bob.

Se ayudaron entre sí para bajar y vieron la barca bocabajo dando vueltas en el remolino que forma la cascada en la base, donde cae de pleno tras el tremendo salto. Ese tramo del río era más corto y acababa en otra cascada, otra pendiente aún más pendiente para poder bajarla.

– Ahí tienen que estar.- dijo Edgar.

– Tschhhhhhhhhhhhhhh!- mandó a callar Kelly a los chicos y se los llevó para esconderse tras unas rocas grandes. Tras el susto, Kelly les explicó el porqué de aquello.- Nos habíamos olvidado de los asesinos…están ahí enfrente.

– ¿Qué vamos a hacer?- preguntó Bob.

– Aún no lo sé. Dame un minuto, o dos.

Observaron como los dos asesinos venían a buscarles. Kelly estaba segura de que querían matarlos a todos ellos para que no quedara ningún testigo de la masacre del campamento. Los dos psicópatas se acercaron más  y se sentaron justo al otro lado de las rocas dond ellos se encontraban escondidos. Estos casi ni respiraban, pero al menos de momento, no se habían dado cuenta de su presencia. Los niños pudieron escuchar su conversación perfectamente.

– Tenemos que encontrarlos.-dijo Rock.

– Ay, ¿a quién?- preguntó Jerry.

– ¡A los niños, idiota!- le gritó, a la vez que le pegaba con la palma abierta en la nuca del otro. Masticaba un chicle de menta.- No podemos dejar que se nos escapen. No pueden salir de este valle y no pueden andar tan lejos de aquí.

– ¿Quién no puede andar tan lejos?

– ¡Eres un completo imbécil! ¡Vaya compinche de mierda! ¡A los siete niños! A ellos debemos encontrar y matar, ¿recuerdas?- Todo esto se lo dijo a Jerry a gritos al oído.

– Me has hecho daño en mi oreja.- dijo Jerry frotándosela.

– ¡Qué lástima me das! ¡Me das tanta lástima que te metería un tiro en la nuca para que no te tuvieras que quejar más!

– Qué bueno eres, Rock. A veces me sorprendes.- dijo Jerry muy feliz.

– ¡No soy Rock! Soy…bueno, no importa cual sea mi nombre verdadero. Pero nunca seré lo que tu digas. ¿Entiendes eso?

– No del todo…- le contestó el otro con cara de tonto, la única que tiene, pero esta, super-especialmente tonta.

– Si es que eres un idiota. Vamos a seguir con la búsqueda de esos críos asquerosos.- a Bob se le escapó un pedo y los otros dos le miraron aterrorizados. El pequeño puso cara de “no pude evitarlo”.

– ¿Qué ha sido eso?- preguntó Jerry.

Rock también lo había escuchado, por supuesto y se levantó para rodear las rocas. El ruído había venido de ahí atrás. Kelly se levantó y sorprendió a Rock con un puñetazo en toda la cara. Éste quedó, momentáneamente, noqueado en el suelo. Kelly cogió a Bob de la mano y sin avisarle, se tiraron desde lo alto, al río por la segunda cascada. Ed les había seguido, pero se detuvo al ver la altura de la que se habían tirado sus nuevos amigos. Desde arriba, los vio emerger del agua sanos y salvos. Escuchó un ruído y vio a Jerry, que miraba a su jefe tumbado en el suelo y luego a él directamente. Ed pensó que no sería tan difícil distraer a ese tonto.

– Hola. – le dijo.

– Hola. ¿Quién eres? ¿No serás uno de esos niños?- le preguntó Jerry.

– No. Yo soy…soy…

– ¿Quién?

– ¡Soy Macauly Culkin! ¡Estoy de vacaciones!- contestó Ed, sintiéndose más tonto que la persona que tenía delante. (¿De verdad no se me ocurría otra cosa? Estoy muerto desde ya.-pensó)

– ¿Me podrías hacer un autógrafo?- le preguntó Jerry algo nervioso y con una gran sonrisa.

– Eeehm…- Esto si que no lo esperaba.- Por supuesto, ¿tienes papel y bolígrafo?

– Sí, sí, sí. Toma.- y le extendió un papel arrugado con un bolígrafo que se había sacado de la riñonera del año catapúm. Edgar lo cogió y consiguió hacer una falsa firma del actor y se la devolvió. Su mano le temblaba y el esperaba que el idiota no se diera cuenta.

– ¡Gracias! ¿Sabes qué? Mi película favorita es una en la que sales con Elijah Wood…eras un asesino y querías matar a tu hermana, como yo.- Y estalló en risas. Ed sintió escalofríos.

– ¿Como tú?

– Sí, claro. Yo soy un asesino.

– ¿Por qué? ¿A quien has matado?

–  Me han dejado matar a cinco niños. Pues porque sí. Igual que tu mataste a tu hermano y querías matar a tu primo de sangre. Por el mismo motivo. Porque si.

– Aquello es solo una película, ¿no entiendes que es ficción? Bueno, no importa. Yo tengo prisa, me están esperando.- Se dio la vuelta.

– ¡No irás a ningún sitio!- Le gritó Rock, que ya se había levantado y Ed ni se había dado cuenta.Le apuntaba con la pistola a la cabeza.- Vas a dar un último salto. Un “puenting” sin cuerdas, ni arneses, ni sesos.

Edgar estaba aterrorizado, se le heló la sangre. Desde luego que se le quitarían todas las ganas de reírse de un deficiente mental. Sobretodo de los psicopáticos.

Joe estaba sentado con Sara, Cristian y Jim, que después de haber conseguido salir de ese infierno de río., no se explicaban como  habían salido con vida. Se estaban recuperando de la experiencia de haber caído por las dos cascadas. El sol les daba de pleno en la cara y su calor, les ayudaba a secarse rápido. Observando el río, mientras su mente recorría otros derroteros vio de pronto algo moverse en medio.

– ¿Kelly? ¿Bob?- Joe no sabía si era una ilusión óptica o se trataba de algo real.- ¿Son ellos?

– ¿Mi hermano? ¿Dónde?- preguntó Sara, mirando al fluvial, su expresión triste y cansada, se iluminó de emoción.- ¡Son ellos! ¡Sí, son ellos!- La niña se volvió hacia Joe.- ¡Sálvalos, por favor!

Joe no dudó ni un instante en levantarse a la carrera para zambullirse en el agua. Bob y Kelly venían nadando por sí mismos, pero no muy rectos hacia la orilla, por culpa del mareo. Llegó hasta los “náufragos” y les ayudó a salir. Cuando ya los sacó del agua, Sara se lanzó hacia su hermano como una loca y se lo comía a besos. Joe también abrazó a Kelly, pero los otros se quedaron anodadados contemplando la escena. Había una duda que tenían que resolver.

– ¿Dónde está Edgar?- preguntó Joe. La interrogada alzó su mirada brillosa, se echó las manos a la cabeza y contestó.

– No lo sé (tosiendo), pensaba que saltó detrás nuestra, pero no me fijé. De verdad que lo siento. Me pudo el miedo.

– Pero, ¿qué ha pasado?

– Nos hemos encontrado con los asesinos. Están por ahí arriba.- contestó Bob, adelantándose a ella.

– Supongo que lo habrán secuestrado, pero no quiero ni pensarlo. Espero que haya huído por otro lado.- dijo Kelly.

– ¡Mala suerte!- gritó una voz desde lo alto.

Las miradas de los chicos se levantaron a lo alto y se asustaron de lo que vieron. Eran los asesinos. Rock sostenía con su mano izquierda a Edgar por un tobillo, dejándolo colgado al filo del abismo, junto a la cascada. Jerry miraba a los niños, jugaba con su pistola y movía su lengua de un lado a otro por fuera de la boca.

– Lo soltaré.- dijo Rock.

– ¡No, por favor!- suplicaba Ed en el aire y cabizbajo. Desde abajo, los muchachos se unieron a sus súplicas desesperadas.

– ¡Sí lo hará!- gritó Jerry entre risas.- ¡Lo soltará y sus sesos se desparramarán por todos lados!- Rock le miró con un profundo odio. Uno que no pudo guardarse.

– ¡¿Cuántas veces he de decirte que no me interrumpas cuando me estoy divirtiendo?! Ahora tengo que hacer algo diferente y original.

Con estas palabras, un semblante frío y satisfactorio, apuntó a la cara de Edgar (que no pudo más que gritar) y apretó el gatillo. ¡PANG!¡Qué horror! Le voló la cara, la masa gris de Ed salió disparada por detrás de su cabeza que se abrió cual flor salvaje y lo arrojó al vacío.

– ¡No huyáis, pequeños cabrones!- gritó Rock.

Los niños quedaron estupefactos. Pero el susto no se acabó al ver como el cuerpo inerte de cabeza deforme caía al río, sino que enseguida, los locos se pusieron a disparar desde allí arriba. Aterrorizados, huyeron en dirección contraria, lo más lejos posible de las balas. Tenían que luchar por sus vidas. pues desgraciadamente, ya nada más podían hacer por Edgar.

Escrito por Luis M. Sabio

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Desde pequeño me gustan los videojuegos, no soy muy friki, un poco, puedo ser tan friki de los videojuegos como cualquier persona que por ejemplo, cuando su artista favorito de cualquier ambito artistico saca algo nuevo,va corriendo a comprar entradas para conciertos, cine, discos (o descargas “legales”), libros etc…
Pues con los videojuegos a mi me pasa igual, no todos los juegos son para todos los gustos lo que a mi me gusta no tiene que gustarte a ti.
Al principio, con lo primero que jugué, era con un ordenador de mi padre que no se cual sería, pero a mi me fascinaba ver los muñequitos moverse a tu antojo, hacer dibujos.
Después unos vecinos míos tenian una consola negra que dentro tenía como 200 juegos, que eran los mismos 10 juegos con variaciones de color, dificultad, no era la Atari, era una pero falsa y de las salas recreativas  en Almería nos es que hubiera muchas opciones donde elegir.
Hasta que no llegó la navidad del 91 y nos regalaron a mi hermana y a mi una pequeña consola, blanca, con una pantalla verde cuatro botones y una cruceta, era efectivamente la Game Boy,ahí empezó mi verdadero enganche con los videojuegos, desde el Tetris al Supermario Land. Después, pasando por el de Robocop, que a mi me encantaba en las películas y poder jugar como el cuando eres pequeño, pues era un alucine.

Después he tenido otras, la verdad que bastantes: Megadrive, Supernintendo, Playstations,Xbox,la Wii(esta la mas conocida para los neófitos), tambien he tenido para el ordenador pero no es mi ámbito a la hora de jugar pero esto no es un retrospectiva de las consolas.

Aqui voy a tratar de que os enganchéis a juegos que no se si serán del gusto de todo el mundo pero que a mi me han encantado.

FALLOUT 3 (puede contener unos pocos spoiler)

Imaginaros una pelicula ambientada en la tierra dentro de 200 años despues de un holocausto nuclear, en el cual la humanidad ha sobrevivido o bien
dentro de un refugios construidos por el gobierno, o fuera contaminandose, enfrentandote a ladrones, canibales, negreros, mutantes, y mis archienemigas las hormigas de fuego incluso el propio entorno, el Yermo.
Tu eres el protagonista nacido dentro del refugio 101, no has salido nunca del bunker has crecido alli y moriras alli, ahora imagina que tu eres el director de la película, que harias…?

Yo soy cocinero, esto al caso no tiene nada que ver, todo aquel que se dedique a la hosteleria sabra que es un trabajo un poco sacrificado, esta claro que depende del sitio que estes trabajando, pero normalmente es turno partido, en fin muchas horas al dia, libras dias que los demas trabajan, y cuando tienes vacaciones precisamente no es que sean en los meses populares,
asi que poneos en mi situacion, noviembre mi mujer trabajando, mis amigos o estudiando o trabajando y yo con todo el tiempo del mundo durante el dia, asi que me compre un juego del que ya habia oido hablar antes y ,visto videos incluso me parece recordar jugar a su segunda parte
en ordenador

El juego empieza con tu nacimiento, pues decidir tu rostro, peinado, color de ojos, lamenteblemente la madre de nuestro personaje fallece,el juego hace un salto temporal a tus primeros pasos, y es aqui donde tienes que
tomar la decision de como quieres que sea tu personaje, con un libro que se llama YOU ARE SPECIAL, en este librote explican cada punto de SPECIAL que son fuerza,resistencia,percepcion,carisma, inteligencia, agilidad y suerte.
tienes 5 puntos en cada atributo siendo el valor 5 normal,1 lo mas bajo y 10 lo maximo(pero un consejo nunca os pongais nada realmente al diez,despues se puede seguir mejorando) y tienes 5 puntos a repartir entre las habilidades o restar puntos de los atributosno deseados pudiendolos sumar a lo que te interese un ejemplo:

quiero hacer una maquina de matar que lo unico que quiere es ver sangre y destruir el mundo con una tuberia de plomo
le restas puntos por ejemplo a carisma, que la verdad que a un tio que va por hay destrozando craneos, de poco le vale, asi que digamos que lo pones en 3, lo que te da para ponerle a fuerza 2 mas, la percepcion tampoco es que sea muy util para nuestro fontanero le quitas otros 2 y ya tienes 9 puntos en fuerza sin gastar los 5 puntos restantes.
Que quieres hacerte a un cerebrito que piratea ordenadores, abre cerraduras y prefiere el sigilo antes del enfrentamiento directo pues sube la inteligencia y la percepcion.
Y asi todas las variantes que se os ocurra.

Si hasta aqui os ha parecido complicado, entendereis que los juegos no son solo matar marcianitos,podria empezar a decir todas las variantes de personajes pero no creo que tengamos tiempo ni vosotros ni yo.

Sigue pasando el tiempo y ya eres un niño, en esta parte aprenderemos las conversaciones, las respuestas estan preseleccionadas y tu le das a la que mas
os guste, y hay variedad para llevar tu personaje hacia donde quieras, pero cuanto mayor sea el carisma mejor hablas y salen otras respuestas especiales,
el sistema de karma, dividido en bien, mal y neutral, yo os hablare desde el karma negativo que es el que jugué.
Tambien aprendes a disparar con un sistema semiautomatico llamadoVATS muy cinematografico y facil para destruir grupos de saqueadores propiamente atacados con un lanzamisiles atomico, pero eso aun no, en este momento tienes una escopeta de perdigones y de enemigos unas cuantas cucarachas gigantes.
Pasa el tiempo, eres adolescente aprendes que las decisiones tomadas influyen en tu entorno, para bien o para mal, el mundo gira a tu alrededor, haces un examen de aptitud y , casualidades de la vida, segun el examen del juego sali como cocinero del refugio, y fue en ese momento, una absoluta trivialidad, que me enganche.
Cuando te dan el resultado te hacen entrega de un PIPBOY que es una muñequera en la cual puedes escuchar musica, consultar el mapa, gestionar el inventario, pasareis tiempo con el.

Despues cuando te despiertas ya eres mayor de edad y te van a matar, tienes que huir del refugio como sea, en mi caso le quite una pistola a un guardia, le robe sus ropas y me adentre en los oscuros pasillos del bunker sin saber exactamente en quien confiar, me disparan estoy sin municion , corro, me escondo, encuentro una porra de un guardia, me abro paso hasta una salida despues de una pequeña aventura en la cual es basicamente un tutorial para cuando salgas al exterior y te enfrentes al Yermo.

Llego a lo que parece una salida, pero esta sellada, busco la forma de abrirlo y se escucha el engranaje del porton, el polvo caer al moverse y cuando todo ha acabado un pasillo con una puerta de madera y el sol colandose entre los tablones.
Mis posesiones son una escopeta de perdigones, 2 nukacolas un poco de agua un cuchillo, una porra de policia y la ropa, abro la puerta
y la luz me ciega despues de 18 años sin ver el sol, mis ojos no estan acostumbrados a este brillo tan intenso.
veo un barranco me asomo, puedo ver la extension del terreno, ¿que hago?, ¿donde voy?, miro mi brujula y me marca un punto lejano del mapa, Megaton.

Sin ningun otro sitio donde ir fui hacia alli

Aqui os recuerdo que mi karma en el juego es el MAL

Camino a Megaton me fijo que parece que era un fuerte hecho con el fuselaje de un avion destruido,empezo a anochecer y todavia me quedaba camino, encontre una casa al lado de una gasolinera destruida, la casa parecia abandonada, se hacia de noche, que clase de criaturas habra en el yermo cuando se oculte el sol?

Decido entrar y ver si esta abandonada o si su ocupante estaba o no.
Nada mas entrar el olor a alimentos podridos, me indican de que quizas tengo suerte, y no alla nadie,pero la alegria dura poco
una vieja me apunta con una pistola, me dice que como la encontrado, que me manda Moriarty para cobrarse su deuda, quien es Moriarty?
La situacion se relaja, podemos hablar, la mujer coge un cigarro liado a mano, el humo dulzon me da curiosidad, tengo que probarlo.
Hablando con la mujer me dice que era prostituta y que le robo al tal Moriarty el dinero.

En ese momento mi pequeño diablo interior hizo acto de aparicion, mi diablo acabo siendo mucho peor, fui el villano, fui el mas temido y odiado del yermo,
pero fue esa mujer, la que vio nacer a mi demonio, mi madre de sangre, nunca olvidare como se le cayo la cabeza de los hombros al apuñalarla mas de 10 veces(el juego tiene daños localizados puedes cortar brazos, piernas)fueron varias las razones por la que acabe con su vida, era una mujer mayor condenada por una banda de proxenetas, no me gustan que me amenazen,
si la mataba, nadie lo va saber, tendria casa propia, y todas sus posesiones incluidas una cuantas cosas que no se lo que eran jet, psycho, que sera?
este acto de crueldad facilito mi aventura y fue el primer juego en que podias llegar a esos niveles de interaccion, cuando juguecon karma bueno la misma mujer la misma situacion pero yo me ofrezco a pagar su deuda y todo acaba bien sin ningun baño de sangre.

Despues de descansar y recuperar energias me dirijo a Megaton, por el camino a lo lejos veo una patrulla de robots, me acerco un poco
no son robots, son soldados con armaduras, rojas y negras, prefiero huir y no meterme en lios.
Por fin llego a Megatonen la puerta hay un mendigo, pidiendo agua, y un androide dando la bienvenida a los forasteros, algo me deslumbra en lo alto, el sol reflejado en la mira de un rifle de francotirador apuntandome a la cabeza,
la ultima persona que me apunto con un arma, no vio un nuevo dia, pero tu esperaras, amigo.
Al entrar me sorprende el tamaño de la ciudad es mas pequeña de lo que se diria, todo el mundo se para a mirarme, sopesando las probabilidades
de que sea yo quien acabe con sus vidas, tiene una plaza central, dominada por lo que parece una bomba nuclear sin detonar.
Al acercarme mas veo que hay un hombre rezandole a la bomba, son los hijos del atomo, se bendicen con agua radioactiva, prefiero alejarme de la radiacion, no quiero que me salga otra oreja en algun sitio.
Al mirar por mi alrededor un cartel me indica mi destino en esta ciudad, el bar de Moriarty, subo por un autobus acondicionado como escalera y al llegar por la puerta un hombre llamado sr. Burke con sombrero y traje, todo nuevo, me dice que tengo que hablar con el a solas, me produce curiosidad…

Los demonios nos encontramos, somos como el metal con el iman, nos atraemos, este pequeño diablo me ofrece dinero, casa, pero solo
por una pequeña accion, modificar la bomba para detonarla y arrasar Megaton con todas sus gentes.
jajajaja pequeño demonio, no me prives del honor de acabar yo mismo con ellos, no me interesa.
me dice que estara aqui por si cambio de opinion, pero a mi me apetece diversion…

Mi propisito es que este hombre muera, pero una persona tan cobarde como el, no merece mi esfuerzo, en absoluto, seguro que aqui hay gente que no
le gustara saber lo que este tipo, sr. Burke, pretende, me decido empezar buscando a la seguridad local, y efectivamente Megaton tiene Sherif
es un hombre de color, con una gabardina y sombrero raido, pero lo que mas destaca es su espalda decorada con un rifle de caza, me acerco a el, es una persona agradable, me dice que mientras no arme jaleo podre estar en su ciudad, sin problema, de momento.
Le hablo sobre el sr.Burke, se ve que ya lo conocia, trabaja para un tal Tennepenny, pero no sabian sus ridiculas intenciones hasta ahora, vamos a buscarlo al bar de  Moriarty, y sentado en una mesa me mira primero a mi despues al sherif, se levanta muy tranquilamente saca una uzi de detras de la chaqueta, pero no le da tiempo ni siquiera a poner el dedo en el gatillo, mi acompañante es un hombre de muy rapidos reflejos ya tenia el rifle preparado, o a lo mejor el difunto sr Burke ya estaba sentenciado,la cuestion es que un tiro en el estomago a esa distancia es muy espectacular , como una piñata, la unica pena para mi, es que el traje esta destrozado y no lo puedo vender, lastima
pero una uzi y un poco de dinero tambien viene bien.

El sherif se dirije a mi dandome las gracias, que si sigo asi sere un ciudadano de honor de Megaton, incluso me darian una casa si consigo desactivar la bomba, una casa,  el pueblo entero sera mio.

Me despido de el y pregunto por Moriarty a una prostituta, que me ofrece sus servicios, tengo tiempo y el dinero del sr. burke, asi que subimos a una habitacion y me la folle como si el mundo acabara al dia siguiente, una vez acabado me dice que no hace mucho vino alguien con un pipboy en la muñeca al igual que yo que fue a hablar con Moriarty, otra vez Moriarty, ya es hora de buscarlo.
Bajo al bar y voy a la barra atendido por lo que parece ser un hombre desfigurado, Gobb, que extraño personaje huele raro, no tiene nariz, ni parpados y los labios son dos lineas finas que muestran unos cuantos dientes rotos, la piel cenicienta, parece un zombi de las peliculas, yo sere un cabron, pero no juzgo a las personas por su aspecto fisico.

Después de un rato hablando con el se sorprende que no lo haya insultado, y por ese motivo, me indica no solo  donde podia encontrar a su jefe tambien donde guarda sus archivos y caja fuerte, le doy las gracias, prefiero hablar con el, me dirijo al despacho de Moriarty, al entrar lo primero que salta a la vista de este personaje es que no es trigo limpio, me gusta, le pregunto por una persona que hablo con el con el mismo PIPBOY, no vayas tan rápido contesta el, favor por favor.

Me encarga una mision de cobrador de deudas, el destino quiso que yo entrara en esa casa destruida y ejecutara a esa mujer, le doy el dinero y ya estoy listo para recibir la respuesta a mi pregunta.

Esta no me sorprendió, era mi padre el que estuvo hay, pero no solo eso, ambos habíamos estado dos veces allí la primera 18 años antes,  no nací bajo tierra, nací en este mundo desolado, el Yermo, Washington D. C. 

Rivet City es mi siguiente destino, es un camino muy largo,…encontrare a mi padre. Cueste lo que Cueste.

Bueno esto es solo el principio de un gran juego, donde lo que quizás menos importe es la historia principal, el mapa es enorme lleno de edificios, casas, pueblos, cuevas, las ruinas de Washington dc, fabricas y un largo numero de secretos, personajes, montones de objetos para coleccionar, absolutamente todo lo que hay en los escenarios se puede coger, que quieres hacerte una cama decorada con todos los ositos de peluche que encuentres, búscalos y llevatelos.

El juego esta disponible para, ps3, xbox 360 y ordenador, la ultima vez que lo vi a la venta estaba a 9 euros, si podéis jugar dadle una oportunidad, no os defraudara


MARIA DE MIS MARRANAS


Había comenzado el verano y ahí estaba Juan subiendo la calle principal de su pueblo, Tántara, que constaba de unos 220 habitantes aproximádamente. Entre montañas y verdes campos. El muchacho de complexión fuerte, pero delgada, no dejaba de sonreír al móvil que llevaba entre las manos mientras andaba. La mochila negra desgastada con el logo de “Rammstein” en color rojo nunca se la olvidaba poner para salir al tranco de la calle. Ahí guardaba sus cosillas, cómo la PSP y los canutos que había comprado el día anterior.

Juan había cumplido dieciocho años y como estudiante se le podría considerar uno del montón. No sobresalía en ninguna asignatura en especial, pero este curso las había aprobado todas habiendo realizado un sacrificio enorme para el: NO FUMAR PORROS en época de exámenes. Desde luego que había merecido la pena el esfuerzo y estaba loco de contento con todos los mensajes que le llegaban por la red social. Felicitaciones por todas partes. Ahora mismo estaba actualizando su muro, avisando a sus amigos de la red que iba a empezar a trabajar. No hacía ni tres días que empezó las vacaciones y su madre le había conseguido un trabajo para cuidar de los perros de Josefa Blanco, la farmacéutica del pueblo, que se iba dos semanas a Ibiza para despejarse.

Llegó a la puerta de la casa y abrió con la copia de la llave que Josefa le había dado. Montxo y Nemo, los dos pequeños chuchos, se abalanzaron hacia Juan con euforia desmedida. Movían el rabo, le saltaban hasta la cintura y ladraban a modo de saludo.

– ¿Y los niños chicos de la casa? ¿Vamos a la calle?- Dijo Juan y la palabra “calle” era un detonante para que los perros se pusieran más nerviosos aún. Como no quería ser tan malo con ellos, no les hizo esperar. Tras la puerta estaban los ganchos donde colgaban las correas de los perros con sus bolsitas correspondientes para recoger los regalitos marrones que dejaban por ahí. Los sacó a pasear y jugó a tirar la pelota con ellos en un descampado que estaba a solo cinco minutos de allí. Montxo las traía todas, pero Nemo iba más bien a lo suyo.

Después volvió para dejarlos en casa de su dueña, que llevaba viuda tres años. Al quitarles las correas, pensó que era buena idea fumarse un porrito por lo bien que lo había hecho. Se adentró en la casa y entró al salón. Era una decoración bastante austera y tenía muchas figuras de porcelana repartidas por los diferentes muebles. La mochila la dejó caer encima del sofá y se sentó frente al televisor de plasma de cuarenta pulgadas. Cogió el mando y programó la MTV para ver los programas absurdos, pero adictivos a nivel cotilleo, mientras se sacaba los materiales para preparar un cigarrillo de la risa (así denominaba su madre al porro).

Al dar la primera calada, se acordó de la sed que tenía y se levantó para ir a la cocina. Cogió una lata de San Miguel de la nevera y del armario contiguo, una lata de sardinas en tomate, a modo de tapa. Montxo estaba atento a sus movimientos desde la puerta de la cocina. Nemo se quedó frito en el sillón. Antes de cerrar ese armario vio en el estante superior unas aceitunas en conserva y como no llegaba, no se le ocurrió una idea mejor que dejar la cerveza y las sardinas en la encimera para intentar cogerlas poniéndose de puntillas. Ya tuvo mala suerte, pues al retirar el primer bote que alcanzó, los botes que había encima de ese, se cayeron y del susto, Juan se agarró de la leja empeorándo la situación aún más. Todos los botes, latas en conserva y pastas, se estrellaron contra las losas de la cocina con un ruído atronador para el. Montxo salió despavorido y se tumbó junto a Nemo en el salón. Los botes de cristal no sobrevivieron a la caída, las latas se abollaron casi todas y la cocina acabó hecha un asco.

Por un momento se quedó quieto y tras barajar mil opciones en su cabeza, que se podían resumir en dos , trincó la cerveza y las sardinas diciendo:

– Primero me fumo el porro y luego limpio todo esto.- y así fue, pero dos horas más tarde, cuando se despertó de sopetón tumbado en el sofá, por un lenguetazo en la cara por parte de Montxo. Tras limpiar volvió a su casa bastante agotado. ¡Qué buen material se había fumado!

Al siguiente día, su madre lo despertó avisando de que tenía otro posible trabajo para el. Juan abrió los ojos de par en par y miró a su madre desde la cama con cara de susto. No se la esperaba tan encima de el, pero debía ser algo importante para entrar así en su habitación. Ya tenía dieciocho años y necesitaba de cierta intimidad.

– Juanico, esta mañana me he enterado por Pura la frutera, que Paco Navarro necesita a alguien para cuidar su pequeña granja. Dice que ya no tiene fuerzas para dedicarle tiempo y que sólo le quedan sus gorrinos.

– ¿Navarro? ¿El viejo forrao ese?- se incorporó con alegría, pues sabía por oídas que cualquier favor que se le hiciera a ese hombre, se pagaba muy bien. – ¿Y cuántos cerdos tiene? ¿Hay que limpiar toda la casa?

– Dicen que le quedan unas veinte hembras y a la granjilla con darle una primera limpieza general y luego mantenerla, le bastaría. Esto sería para varios meses y te puedes sacar un buen dinerillo para el viaje ese que quieres hacer. También puedes acordarte de tu madre cuando cobres.

Ambos se rieron a carcajada limpia y al acabar, Juan le dio las gracias a su madre por el chismorreo tan suculento. Se duchó bajo el agua fresquita de su ducha cantando “Du Hast”. Comió unas magdalenas con un vaso de leche, cogió su mochila para salir de casa y casi se le olvidan las llaves de la casa de la farmacéutica.

Se dirigió directamente a la casa de Navarro y habló con el sobre las condiciones. En un pueblo tan pequeño, la ventaja es que prácticamente todos conocen a todo el mundo y a él lo había visto crecer. Le gustó que Juan tuviera iniciativa en ir a buscarle, pues la mayoría no le dirigían mucho la palabra por lo arisco que era. El viejo conocía su defecto, pero en su mente franquista, no tenía ninguna intención de cambiarlo para lo que le quedara de vida.

– Muchacho, si haces bien tu trabajo, podrás hacerlo hasta que consiga vender el terreno o se me mueran las marranas.- Juan no pudo aguantar la risa.- Son mis marranas y las tengo un cariño especial. Más que a algunos vecinos y familiares. Ahora, también te digo que como se mueran por tu culpa, perderás el trabajito y un cuarenta por ciento de las ganancias totales. ¿Aceptas el trato, esmirriao?- y le extendió la mano.

– Trato hecho.- contestó Juan, extendiendo su mano para confirmar su acuerdo. Cuidar de unas marranas no podía ser tan difícil, ¿no?

 

Esa misma tarde, Juan y el Sr. Navarro, quedaron en su pequeña granja. Allí le explicó todo lo que necesitaba saber sobre su trabajo. Le mostró el cobertizo donde guardaba la mayoría de las herramientas y utensilios. Las que eran para el arado ni siquiera iba a tocarlas, pero ahí estaban. Pero por supuesto, lo que más le llamó la atención fueron las veinticuatro cerdas que tenía en la pocilga, donde el hedor de la mierda era puro y difícil de olvidar. Incluso a las horas de salir de allí, ese olor se quedaba incrustado en las fosas nasales. Las cerdas estaban bien criadas, algunas más gordas que otras, pero todas bien hermosas. Una de sus obligaciones sería sacarlas a pasear dentro de un cercado para mantenerlas en forma y el se reía por dentro pensando en que eran jamones caminantes. ¿Serían obedientes estas marranas? Ni idea, aún quedaba tiempo para descubrirlo.

Cuando el viejo terminó de darle las instrucciones sobre las tareas que le encomendaba, introdujo su mano en el bolsillo del pantalón y le sacó un juego de llaves que llevaba una oveja naranja como llavero para distinguirlas.

– Aquí tienes, chico. Las llaves de lo que me queda de granja.- Juan las cogió y guardó en el vaquero.- Creo que me he explicado con suficiente claridad sobre todo lo que quiero que hagas aquí. Si te surge alguna duda, puedes llamarme al mismo número que te dí esta mañana. No te molestes en mandarme mensajes. No se abrirlos, contestarlos ni borrarlos.

– Nunca he cuidado de ninguna granja y menos de unas cerdas, pero le prometo, Sr. Navarro, que lo haré lo mejor posible. No le defraudaré.

El Sr. Navarro le miró enarcando la ceja derecha y dejó escapar una sonrisa.

– Espero no haberme equivocado al depositar mi confianza en tí. No sabes cuan importantes son estas marranas para mí. Son las últimas que mi señora crió antes de fallecer. No hará falta que te vuelva a repetir lo que sucederá si a mis animales les pasa algo por tu culpa.

– No, señor. Todo me quedó clarísimo. Más claro que el agua del río del que bebemos para saciar nuestra sed. (Ni el mismo se creyó esta cursilada)

– Bueno, chico, me marcho.- El viejo salió por la puerta principal y Juan se quedó atento para escuchar el arranque del motor del Land Rover. Cuando el sonido del vehículo se perdió en la distancia, lo primero que hizo fue acordarse de su colega Pedro. Le envió un mensaje con la buena nueva del trabajo conseguido y el otro no tardó en contestarle.

CONTINUARÁ…

Escrito por Luis M. Sabio


CALOR


¡Que me aspen si sé lo que pasó! No tengo ni idea, lo juro.

23 de agosto de 2012.

Hoy he tenido turno de mañana en el trabajo. Ser el encargado de la sección de ultramarinos de un gran centro comercial puede resultar agotador, pero claro, cada puesto tiene su propia cruz y hay que llevarla a cuestas con orgullo y ahínco. hay que ser constante y no te puede fallar la memoria (ni la calculadora).

Estar a punto de casarse es como subirse a una montaña rusa por más de un año y todo esto se mezcla con las obligaciones que uno ya lleva a diario. Silvia está muy nerviosa con los preparativos y a falta de dos meses para nuestro enlace, resulta que ahora le tienen que arreglar el vestido elegido porque, por muy supersticiosa que sea, la dieta Dukan le ha funcionado de maravilla. La verdad es que se me ha quedado muy estilizada y le he regañado para que no pierda más peso, no por su vestido, sino por su salud. Que yo la amo y amaré igual, pero cuando la abrace, quiero sentirla. ¡Qué seca se me ha quedado! Ese problema lo arreglaremos con nuestro viaje a Nueva York. Allí hay mucha comida basura y encontraremos el equilibrio. Yo también estoy algo histérico, pero no quiero agobiarla con esas cosillas.

Nunca me he preguntado si ella leerá mi diario, pero si lo hace, sólo verá amor. El amor que siento por ella. Todo mi corazón, relleno de ella y con eso me basta. Siete años de noviazgo es un tiempo en el que conoces bien al otro, pero Silvia siempre consigue sorprenderme.

Llegué a nuestra casa de Aguadulce y me encontré su nota en la nevera (como sabe que me gusta una cervecita al volver de la jornada). Ha salido con su hermana Inés  a comprar unas cosas y a que le tomen las nuevas medidas del vestido, así que tardará en llegar a casa porque su hermana la lía y ella se deja.  Prepararé la cena para cuando llegue y que repose esos pies en alto mientras nos reímos con los vecinos de la tele.

Nunca he querido…¡Vaya! Han tocado al timbre.No puede ser ella tan pronto, que sólo son las 17:30.

25 de agosto de 2012.

No sé ni por dónde empezar, ésto es lo más extraño que me ha pasado en la vida. Aún tiemblo al recordar y ni siquiera sé si quiero hacerlo. Anteayer quién tocó al timbre de casa fue mi prima Irina. Prima política en realidad, pues es la esposa de mi primo Luis, con la que tiene dos hijas preciosas.

Bueno, el caso es que cuando le abrí, me sorprendí en demasía. No solía visitarnos aquí por eso de que da pereza coger el coche y venir desde Almería. Venía llorando y agarrándose de los pelos con tanta fuerza que parecía que iba a arrancárselos. Entró al portal, pero no  entró en casa, se quedaba en la puerta. La invitaba a entrar y ella se negaba. Los nervios se la comían. Le pregunté que qué era lo que pasaba, pues yo me imaginaba algo horrible y esta vez odié mi imaginación hasta tal punto de querer enterrarla a pisotones.

Primero me dijo que tenía mucha prisa y luego que alguien se había llevado a sus niñas mientras estaban en el parque que hay junto a su urbanización. Me quedé muerto. Pero mis preguntas ininteligibles de descifrar se unían a su desesperación de querer explicar algo que yo no entendía.

Me dijo que quienes se las llevaron, me querían a mí. Que tenía que irme con ella y que no podía hablar con su marido, ni la policía, ni  con nadie más que conmigo. Que no le dieron explicaciones de por qué a mí, pero que si no lo hacía, jamás volvería a ver a sus hijas. Sin pensarlo, cogí las llaves de casa y seguí a mi prima hasta la calle. Del móvil me acordé más tarde…

A partir de ahí, no tengo claro que me sea fácil volver a conciliar el sueño. Corría tras ella hacia la calle y se dirigió a una furgoneta blanca que tenía los cristales tintados. Irina abrió la puerta lateral, que era de estas correderas y se dio la vuelta para indicarme que entrara tras ella. Su cara seguía desencajada mientras subía y yo, sin dudar, entré tras ella  y la puerta se cerró automáticamente. El susto que me dí fue épico.

Por fuera, la furgoneta parecía estar limpia, pero por dentro era un estercolero. No había asientos,la cabina del conductor y copiloto no se podían ver, pues estaba sellada. El suelo metálico estaba sucio, lleno de tierra, arena y otras porquerías. En el techo había unas barras transversales de dónde colgaban algunos ganchos y dos o tres huesos de jamón con moscas. El olor era petulante y horroroso, pero en ese instante me acuciaban otros problemas más grandes y me senté de culo al lado de mi prima cuando arrancaron la furgoneta de golpe.

Casi me gano una hostia de Irina, pues entre su nerviosismo y el mío disparándola con preguntas que no podía ni sabía contestar, le estaba dando un síncope como mínimo. En resumen, no sabíamos a dónde íbamos. Más bien a dónde nos llevaban, era un sin vivir el no saberlo y desconocer el estado de mis sobrinas. Pero, ¿qué querían de mí esa gente? Eso me estaba matando y cuando fui a echar mano del móvil, me dí cuenta de que lo había olvidado. Silvia quedaría preocupada si no estaba en casa  al regresar de las compras. Tampoco tendría forma de localizarme. Nos estaban secuestrando “voluntariamente”.

Después de casi una hora de viaje aguantando baches y curvas, el calor se estaba haciendo insoportable. Aquello era peor que un tíovivo escacharrado que no pudiera detenerse. Algunas veces, las curvas eran tan pronunciadas, que nos golpeábamos contra las paredes del coche y entre nosotros mismos. Ayudé a mi prima a levantarse con dificultad, para agarrarnos de las barras metálicas del techo. Jamás había pasado tanta sed en mi vida. Irina parecía estar a punto de desmayarse, pero yo la sostenía con mi brazo derecho mientras me agarraba a una de las barras con la otra.

El caso es que no recuerdo nada más de ese viaje tan agobiante. Lo siguiente fue encontrarme en una habitación de hormigón, atado con cadenas a la pared, el suelo completo de arena y completamente desnudo. Irina estaba en mi misma situación, pero en la pared de mi izquierda. Por un momento recordé aquella película tan terrorífica en la que salía una marioneta por una pantalla invitándoles a participar en un macabro juego sin tener otras opciones.

Llamé a mi prima mil veces hasta casi quedarme sin voz. Pedí auxilio y preguntaba con el poco aire que había: “¿Qué queréis de mí? “”Dejad que ella se marche con las niñas”, pero no obtenía respuesta alguna. Lo intentaba todo; tirar de la cadena, golpearla con mis pies desnudos hasta ensangrentarme con los grilletes que tenía puestos en mis muñecas y tobillos. No alcanzaba a llegar hasta Irina, pero al menos se movía al son de una respiración. Estaba viva.

En uno de los momentos, creo que perdí el conocimento, pues desperté sobresaltado con un sonido familiar. Miré a mi alrededor y frente a mí había una pequeña ventana. No era posible lo que mis oídos escuchaban. Miré a mi izquierda y mi prima ya no estaba. ¿Qué estaba pasando? Me levanté con mucho esfuerzo, pues estaba agotado, el sudor me corría por todo el cuerpo y la arena se me pegaba por todas partes. Y se metía por donde se le antojaba, claro. Incómodo al máximo y mi garganta estaba más seca que un desierto en pleno verano. ¡Qué sed, por favor! Me intentaba apartar el flequillo de la cara y me la llenaba de arena. Conseguí llegar hasta la mitad de aquella habitación, un zulo especial, diría yo. El sonido familiar no dejaba de oírse, así que no era producto de mi imaginación, ¿o sí?

A duras penas pude ver por esa pequeña ventanilla, una cocina antigua y a una señora haciendo un puchero mientras cantaba “Fumando espero”. Esa señora era mi abuela…mi abuela muerta desde hacía cinco años. Quedé estupefacto, pero mi voz cambiada la llamaba pidiendo auxilio. No podía ser real, pero tenía que intentarlo. Al agacharme para coger arena y lanzar un poco hacia el cristal para llamar su atención fue todo cuanto se me ocurrió. Al hacerlo, ví que tenía el brazo lleno de agujeritos. Me habían pinchado y el otro brazo estaba igual. ¿Qué estaban haciendo conmigo? Quizás me estaban drogando, pero aún no lo sé y mi abuela seguía cocinando alegremente sin percatarse de mí.

Por lo visto, volví a dormirme…o a desmayarme. Tenía un hambre y una sed terribles. Mi abuela había dejado de cantar. El calor se estaba haciendo cada vez más insoportable.  Pensé seriamente en arrancarme una  muñeca a mordiscos para soltarme, pero pensé en que luego no podría hacer nada más para poder liberarme. No había puertas, sólo esa ventana pequeña, un cuadrado enrejado en el techo y un agujerito en la pared derecha. Antes de percatarme de él por el haz de luz que dejaba entrar, alumbrando el lugar donde antes estuvo Irina…mi cuerpo se descompuso y prefiero no entrar en detalles. Sólo de recordarlo, me vuelven las arcadas por el olor tan peculiar que provoqué y ni siquiera yo mismo me podía limpiar. La puta arena seguía pegándose aún más a mi cuerpo y yo mismo me recordaba ya a los huesos de jamón que había colgados en la furgoneta: Echando peste y lleno de moscas. No sabía cuanto tiempo llevaba allí, pero parecía toda una vida. ¿Estaría muerto y no me habían informado aún?

Eché un vistazo por aquel agujerito de la pared y parecía un poblado del oeste en mitad del desierto almeriense. ¿Estaba en Tabernas? Podía ver la fachada del Saloon con el bebedero para caballos en la entrada. De pronto, aparecieron una joven pareja al lado de un poste. Yo grité pidiendo ayuda, pero ellos debieron de asustarse, pues mi grito parecía más bien un rugido de palabras inconexas y sin sentido. Miraron a su alrededor y la chica parecía decirle algo al muchacho. Con las mismas, éstos volvieron a desaparecer…

Tenía que ser la sed. Estaba delirando, pues no encuentro otra explicación a esto. La siguiente vez que desperté,fue por culpa de una ola. Me encontré en la orilla de la  playa de El Mónsul. Me metí en el agua para refrescarme un poco. Para volver a casa, pasé toda una odisea, pero conseguí una toalla prestada por unos turistas y me acerqué andando hasta el pueblo de San José. En un chiringuito, me dejaron hacer una llamada y lo hice. Llamé a Silvia, que vino a por mí. Decía que llevaba más de veinticuatro horas fuera.  A mi me parecieron muchas, muchas más.

Me llevó a urgencias, pues Silvia me decía que tenía heridas hasta por las espaldas y allí no supieron decirme de qué se trataba exactamente. Le pedí el móvil a mi futura esposa para llamar a mi prima, para saber como estaban ella y sus hijas. Cuando me contestó que estaban muy bien y me dio las gracias por llamar después de tanto tiempo, me quedé de piedra. Le pregunté si no había venido ella a mi casa hace unos días y me dijo que yo me había fumado algo. Que no nos veíamos de hacía por lo menos dos semanas en casa de mi tía. Su suegra, vamos. Cuando colgué, no supe reaccionar y Silvia me trajo como si fuera yo un zombi a casa.

Me he hinchado de comer y beber todo lo que se me ha antojado. He arrasado con la nevera y me he puesto con mi diario personal…pero esto no puedo contárselo a nadie. Al fin y al cabo, mi prima está bien, mis sobrinas también y yo…bueno, yo sigo vivo.

No volveré a hablar de esto con nadie, pero tras hablar con Irina por teléfono, cada vez que Silvia me pregunte por lo que pasó le diré:

¡Que me aspen si sé lo que pasó! No tengo ni idea, lo juro.

>>>>FIN<<<<

Escrito por Luis M. Sabio