Matando moscas con el rabo

HISTORIETAS

REPLICANTE: PARTE 9


” ¿Puedo ofrecerte un consejo? Lo que te he dicho aquí respecto a la conspiración entre los de arriba y los de abajo tal vez deberías guardártelo para ti. Sus agentes están por todas partes y estoy seguro de que sus medios para rastrear a los herejes y a los impíos son más poderosos que nunca. Es más prudente que no cuentes a nadie lo que sabes, confía en mí. O, si no confías en mí, al menos confía en tu instinto. Ve con cuidado por los lugares oscuros y no te fíes de nadie que te prometa el perdón del Señor o un lugar asegurado en el Paraíso.”

Extracto del libro “Demonio de Libro” de Clive Barker.

UN LUGAR ESPECIAL.

Sandra y Dani ya se estaban agobiando de tantos tumbos que daban con aquella esfera voladora. No conseguían ver nada en concreto por culpa de la velocidad que llevaban, así que cada uno pensaba en sus asuntos y apenas hablaban. Tampoco es que la esfera fuera una suite, pues el espacio era mínimo.La desesperación y el cansancio se denotaba en sus caras.

Dani se movió, llamando así la atención de Sandra, que no dejaba de observarle (¿Qué otra cosa podría hacer allí encerrada?) y este comenzó a palpar las ¨paredes” cóncavas de la esfera. Cuando lo hizo en el lado derecho, una pequeña pantalla con teclas táctiles apareció como por arte de magia. Dani apartó la mano, pues no se lo esperaba para nada en absoluto. Bien fuera por curiosidad o aburrimiento, Sandra no pudo mantenerse callada.

– ¿Qué te crees que estás haciendo? Esa tía nos dijo que no tocaramos nada y vas tu y lo haces.- le regañó. Pero el no le hacía caso. Estaba más pendiente de las palabras que aparecían en esa pantalla.

– ¿PM? ¿Supreme? ¿Gea-Zero?¿Qué querrá decir todo esto?-se preguntaba en voz alta- ¿Extinción humana?

– Eso último si lo entiendo y no me gusta nada. Deja de tocar eso, que la vas a liar y nos meterás en más problemas. Es lo último que necesitamos ahora.

Dani hizo caso omiso y pulsó sobre la opción PM. Se arrepintió de hacerlo, pues la esfera se paró en seco (pudieron ver las nubes por un pequeño instante) y entonces fue cuando cayeron a una velocidad de vértigo. Sus gritos no iban a ningún sitio, pero sentían que ya todo estaba perdido, que su muerte era inminente y cerraron los ojos.

Por suerte, la bola se detuvo a un palmo del suelo y se abrió, lentamente. Sandra se puso en pie y ayudó a Dani a levantarse, dejando que su hombro le sirviera de apoyo para poder mantener el equilibrio. Miraron a su alrededor. Estaban en medio de un poblado en un desierto, que les sonaba familiar. El calor típico del mediodía era terrible.

– ¿Dónde coño estamos?- preguntó Sandra.

– No estoy seguro, pero el caso es que creo que he estado aquí antes. ¿Es Tabernas? Creo que es un poblado de esos del oeste para los rodajes de cine. Lo que no entiendo es qué tiene que ver todo esto con el follón en el que estamos metidos. Robots del futuro, bolas voladoras, ahora esto. Creo que voy a volverme más loco de lo que ya estoy.- dijo Dani.

– Este sitio me da mala espina, escucha.

– No se oye nada.

– Pues eso.- le replicó Sandra.- Tengo un mal rollo en el cuerpo que no puedo con él.- Se dobló de pronto sobre sí misma y vomitó.- Joder, qué asco. No me había dado ni cuenta de la angustia que tenía. Haz algo rápido, que me quiero largar de aquí enseguida.- Este se sacó una pulsera del bolsillo y se la enseñó a Sandra

– ¿Qué es eso? ¿Una pulsera hippy? Déjate de tonterías y de bromas. El cachondo del grupo era Pablo. ¿Vas a ocupar ahora su lugar?

– No. Esta pulsera es la que puede controlar la esfera. Me la dio esa chica robot que nos salvó.

– Pues pulsa. ¿A qué esperas? Éste lugar me produce escalofríos.

Dani lo hizo y volvieron a estar cubiertos por la esfera. La pantalla seguía encendida y el se puso a investigar un poco. Tras dos minutos intensos, con Sandra respirando en su nuca, vio una opción clara. VOLVER A DESTINO ANTERIOR.

– ¡Genial!- exclamó Dani y pulsó.

La esfera volvió a despegar a una velocidad supersónica, desapareciendo aquel desierto de su vista en milésimas de segundos. Tras acurrucarse y quedarse dormidos un largo rato, la esfera se detuvo al mismo tiempo que se abría. Habían llegado a su destino y abrieron los ojos en mitad de lo que parecía una oficina acristalada. Ambos se pusieron en pie y Sandra ayudó a Dani para sentarse en una de esas sillas-puff con ruedas, que jamás había visto antes. Había pantallas de ordenador por doquier. Una mesa blanca alargada llena de trastos y una taza de café humeante en la otra punta. La luz azulada de la habitación les impactó muchísimo y se sintieron intimidados.

– ¿Esto que es? Parece una habitación futurista.- dijo Sandra, tocándose la barriga.

– Creo que es justamente eso.-contestó el.

Los dos se asustaron cuando de repente, al fondo, una puerta se abrió (desde arriba a abajo) y dejó pasar a una mujer bien entrada en la edad adulta. Traía una bandeja con una jarra de leche y pan. Dani se echó un poco hacia atrás con la cómoda silla, pero Sandra quedó también algo perpleja, mirándola boquiabierta. No era posible, si se parecía a…

– Aah!, hola.- dijo la mujer.- Os llevaba ya un tiempo esperando.- dejó la bandeja encima de la mesa, junto al café.- Estábais tardando demasiado y me he puesto a desayunar por cuarta vez.- Les dedicó una agradable sonrisa, pero los chicos no se fiaban de ella ni del lugar en el que se encontraban.

– ¿Dónde estamos y quién es usted?- preguntó Sandra.

– Relajaos. Poneos cómodos, que tenemos tiempo para conversar y muy poco para que lo asimiléis.

La mujer rodeó la mesa por el lado contrario en el que ellos estaban. No le quitaban el ojo de encima y vieron como la señora activó un botón en el lateral de la pared que tenía ella delante. Una especie de persiana se levantaba y dejaba pasar la luz solar de la mañana. Pero, ¿qué era aquello? Sandra se acercó para asomarse y Dani se arrastró con la silla para verlo más de cerca. Era Almería, desde luego, pero estaba destrozada. Edificios enteros derruidos y unos cubos gigantes plateados flotando en el aire. Era una imagen abstracta de la ciudad. Las carreteras estaban agrietadas y levantadas. Veían algunas figuras que salían volando de esos cubos. ¿Este es el futuro que nos espera? No podía ser posible, pensaron ambos.

– Bienvenidos al 2058. Me llamo María y tengo muchas cosas que contaros.- Los dos la miraron con inquietud y escepticismo. La señora que se había presentado como María, les dedicó una amplia sonrisa.- Creedme que os entiendo. Al principio a mí me costó aceptarlo, pero he visto y he aprendido muchas cosas durante este tiempo.

Sandra apoyó sus manos y su frente contra el gran ventanal, observando el futuro convertido en su presente. Parecía tan irreal, aún teniéndolo delante de sus propios ojos.

– ¿Qué son esos cubos que flotan?- preguntó.

– Son captadores de energía solar, que la transforman en Energía-V. Por decirlo de una manera que lo comprendas, es donde los robots se recargan la batería. Lo único que necesitan para seguir en funcionamiento.

– ¿Y dónde está la gente? No pasan coches ni nada. – preguntó Dani, mientras se ponía al lado de Sandra para observar aquello.- ¿Esto es…bueno, era el Centro Comercial Mediterráneo? Dios mío, no hay nada más que edificios destruidos y cubos flotantes.

– Los únicos humanos que existen, están ahora mismo en esta habitación. Es un laboratorio que pertenece a un droide llamado Leafar, pero también es mi taller. Este es el espacio en el que AX-7 me escondió, porque le dí pena o porque se apiadó de la raza humana. Os habréis dado cuenta de que AX-7 es un modelo creado a partir de mi persona, pero eso para mí, pasó hace muchos años.

– La humanidad extinguida…es inconcebible.- decía Sandra.- Siento que me estoy mareando un poco.- se dio la vuelta y se apoyó en la mesa tan alargada de color blanco. Miró a María con angustia.- ¿Tendrías un poco de agua?

No hizo falta que María la contestase, pues en la mesa, se abrió un hueco de donde se elevó una bandeja con un vaso y una jarra llena de agua. Sandra, perpleja, miró a la señora. Ésta reía.

– Esto forma parte del futuro. La mesa la diseñé a mi gusto.- Miró a Dani.- Por cierto, no he podido evitar fijarme en que te falta un pie, eso lo podría arreglar.- Dani frunció el cejo en su dirección.

– ¿Cómo? Si no habrá médicos. No hacen falta aquí.- y se tocó el muñón.

– Mientras esperamos a los demás, nos podemos poner a ello. Tendrás un pie biónico, pero eso es mejor que nada. Después seguiré contestando a vuestras preguntas.

Dani volvió su vista hacia Sandra y de nuevo a la mujer.

– Gracias, ¿de verdad podrías hacer eso? ¡Genial!

– Por supuesto que puedo. Ven conmigo y elegiremos el pie adecuado para tí.

Sandra vio como Dani se arrastraba con su silla tras María hasta la habitación del fondo. Suponía que era el taller que había mencionado, pero su instinto de mujer le decía que había algo extraño en su nueva protectora y no se fiaba ni un pelo. Además, su dolor de estómago había aumentado y unido a una jaqueca horrible. Buscó con la mirada por todos lados y junto a ella encontró una papelera. Volvió a vomitar allí mismo, sólo bilis, pues nada de lo que había comido las últimas horas quedaba en ella.

UNA LUCHA ROBÓTICA.

Joaquín estaba desolado. Su novia había desaparecido ante sus ojos y no sabía cuando ni dónde podría volver a verla. La noche estaba siendo la más oscura y larga de su existencia. En aquel momento era el único pensamiento que ocupaba su mente, pero AX-7 tenía que hacerle volver al mundo real. La pesadilla real que estaba viviendo en aquel bosque.

En el bosque, las pisadas de aquel árbol viviente de gran boca negra y sin ojos, se acercaban cada vez más. No había más tiempo para darle vueltas a los sentimientos. Más que nada, se trataba de vivir o morir.

– Joaquín, tienes que subir a ese árbol inmediatamente- le ordenó AX-7, a la vez que comprobaba la recámara de su arma. Estaba cargada de suficiente Energía- V y lista para ser usada. Ella también estaba preparada.

– ¿A ese árbol? ¡Buf!-  Dijo Joaquín, pero al ver que AX-7 no le prestaba atención, se dispuso a subir a ese árbol tan alto. No le apetecía volver a caer en las ramas del otro árbol. Instinto de supervivencia lo suelen llamar.

Cuando ya se encontró a una altura considerable; unos tres metros, se sentó en una de las ramas más gruesas. Esperaba que desde allí aquella criatura no le viera. Si eso sucedía, podría despedirse de este mundo y de la posiblidad de poder volver a ver a Sandra. Observó la figura de     AX-7, apenas visible desde allí arriba, pero conseguía verla de espaldas, lista para el ataque de defensa. Su cabello ondeó con la leve brisa, la cual se disipó en cuanto aquella cosa se apareció ante ella derribando árboles a su paso.

Permaneció quieta. Esperaba que su oponente la atacara primero. A Joaquín se le heló la sangre. Deseaba gritarle que a qué esperaba, pero esa acción delataría su posición y  eso no resultaba ser una buena opción.

Ese árbol tan enorme abrió sus fauces y arrojó su lengua afilada contra AX-7 cual látigo, pero esta la esquivó con una simple voltereta hacia atrás y disparando contra la bestia. Unas cuantas ramas y hojas se separaron del resto. Unas se convertían en luciérnagas verdosas y brillantes que salían volando, otras se apagaban cayendo al suelo.

Aquello debió de enojar al ser de sobremanera, pues comenzó a rugir y a lanzar sus largas ramas elásticas contra ella como si hubiese enloquecido, peroella  las esquivaba todas con unos saltos impresionantes. Imposibles en un ser humano. Además, por cada golpe fallido, ella aprovechaba para arrancarle  dos o tres ramas más. Parecía un circo de luces verdes volando por todas partes. En uno de esos saltos, se subió hasta la copa, se agarró a ella y empezó a dar vueltas horizontales como una gimnasta, pero a una velocidad demencial. La retorció y arrancó de cuajo, con la diferencia que no eran astillas lo que desprendía. Ella aterrizó de pie sin problemas. Su calma era absoluta.

La bestia golpeaba con todas sus fuerzas, pero ella era demasiado rápida. Volvió a escupir su afilada lengua y AX-7 la cogió, sin cortarse, con las dos manos. El arma se la había enfundado al muslo derecho. Con la lengua en su poder, corrió alrededor del maldito árbol tantas veces, que a este, no le dió tiempo para reaccionar. Quedó atrapado por su propia extensión bucal.

Los rugidos se volvieron más guturales, pero AX-7 no dejaba de rodearlo dando vueltas también por arriba y abajo. Finalmente salió corriendo en dirección a Joaquín tirando aún más fuerte de esa lengua. Ésto hizo que la lengua se aprisonara más contra varios puntos del tronco del monstruo, como si su lengua fuese una boa constrictora. El último tirón hizo que la bestia quedara cortada en tronquitos. Desde luego que habría sido un buen método de enseñanza a un futuro leñador. Rápido e indoloro, por decirlo de alguna forma.

– Chúpate esa, hijo de puta.- dijo Joaquín.

Los pedacitos caían aún, convirtiendose algunas en luciérnagas brillantes, cuando AX-7 se dio la vuelta para volver con el humano , vio como muchas de esas luces se arremolinaban ante ella tomando forma. Una forma humana, hasta convertirse en una copia exacta de Erika con su simpático abrigo fucsia, abotonada de “Smileys”. Ésta miró hacia AX-7 dedicando una malévola sonrisa.

No esperó esta vez y  disparó a la enemiga. La nueva Erika extendió su mano a tiempo para crear una barrera invisible. Un escudo para repeler el láser-V.  AX-7 tuvo incluso que agacharse y tirarse por el suelo para no ser alcanzada por sus propios tiros que le estaban siendo devueltos.

“Erika” corrió hacia el árbol donde estaba subido Joaquín y cuando se encontró a escasos metros del mismo, expulsó su lengua talándolo desde la base. El árbol comenzó a inclinarse y se dejó llevar por la ley de la gravedad, Joaquín gritó. Antes de caer al suelo, saltó y cayó rodando. Los golpes le provocaron dolores en las piernas y el costado, pero al menos estaba bien. Con las mismas, se puso en pie y corrió, desapareciendo en la oscuridad y de la vista de AX-7, que se dispuso a atacar a la androide que perseguía a Joaquín.

Al llegar hasta ella, la nueva Erika la sorprendió. Estando de espaldas,  su pierna se dobló hacia atrás, totalmente recta y le dio una patada en los bajos que la lanzó bien lejos. Justo al golpear el suelo, la otra pegó un salto tremendo y quedó encima de ella, agarrando a AX-7 por los brazos. Dejó salir su lengua viperina para atacar su cabeza, pero sus reflejos eran un don que le venían de fábrica y esos lenguetazos punzantes fueron esquivados tres o cuatro veces seguidas. AX-7 le propinó un cabezazo en toda la cara de la otra, la dejó aturdida por la sorpresa por un segundo. Segundo que ella aprovechó para trincarla de los pelos y volearla, cual muñequita, cinco metros más allá. “Erika” fué chocando con varios árboles que iba derribando a su paso, pero nada mas tocar el suelo, volvió al ataque contra AX-7 que también estaba yendo ya a por ella a la carrera.

Cuando se alcanzaron, no dejaban de propinarse puñetazos. AX-7 dio un salto impresionante por encima de los árboles más altos. Pero eso no detuvo a “Erika”, que voló hacia ella y siguió con los puñetazos, atacando de nuevo con su lengua afilada. El puño de AX-7 se incrustó en la cabeza de la otra, chapándola un poco en esa zona. Le sacó un ojo, pero aquello no parecía amedrentarla ni un ápice. Ambas alcanzaron el suelo nuevamente y cuando volvió su vista hacia su contrincante (tan mona ella con su abrigo fucsia), vio que de nuevo tenía su ojo y su cabeza bien formada. Ahora su sonrisa y sus ojos se iluminaron de un verde brillante.

– Mierda de nanobots. ¡Acabaré con vosotros, maldita sea!- le gritó a su rival. Desenfundó su extraña arma de color blanco con rayas verdes fluorescentes. Al mismo tiempo, “Erika” dejó salir su lengua y con ella rodeó el brazo de AX-7 que llevaba el arma. Sus reflejos le fallaron esta vez, pero no lo suficiente, se cambió el arma de mano y disparó un rayo de luz tan potente que provocaba incluso espirales luminosas hasta llegar a su agresora. Pero antes de ser alcanzada, “Erika” apretó y tiró bien fuerte con su lengua, consiguiendo arrancarle el brazo de cuajo.

La brillante sonrisa de “Erika” se desintegró junto al resto de su cuerpo, convirtiendose en pequeñas luciérnagas brillosas que se apagaban, fué como una explosión de su cuerpo. AX-7 se miró su brazo cercenado, por donde asomaban unos cablecillos que echaban chispas y apuntaba hacia el lugar donde antes estaba esa bicharraca mala. Abandonó su brazo y fue en busca de Joaquín, pero unos sonidos extraños que provenían a sus espaldas la hicieron detenerse para ponerse a cubierto.

El arma ya no la guardaba, la sostenía con su mano izquierda, la única que le quedaba de momento y quedó agazapada, observando lo que se creaba ante ella. No sabía en que se convertirían todas aquellas pequeñas luciérnagas que se unían, convergiendo en el aire, pero iba a ser algo enorme y tratándose de nanobots, seguro que monstruoso. No se equivocaba en absoluto. Una bestia de casi cinco metros de altura. Cabeza grande con unos dientes como cuchillos. Una fila de ojos grandes y verdes fluorescentes que podrían observar 360º a su alrededor. Tenía dos brazos con unas tremendas garras, siete piernas con forma de raíces que se clavaban en la tierra y salían de un cuerpo deforme, mezcla de madera y musgo. La espalda, además de tener cientos de orejas de conejos, era peluda, del color del cabello de Erika (su cabeza inerte colgaba del lado derecho del cuello), al igual que su barbilla. Por si faltaba poco, aquella criatura comenzó a rugir y sacó, dejando ver, su triple lengua afilada y gigante. Sería difícil acabar con esa monstruosa mezcla nanobótica (de árboles, conejos y Erika) sin la ayuda que esperaba, pero AX-7 miró su brazo ausente, empuñó el arma y salió en su busca.

– ¡Ey, Arbericon! -así fue como llamó al monstruo- ¡Estoy aquí! ¡Ven si te atreves!

El Arbericon dirigió cinco de sus ojos hacia ella y atacó con sus tres lenguas afiladas. El primer disparo de AX-7 le arrancó dos de ellas, pero enseguida volvieron a formarse. AX-7 estaba más segura que nunca que necesitaría el arma secreta que le encomendó traer a AX-8. Ella sola no tendría posibilidades y ahí lo vio más claro, pero lucharía hasta el final dando lo mejor de sí misma. Se lanzó hacia el Arbericon dando un gran salto y disparando a la vez. La bestia esquivó esos tiros e intentó atraparla hundiendo sus piernas-raíces bajo tierra y atacándola desde atrás y de frente. Las raíces eran tan elásticas como sus lenguas, con una increíble fuerza, la agarró con una de ellas, pero se zafó arrancando la raíz que la había sorprendido desde atrás. También intentó aplastarla con sus enormes zarpas con garras delanteras, pero con una voltereta hacia atrás, justo a tiempo consiguió eludirlas.

AX-7 se incorporó y algo detrás del Arbericon llamó su atención. Si fuese humana, diría que se trataba de una expresión entre alegría y esperanza. Era un vórtice que se estaba formando y abriendo para ejecutar su plan, al que había bautizado como MARI-AX.  Su compañero AX-8 había llegado con su invitada especial y ahora era el momento en el que había que darlo todo. El combate no había hecho más que empezar…

Joaquín corría exhausto a través de la oscuridad del bosque y sentía como algo le perseguía, pero las pocas veces que volvía la vista atrás, para no estamparse contra algún árbol (ni tropezarse con obstáculos indeseados), no conseguía ver de que se trataba.Tampoco es que quisiera descubrirlo. De pronto, se encontró delante de un río que debía de atravesar. El Horcajo no es que fuera un río inmenso, pero le pareció una putada muy grande, pues no se fiaba ni del agua ya. Tras de sí escuchó unos ruídos y al volver la vista, vio a la luz de la luna, a unos conejitos como los que habían matado a Eva, pero esta vez les acompañaban otras criaturas del bosque. Consiguió distinguir zorros, tejones, linces, víboras, jabalíes e incluso, gatos y cabras montesas. Como escarpias se le pusieron los pelos. Dejó de mirar a los animales y se metió en el agua. ¡Qué fría! Lo peor es que delante de el, al otro lado del río, también se congregaban más de esos animalitos. No se metían en el agua, pero Joaquín se vio atrapado sin salida. Le castañeaban los dientes cuando algo le mordió la pierna, llevándose un buen trozo de regalo.

– ¡Aaaah! ¿Pero qué…?

Ese algo lo hundió en el río, creía que se ahogaba. El pánico se apoderaba de su ser y el intentaba por todos los medios salir a la superficie para respirar. Allí no había pirañas, ¿qué sería aquello? Se llevó otro bocado en el costado y esa herida le dolió aún más. Joaquín gritó, casi asfixiado al asomar su cabeza para respirar. Pudo ver como saltaban los peces que le atacaban a su alrededor. ¡Eran truchas!  El Horcajo se vio teñido de rojo sangre.

– ¡Joder! ¡Os convertís en cualquier cosa! ¿Qué es lo que queréis? ¡Lo haré, pero no me matéis!

Sus esperanzas de ser salvado por AX-7, desaparecieron a la vez que las truchas, con una fuerza descomunal, le propinaron unos aletazos que lo lanzaron fuera del agua, a unos tres metros de altura. Un pequeño grito le dio tiempo a dar, antes de que un búho bien grande lo trincara con sus garras en el aire, clavándose como púas en los hombros. Joaquín pataleaba inútilmente en el aire. Entonces unos mirlos se le acercaron en bandada y le sacaron de cuajo el ojo izquierdo, le picaron por todo el torso y  la cara. Cada nuevo dolor le parecía más horrible que el anterior. Ahí entendió que iba a morir y antes de creer desvanecerse pronunció sus últimas palabras, aún sabiendo que nadie iba a poder escucharlas.

– Estés donde estés. Te quiero, Sandra. Perdóname.

Otro búho llegó y clavó su pico en la barriga del muchacho, pilló su intestino delgado  y tiró de el.Los mirlos y los otros búhos que llegaron , se peleaban por ver quienes sacaban más entrañas de su interior. La sangre chorreaba a borbotones y eso aún lo pudo sentir; causándole una tremenda impresión, verlo con el ojo que le quedaba. El búho que lo mantenía, incomprensiblemente, en el aire, lo soltó, yendo a caer entre las otras bestias de la fauna transformada de Trévelez. Al estrellarse contra el suelo, se partió el costado y la pierna derecha. Sus propias tripas le cayeron encima. Joaquín murió, pero esos animalitos no tuvieron suficiente y se dedicaron a destrozar cada célula de su cuerpo.

Escrito por Luis M. Sabio

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MARIA DE MIS MARRANAS


Había comenzado el verano y ahí estaba Juan subiendo la calle principal de su pueblo, Tántara, que constaba de unos 220 habitantes aproximádamente. Entre montañas y verdes campos. El muchacho de complexión fuerte, pero delgada, no dejaba de sonreír al móvil que llevaba entre las manos mientras andaba. La mochila negra desgastada con el logo de “Rammstein” en color rojo nunca se la olvidaba poner para salir al tranco de la calle. Ahí guardaba sus cosillas, cómo la PSP y los canutos que había comprado el día anterior.

Juan había cumplido dieciocho años y como estudiante se le podría considerar uno del montón. No sobresalía en ninguna asignatura en especial, pero este curso las había aprobado todas habiendo realizado un sacrificio enorme para el: NO FUMAR PORROS en época de exámenes. Desde luego que había merecido la pena el esfuerzo y estaba loco de contento con todos los mensajes que le llegaban por la red social. Felicitaciones por todas partes. Ahora mismo estaba actualizando su muro, avisando a sus amigos de la red que iba a empezar a trabajar. No hacía ni tres días que empezó las vacaciones y su madre le había conseguido un trabajo para cuidar de los perros de Josefa Blanco, la farmacéutica del pueblo, que se iba dos semanas a Ibiza para despejarse.

Llegó a la puerta de la casa y abrió con la copia de la llave que Josefa le había dado. Montxo y Nemo, los dos pequeños chuchos, se abalanzaron hacia Juan con euforia desmedida. Movían el rabo, le saltaban hasta la cintura y ladraban a modo de saludo.

– ¿Y los niños chicos de la casa? ¿Vamos a la calle?- Dijo Juan y la palabra “calle” era un detonante para que los perros se pusieran más nerviosos aún. Como no quería ser tan malo con ellos, no les hizo esperar. Tras la puerta estaban los ganchos donde colgaban las correas de los perros con sus bolsitas correspondientes para recoger los regalitos marrones que dejaban por ahí. Los sacó a pasear y jugó a tirar la pelota con ellos en un descampado que estaba a solo cinco minutos de allí. Montxo las traía todas, pero Nemo iba más bien a lo suyo.

Después volvió para dejarlos en casa de su dueña, que llevaba viuda tres años. Al quitarles las correas, pensó que era buena idea fumarse un porrito por lo bien que lo había hecho. Se adentró en la casa y entró al salón. Era una decoración bastante austera y tenía muchas figuras de porcelana repartidas por los diferentes muebles. La mochila la dejó caer encima del sofá y se sentó frente al televisor de plasma de cuarenta pulgadas. Cogió el mando y programó la MTV para ver los programas absurdos, pero adictivos a nivel cotilleo, mientras se sacaba los materiales para preparar un cigarrillo de la risa (así denominaba su madre al porro).

Al dar la primera calada, se acordó de la sed que tenía y se levantó para ir a la cocina. Cogió una lata de San Miguel de la nevera y del armario contiguo, una lata de sardinas en tomate, a modo de tapa. Montxo estaba atento a sus movimientos desde la puerta de la cocina. Nemo se quedó frito en el sillón. Antes de cerrar ese armario vio en el estante superior unas aceitunas en conserva y como no llegaba, no se le ocurrió una idea mejor que dejar la cerveza y las sardinas en la encimera para intentar cogerlas poniéndose de puntillas. Ya tuvo mala suerte, pues al retirar el primer bote que alcanzó, los botes que había encima de ese, se cayeron y del susto, Juan se agarró de la leja empeorándo la situación aún más. Todos los botes, latas en conserva y pastas, se estrellaron contra las losas de la cocina con un ruído atronador para el. Montxo salió despavorido y se tumbó junto a Nemo en el salón. Los botes de cristal no sobrevivieron a la caída, las latas se abollaron casi todas y la cocina acabó hecha un asco.

Por un momento se quedó quieto y tras barajar mil opciones en su cabeza, que se podían resumir en dos , trincó la cerveza y las sardinas diciendo:

– Primero me fumo el porro y luego limpio todo esto.- y así fue, pero dos horas más tarde, cuando se despertó de sopetón tumbado en el sofá, por un lenguetazo en la cara por parte de Montxo. Tras limpiar volvió a su casa bastante agotado. ¡Qué buen material se había fumado!

Al siguiente día, su madre lo despertó avisando de que tenía otro posible trabajo para el. Juan abrió los ojos de par en par y miró a su madre desde la cama con cara de susto. No se la esperaba tan encima de el, pero debía ser algo importante para entrar así en su habitación. Ya tenía dieciocho años y necesitaba de cierta intimidad.

– Juanico, esta mañana me he enterado por Pura la frutera, que Paco Navarro necesita a alguien para cuidar su pequeña granja. Dice que ya no tiene fuerzas para dedicarle tiempo y que sólo le quedan sus gorrinos.

– ¿Navarro? ¿El viejo forrao ese?- se incorporó con alegría, pues sabía por oídas que cualquier favor que se le hiciera a ese hombre, se pagaba muy bien. – ¿Y cuántos cerdos tiene? ¿Hay que limpiar toda la casa?

– Dicen que le quedan unas veinte hembras y a la granjilla con darle una primera limpieza general y luego mantenerla, le bastaría. Esto sería para varios meses y te puedes sacar un buen dinerillo para el viaje ese que quieres hacer. También puedes acordarte de tu madre cuando cobres.

Ambos se rieron a carcajada limpia y al acabar, Juan le dio las gracias a su madre por el chismorreo tan suculento. Se duchó bajo el agua fresquita de su ducha cantando “Du Hast”. Comió unas magdalenas con un vaso de leche, cogió su mochila para salir de casa y casi se le olvidan las llaves de la casa de la farmacéutica.

Se dirigió directamente a la casa de Navarro y habló con el sobre las condiciones. En un pueblo tan pequeño, la ventaja es que prácticamente todos conocen a todo el mundo y a él lo había visto crecer. Le gustó que Juan tuviera iniciativa en ir a buscarle, pues la mayoría no le dirigían mucho la palabra por lo arisco que era. El viejo conocía su defecto, pero en su mente franquista, no tenía ninguna intención de cambiarlo para lo que le quedara de vida.

– Muchacho, si haces bien tu trabajo, podrás hacerlo hasta que consiga vender el terreno o se me mueran las marranas.- Juan no pudo aguantar la risa.- Son mis marranas y las tengo un cariño especial. Más que a algunos vecinos y familiares. Ahora, también te digo que como se mueran por tu culpa, perderás el trabajito y un cuarenta por ciento de las ganancias totales. ¿Aceptas el trato, esmirriao?- y le extendió la mano.

– Trato hecho.- contestó Juan, extendiendo su mano para confirmar su acuerdo. Cuidar de unas marranas no podía ser tan difícil, ¿no?

 

Esa misma tarde, Juan y el Sr. Navarro, quedaron en su pequeña granja. Allí le explicó todo lo que necesitaba saber sobre su trabajo. Le mostró el cobertizo donde guardaba la mayoría de las herramientas y utensilios. Las que eran para el arado ni siquiera iba a tocarlas, pero ahí estaban. Pero por supuesto, lo que más le llamó la atención fueron las veinticuatro cerdas que tenía en la pocilga, donde el hedor de la mierda era puro y difícil de olvidar. Incluso a las horas de salir de allí, ese olor se quedaba incrustado en las fosas nasales. Las cerdas estaban bien criadas, algunas más gordas que otras, pero todas bien hermosas. Una de sus obligaciones sería sacarlas a pasear dentro de un cercado para mantenerlas en forma y el se reía por dentro pensando en que eran jamones caminantes. ¿Serían obedientes estas marranas? Ni idea, aún quedaba tiempo para descubrirlo.

Cuando el viejo terminó de darle las instrucciones sobre las tareas que le encomendaba, introdujo su mano en el bolsillo del pantalón y le sacó un juego de llaves que llevaba una oveja naranja como llavero para distinguirlas.

– Aquí tienes, chico. Las llaves de lo que me queda de granja.- Juan las cogió y guardó en el vaquero.- Creo que me he explicado con suficiente claridad sobre todo lo que quiero que hagas aquí. Si te surge alguna duda, puedes llamarme al mismo número que te dí esta mañana. No te molestes en mandarme mensajes. No se abrirlos, contestarlos ni borrarlos.

– Nunca he cuidado de ninguna granja y menos de unas cerdas, pero le prometo, Sr. Navarro, que lo haré lo mejor posible. No le defraudaré.

El Sr. Navarro le miró enarcando la ceja derecha y dejó escapar una sonrisa.

– Espero no haberme equivocado al depositar mi confianza en tí. No sabes cuan importantes son estas marranas para mí. Son las últimas que mi señora crió antes de fallecer. No hará falta que te vuelva a repetir lo que sucederá si a mis animales les pasa algo por tu culpa.

– No, señor. Todo me quedó clarísimo. Más claro que el agua del río del que bebemos para saciar nuestra sed. (Ni el mismo se creyó esta cursilada)

– Bueno, chico, me marcho.- El viejo salió por la puerta principal y Juan se quedó atento para escuchar el arranque del motor del Land Rover. Cuando el sonido del vehículo se perdió en la distancia, lo primero que hizo fue acordarse de su colega Pedro. Le envió un mensaje con la buena nueva del trabajo conseguido y el otro no tardó en contestarle.

CONTINUARÁ…

Escrito por Luis M. Sabio


CALOR


¡Que me aspen si sé lo que pasó! No tengo ni idea, lo juro.

23 de agosto de 2012.

Hoy he tenido turno de mañana en el trabajo. Ser el encargado de la sección de ultramarinos de un gran centro comercial puede resultar agotador, pero claro, cada puesto tiene su propia cruz y hay que llevarla a cuestas con orgullo y ahínco. hay que ser constante y no te puede fallar la memoria (ni la calculadora).

Estar a punto de casarse es como subirse a una montaña rusa por más de un año y todo esto se mezcla con las obligaciones que uno ya lleva a diario. Silvia está muy nerviosa con los preparativos y a falta de dos meses para nuestro enlace, resulta que ahora le tienen que arreglar el vestido elegido porque, por muy supersticiosa que sea, la dieta Dukan le ha funcionado de maravilla. La verdad es que se me ha quedado muy estilizada y le he regañado para que no pierda más peso, no por su vestido, sino por su salud. Que yo la amo y amaré igual, pero cuando la abrace, quiero sentirla. ¡Qué seca se me ha quedado! Ese problema lo arreglaremos con nuestro viaje a Nueva York. Allí hay mucha comida basura y encontraremos el equilibrio. Yo también estoy algo histérico, pero no quiero agobiarla con esas cosillas.

Nunca me he preguntado si ella leerá mi diario, pero si lo hace, sólo verá amor. El amor que siento por ella. Todo mi corazón, relleno de ella y con eso me basta. Siete años de noviazgo es un tiempo en el que conoces bien al otro, pero Silvia siempre consigue sorprenderme.

Llegué a nuestra casa de Aguadulce y me encontré su nota en la nevera (como sabe que me gusta una cervecita al volver de la jornada). Ha salido con su hermana Inés  a comprar unas cosas y a que le tomen las nuevas medidas del vestido, así que tardará en llegar a casa porque su hermana la lía y ella se deja.  Prepararé la cena para cuando llegue y que repose esos pies en alto mientras nos reímos con los vecinos de la tele.

Nunca he querido…¡Vaya! Han tocado al timbre.No puede ser ella tan pronto, que sólo son las 17:30.

25 de agosto de 2012.

No sé ni por dónde empezar, ésto es lo más extraño que me ha pasado en la vida. Aún tiemblo al recordar y ni siquiera sé si quiero hacerlo. Anteayer quién tocó al timbre de casa fue mi prima Irina. Prima política en realidad, pues es la esposa de mi primo Luis, con la que tiene dos hijas preciosas.

Bueno, el caso es que cuando le abrí, me sorprendí en demasía. No solía visitarnos aquí por eso de que da pereza coger el coche y venir desde Almería. Venía llorando y agarrándose de los pelos con tanta fuerza que parecía que iba a arrancárselos. Entró al portal, pero no  entró en casa, se quedaba en la puerta. La invitaba a entrar y ella se negaba. Los nervios se la comían. Le pregunté que qué era lo que pasaba, pues yo me imaginaba algo horrible y esta vez odié mi imaginación hasta tal punto de querer enterrarla a pisotones.

Primero me dijo que tenía mucha prisa y luego que alguien se había llevado a sus niñas mientras estaban en el parque que hay junto a su urbanización. Me quedé muerto. Pero mis preguntas ininteligibles de descifrar se unían a su desesperación de querer explicar algo que yo no entendía.

Me dijo que quienes se las llevaron, me querían a mí. Que tenía que irme con ella y que no podía hablar con su marido, ni la policía, ni  con nadie más que conmigo. Que no le dieron explicaciones de por qué a mí, pero que si no lo hacía, jamás volvería a ver a sus hijas. Sin pensarlo, cogí las llaves de casa y seguí a mi prima hasta la calle. Del móvil me acordé más tarde…

A partir de ahí, no tengo claro que me sea fácil volver a conciliar el sueño. Corría tras ella hacia la calle y se dirigió a una furgoneta blanca que tenía los cristales tintados. Irina abrió la puerta lateral, que era de estas correderas y se dio la vuelta para indicarme que entrara tras ella. Su cara seguía desencajada mientras subía y yo, sin dudar, entré tras ella  y la puerta se cerró automáticamente. El susto que me dí fue épico.

Por fuera, la furgoneta parecía estar limpia, pero por dentro era un estercolero. No había asientos,la cabina del conductor y copiloto no se podían ver, pues estaba sellada. El suelo metálico estaba sucio, lleno de tierra, arena y otras porquerías. En el techo había unas barras transversales de dónde colgaban algunos ganchos y dos o tres huesos de jamón con moscas. El olor era petulante y horroroso, pero en ese instante me acuciaban otros problemas más grandes y me senté de culo al lado de mi prima cuando arrancaron la furgoneta de golpe.

Casi me gano una hostia de Irina, pues entre su nerviosismo y el mío disparándola con preguntas que no podía ni sabía contestar, le estaba dando un síncope como mínimo. En resumen, no sabíamos a dónde íbamos. Más bien a dónde nos llevaban, era un sin vivir el no saberlo y desconocer el estado de mis sobrinas. Pero, ¿qué querían de mí esa gente? Eso me estaba matando y cuando fui a echar mano del móvil, me dí cuenta de que lo había olvidado. Silvia quedaría preocupada si no estaba en casa  al regresar de las compras. Tampoco tendría forma de localizarme. Nos estaban secuestrando “voluntariamente”.

Después de casi una hora de viaje aguantando baches y curvas, el calor se estaba haciendo insoportable. Aquello era peor que un tíovivo escacharrado que no pudiera detenerse. Algunas veces, las curvas eran tan pronunciadas, que nos golpeábamos contra las paredes del coche y entre nosotros mismos. Ayudé a mi prima a levantarse con dificultad, para agarrarnos de las barras metálicas del techo. Jamás había pasado tanta sed en mi vida. Irina parecía estar a punto de desmayarse, pero yo la sostenía con mi brazo derecho mientras me agarraba a una de las barras con la otra.

El caso es que no recuerdo nada más de ese viaje tan agobiante. Lo siguiente fue encontrarme en una habitación de hormigón, atado con cadenas a la pared, el suelo completo de arena y completamente desnudo. Irina estaba en mi misma situación, pero en la pared de mi izquierda. Por un momento recordé aquella película tan terrorífica en la que salía una marioneta por una pantalla invitándoles a participar en un macabro juego sin tener otras opciones.

Llamé a mi prima mil veces hasta casi quedarme sin voz. Pedí auxilio y preguntaba con el poco aire que había: “¿Qué queréis de mí? “”Dejad que ella se marche con las niñas”, pero no obtenía respuesta alguna. Lo intentaba todo; tirar de la cadena, golpearla con mis pies desnudos hasta ensangrentarme con los grilletes que tenía puestos en mis muñecas y tobillos. No alcanzaba a llegar hasta Irina, pero al menos se movía al son de una respiración. Estaba viva.

En uno de los momentos, creo que perdí el conocimento, pues desperté sobresaltado con un sonido familiar. Miré a mi alrededor y frente a mí había una pequeña ventana. No era posible lo que mis oídos escuchaban. Miré a mi izquierda y mi prima ya no estaba. ¿Qué estaba pasando? Me levanté con mucho esfuerzo, pues estaba agotado, el sudor me corría por todo el cuerpo y la arena se me pegaba por todas partes. Y se metía por donde se le antojaba, claro. Incómodo al máximo y mi garganta estaba más seca que un desierto en pleno verano. ¡Qué sed, por favor! Me intentaba apartar el flequillo de la cara y me la llenaba de arena. Conseguí llegar hasta la mitad de aquella habitación, un zulo especial, diría yo. El sonido familiar no dejaba de oírse, así que no era producto de mi imaginación, ¿o sí?

A duras penas pude ver por esa pequeña ventanilla, una cocina antigua y a una señora haciendo un puchero mientras cantaba “Fumando espero”. Esa señora era mi abuela…mi abuela muerta desde hacía cinco años. Quedé estupefacto, pero mi voz cambiada la llamaba pidiendo auxilio. No podía ser real, pero tenía que intentarlo. Al agacharme para coger arena y lanzar un poco hacia el cristal para llamar su atención fue todo cuanto se me ocurrió. Al hacerlo, ví que tenía el brazo lleno de agujeritos. Me habían pinchado y el otro brazo estaba igual. ¿Qué estaban haciendo conmigo? Quizás me estaban drogando, pero aún no lo sé y mi abuela seguía cocinando alegremente sin percatarse de mí.

Por lo visto, volví a dormirme…o a desmayarme. Tenía un hambre y una sed terribles. Mi abuela había dejado de cantar. El calor se estaba haciendo cada vez más insoportable.  Pensé seriamente en arrancarme una  muñeca a mordiscos para soltarme, pero pensé en que luego no podría hacer nada más para poder liberarme. No había puertas, sólo esa ventana pequeña, un cuadrado enrejado en el techo y un agujerito en la pared derecha. Antes de percatarme de él por el haz de luz que dejaba entrar, alumbrando el lugar donde antes estuvo Irina…mi cuerpo se descompuso y prefiero no entrar en detalles. Sólo de recordarlo, me vuelven las arcadas por el olor tan peculiar que provoqué y ni siquiera yo mismo me podía limpiar. La puta arena seguía pegándose aún más a mi cuerpo y yo mismo me recordaba ya a los huesos de jamón que había colgados en la furgoneta: Echando peste y lleno de moscas. No sabía cuanto tiempo llevaba allí, pero parecía toda una vida. ¿Estaría muerto y no me habían informado aún?

Eché un vistazo por aquel agujerito de la pared y parecía un poblado del oeste en mitad del desierto almeriense. ¿Estaba en Tabernas? Podía ver la fachada del Saloon con el bebedero para caballos en la entrada. De pronto, aparecieron una joven pareja al lado de un poste. Yo grité pidiendo ayuda, pero ellos debieron de asustarse, pues mi grito parecía más bien un rugido de palabras inconexas y sin sentido. Miraron a su alrededor y la chica parecía decirle algo al muchacho. Con las mismas, éstos volvieron a desaparecer…

Tenía que ser la sed. Estaba delirando, pues no encuentro otra explicación a esto. La siguiente vez que desperté,fue por culpa de una ola. Me encontré en la orilla de la  playa de El Mónsul. Me metí en el agua para refrescarme un poco. Para volver a casa, pasé toda una odisea, pero conseguí una toalla prestada por unos turistas y me acerqué andando hasta el pueblo de San José. En un chiringuito, me dejaron hacer una llamada y lo hice. Llamé a Silvia, que vino a por mí. Decía que llevaba más de veinticuatro horas fuera.  A mi me parecieron muchas, muchas más.

Me llevó a urgencias, pues Silvia me decía que tenía heridas hasta por las espaldas y allí no supieron decirme de qué se trataba exactamente. Le pedí el móvil a mi futura esposa para llamar a mi prima, para saber como estaban ella y sus hijas. Cuando me contestó que estaban muy bien y me dio las gracias por llamar después de tanto tiempo, me quedé de piedra. Le pregunté si no había venido ella a mi casa hace unos días y me dijo que yo me había fumado algo. Que no nos veíamos de hacía por lo menos dos semanas en casa de mi tía. Su suegra, vamos. Cuando colgué, no supe reaccionar y Silvia me trajo como si fuera yo un zombi a casa.

Me he hinchado de comer y beber todo lo que se me ha antojado. He arrasado con la nevera y me he puesto con mi diario personal…pero esto no puedo contárselo a nadie. Al fin y al cabo, mi prima está bien, mis sobrinas también y yo…bueno, yo sigo vivo.

No volveré a hablar de esto con nadie, pero tras hablar con Irina por teléfono, cada vez que Silvia me pregunte por lo que pasó le diré:

¡Que me aspen si sé lo que pasó! No tengo ni idea, lo juro.

>>>>FIN<<<<

Escrito por Luis M. Sabio


LOS NIÑOS PERDIDOS: Capítulo 2º


EL PERMISO

Siguieron cantando todo el camino de regreso y poco faltó para que Cristian se cayera de la bicicleta de Kelly, por culpa de un bache en el asfalto.

– ¡Qué nervios! Quiero saber ya lo que me dirán mis padres.- dijo Sara.

– Bueno…pues yo no creo que me dejen ir.-le contestó Kelly con cara de tristeza.

– ¿Por qué?- preguntó Cristian a sus espaldas.

– No sé, nunca tengo recursos económicos.

Cristian la observó desde su perspectiva, mirando su cabello rubio, recogido en dos trenzas. Entonces frunció el entrecejo.

– Eres muy pesimista, ¿sabes?

– Sí, quizás…¡Eh! Bob y Sara nos están dejando atrás. ¡Vamos a por ellos!- Kelly al decir esto, comenzó a pedalear más fuerte y los adelantó a todos, llegando juntos al pueblo. Tan apartado de la civilización, que nadie tenía un teléfono móvil, tablet, portátil, computadora o cualquier aparato electrónico, exceptuando algunos habitantes (total de población: 155) que disfrutaban de TV y teléfono fijo.

Cristian entró en su casa, donde solo le esperaba su madre. Le echó valor y le preguntó si podía ir mientras le extendía el folleto con el anuncio. Esta lo cogió y se sentó en el sofá para leerlo mejor. Cristian jamás había visto a su madre tan interesada por algo que el le pidiera o dijera, así que le pareció una situación extraña. Pero sin duda, le gustó. Dolly dejó el anuncio encima de la mesa y miró a su hijo, con unas enormes ojeras de cansancio.

– Espero que allí te den bien de comer.- le dijo.

– ¿Cómo?- preguntó Cristian estupefacto.- ¿Entonces puedo ir?

La reacción de su madre fue irse a la entrada de la casa para coger el bolso que tenía colgado, sacó su billetera y se acercó a su hijo para darselo. La mirada de Cristian se debatía entre su madre y el fajo de billetes que había en su mano. Una gran sonrisa se dibujó en su rostro y grito de alegría se le escapó al coger el dinero para su excursión.

– El autocar sale de sobre las diez de la noche, tendrás que preparar la maleta que no se hace sola. Que no se te olvide nada y llévate solo lo importante e imprescindible.

– ¡Wow!, gracias mamá.- le dio un abrazo y entre brincos dijo- Voy a ir a decírselo a los demás, no puedo esperar. Pero primero haré las maletas.- con esto, subió las escaleras hacia su habitación.

Mientras, en casa de Sara. Los dos hermanos no sabían como decírselo a su madre, que estaba fregando unos platos en esa cocina empapelada de flores, pero de alguna manera tenían que hacerlo.

-¿Mamá?- empezó Bob.

– ¿Qué quieres, hijo?- preguntó Kate desinteresadamente.

– ¡Mamá! Es que…mira.- le dijo extendiéndole el anuncio, extendiendo su mano y poniéndose de puntillas hasta casi pegarselo en la cara a su madre. Ella cerró el grifo y cogió el papel,  ni siquiera se preocupó por secarse las manos. Lo leyó. Vaya que si lo leyó ahí de pie con una mano apoyada en el fregadero. Sus ojos parecían encender las llamas de la furia cada vez más incontenida  y al final explotó.

– Ah, no puedo creerlo. Tú, tú, tú y tú. ¿A un campamento de verano vas a ir? Con la crisis que hay montada en casa, sólo piensas en tí. ¡Fantástico! Es una idea estupen…

– ¡Mamá!- gritó Sara para hacerse de notar que también estaba ahí.

– ¿Qué quieres? Estaba hablando con tu hermano muy seriamente. Es intolerable…

– ¡Yo también quiero ir al campamento!- la volvió a interrumpir Sara.

– ¿Al campamento? ¿Para qué?

– Sí, para pasarlo bien. Desconectar un poco con todo, conocer nuevos amigos, disfrutar de la naturaleza, aprender y esas cosas.

– Pero, Sara,..- comenzó a decir Kate. Pero su hija estalló.Algo maleducada hacia ella si que era, pues la interrumpía casi cada vez que hablaba.

– ¿Pero? Siempre hay “peros”, mamá. Estoy harta, cansada de siempre lo mismo.¿No sabes decir otra cosa? Hemos aprobado, ¿no nos merecemos unas mini vacaciones?

– Pues entonces mejor unas peras.-le contestó Kate.

– Tampoco quiero peras, solo quiero “pelas”.

– Si lo que quiero decir es si quieres unas peras para llevaroslas para el viaje en autocar. Siempre entra hambre en esos viajes.- su madre le dedicó una sonrisa y a ella le dio una vergüenza tremenda no haberse dado cuenta que su madre estaba interpretando un papel para engañarle y darles la sorpresa. Aquello alegró el corazón de los hermanos. Se fundieron los tres en un abrazo lleno de besos de agradecimiento y cariño.

– Gracias, mamá.¡Olvidé lo buena actriz que eres! Gracias.

Su madre le besó la frente a su hija. Bob y Sara subieron entusiasmados las escaleras para preparar las maletas del viaje. Qué ilusión.

En cambio, en casa de Kelly, las cosas no iban tan bien con la autorización de la excursión.

– Pero mamá, yo quiero ir.- le decía Kelly a su madre- ¿No tendrías algo para darme de lo que ahorras para más alcohol?

– Mira, nena. Ni quiero dártelo, (¡Ups!) ni me queda nada ya.- se rió y volvió a eructar. Así es como hablaba Sue a su hija y esta, claro, no pudo más y entró en cólera.

– ¡Eres una borracha!¡Nunca me prestas atención!¡Siempre te ha dado igual donde vaya! Y ahora…que es la única vez que te pido dinero para ello, no me lo das.- gritaba enojada, pero su rabia también hizo que unas lágrimas cayeran en cascada por su rostro. Esas lágrimas no producían ningún efecto en sentir lástima hacia ella por parte de Sue. En vez de eso, se enzarazaron en una larga discusión que parecía infinita. En ella se mezclaron asuntos como la muerte de su padre, que nada o todo tenían que ver con el asunto. Desde luego, lo que estaba claro es que su madre no le iba a dar ni un duro. Se lo gastaría ella en sus botellas quitapenas. , encerrada en casa y comiendo nachos. Con la paga, Sue solo compraba alcohol y latas de conserva. Decía no tener ganas de cocinar y eso es lo que comía Kelly. Se indignó muchísimo, así que decidió largarse por un momento de casa y llevarse sus lágrimas a otro sitio. Se encontró de frente con sus amigos, que al parecer iban en su busca.

– ¿Qué te pasa, Kel?- preguntó Bobby, preocupado por la cara que esta tenía. Ella se limitó a mirarles y decir:

– Dejadme en paz. No estoy de humor ahora…no puedo ir al campamento.

– ¿Cómo que no vas a ir?- preguntó Cristian con una sonrisa. Kelly no entendía nada, a veces los niños la desquiciaban con sus explicaciones, pero lo sobrellevaba muy bien.- Sabíamos que tu madre no te iba a dar dinero y menos para un viaje si no te lo da para comprarte una pulsera. Así que…

–  Pedimos el doble de dinero para pagar entre todos tu parte del viaje y no te lo pierdas.- terminó diciendo Sara.

– ¿Que vosotros, qué?- alucinó Kelly.

– Que pedimos el doble de dinero.- dijo Bob con entusiasmo.- Les dijimos que costaba casi el doble de lo que ponía en el folleto y nos lo han dado. Tenemos para pagar tu alojamiento y tu viaje. El resto del dinero que sobre, será para helados.

– ¿Habéis hecho todo eso por mí?- preguntó sorprendida.

– ¿Quién nos iba a contar las historietas mejor que tú?- preguntó Cristian.

Juntos se rieron a carcajadas y después Kelly se marchó a su casa para preparar su equipaje, que la hora se les echaba encima, pues estaba a punto de anochecer. Era una oportunidad de “Lo tomas o lo dejas”, superoferta de último minuto,…estaba deseosa, necesitaba relax. La tristeza que sintió se había esfumado totalmente de su mente.

UN VIAJE ACCIDENTADO

El momento de partir llegó y Kelly se despidió de su madre pidiendo que se cuidara. Cristian también se despidió de sus padres regalando un abrazo a cada uno, pero no pudo reprimir su ansiedad por el viaje. Tom, el padre de Bob y Sara había decidido llevar a los chicos hasta la estación de autobuses de dónde partirían hasta el campamento. Los dos hermanos besaron a su madre y corrieron hasta el coche con un entusiasmo tremendo.

La verdad es que Kate, aprovechando la marcha de sus hijos, había planeado de ir con Tom a un lugar de playas exóticas, pues desde su luna de miel, no habían realizado ningún viaje ellos dos solos. Vio la oportunidad y no pensaba desaprovecharla.

– ¿No os habéis olvidado de nada?- preguntó.

– No.- contestó Sara desde la ventanilla del coche.

– ¡Os echaré de menos!- exclamó su madre.- ¡No os peleéis!

– Nosotros también te echaremos de menos. ¡Adiós, mamá!

– ¡Adiós! ¡Pasadlo bien!

Con estas palabras, el coche se puso en marcha. Kelly iba sentada en el asiento copiloto, junto a Tom y los chicos con Sara detrás. Kelly se había puesto una indumentaria cómoda, unos pantalones vaqueros, una camiseta pegada de manga corta con un chaleco negro encima y unas botas negras. Cristian llevaba unas bermudas de color caqui, una camiseta verde oscura y una riñonera marrón a la cintura. Bobby con camiseta blanca de propaganda con una camisa roja desabrochada encima y unos pantalones de verano color caqui también. Sara parecía que iba a alguna fiesta con un vestidito fresco de color blanco con unas botitas a juego, pero tenía pensado cambiarse en cuanto llegasen a su destino. No llevaban ni cinco minutos de trayecto, cuando Bob empezó a chinchar a su hermana.

– ¡Vaya coleta que te has hecho hoy! Jajaja- y le dio un tirón de la misma mientras lo decía.

– ¡Déjame Bob! ¡Ay! ¡No me tires más de la coleta! Me estás haciendo daño.- se quejó Sara.

Tom miró hacia atrás por un momento y les regañó.

– ¡Niños, estaos quietos! ¿No os da vergüenza pelearos tanto siendo hermanos? Me parece increíble. Y Bob, juega a otra cosa, anda.

Cristian y Kelly no pudieron evitar reírse un poco de aquello. Para quitarle hierro al asunto, Kelly propuso cantar unas canciones, no sin antes preguntárselo a Tom. Lo último que quería era provocar ira o distracción al conductor. El repertorio de los últimos éxitos del mundo de la música empezó a ser la banda sonora dentro del vehículo. Tom conducía mirando atentamente a la carretera, siempre lo hacía, pero con tantos críos bajo su responsabilidad, aún más. Así fue durante media hora, turnándose para elegir canciones, hasta que acabaron la última.

– Venga Cristian, ahora te toca a tí de nuevo elegir.- dijo Bob.

– No.- replicó Tom.- Ya hemos llegado (y qué gusto le dio decir eso).

– Guachi.- dijo Sara.

– ¡Qué guay!- gritó Cristian.- ¡Por fin!

La euforia estalló dentro del “cuatro ruedas”. Se detuvieron y los amigos bajaron para coger sus cosas del maletero. Antes de marchars, Tom le dio algo de dinero a Kelly para que se compraran algo para el viaje en la cafetería de la estación. Después de eso, se despidió y se marchó desapareciendo por la carretera.

Compraron los billetes, unos dulces y agua para el camino. Luego buscaron el dársena 7, que era el de su autocar. Al llegar, los niños se quedaron contemplando al que iba a ser su conductor. Era fuerte, robusto, alto e iba vestido con su uniforme de colores azul marino oscuro y camisa blanca. El logotipo de su empresa sobre su pecho izquierdo,el cigarrillo en su mano derecha y el humo casi ocultando su rostro que portaba unas gafas de sol de las buenas. Aún no era su hora, pero quedaba poco y el conductor, con una gran sonrisa, tiró su cigarrillo y abrió el compartimento para que los viajeros guardasen sus equipajes. Cristian sacó unos trompos de su riñonera y se puso a jugar con Bob ahí mismo. Había mas chicos esperando. Tanto sentados como de pie dando vueltas por los nervios.

– ¡Todos al autocar!- llamó el conductor a sus pasajeros.

Todos se pusieron en fila para subir por orden. Kelly no soltaba su mochila por nada. El autocar era muy amplio y habiendo tan poca gente, la comodidad iba a ser suprema pudiendo ir cambiándose de sitio durante el trayecto. Las puertas del autocar se cerraron.

Un chico rubio, alto y guapo que ocultaba sus ojos tras unas gafas de sol, se acercó a Kelly.

– ¿Cómo te llamas, guapa?- le preguntó quitándose las gafas para deslumbrar a la chica con unos enormes y bellos ojos azules.

– Y..yo?- preguntó ella, asombrándose de su timidez.

– Si, tú.- y le dedicó una sonrisa de dentadura perfecta. Sólo le faltó el típico destello en los dientes, como en los anuncios de pasta dental.

– Me llamo Kelly.- contestó más firmemente.- ¿Y tú?

– Kelly…¡qué nombre más bonito! Mi nombre es Joe. Encantado.- y se dieron los dos besos de presentación en las mejillas.

Ahí quedaron los dos conversando un poco más. Cristian no perdía el tiempo y hablaba con un chico que se llamaba Edgar, pero le gustaba más que le llamaran Ed, para abreviar. Morenito de piel y cabello, parecían tener muchos gustos en común y serían más o menos de la misma edad.

– ¿Te gustan las películas?- preguntó Ed.

– La verdad es que no he visto muchas, apenas veo alguna porque cuando no hay colegio, estoy todo el día fuera en la calle. Te aseguro que estar en mi casa es un auténtico infierno.

– Pues mi casa es todo lo contrario. Estoy todo el día dándole al ordenador y haciendo gimnasia para mantenerme en forma.Soy adoptado, ¿sabes? Mis padres murieron en un accidente de tráfico y una familia rica me acogieron en su casa. Pero antes de eso, tuve que pasarme dos años en un orfanato horroroso y asqueroso.

– ¡Wow! Si que te ha jodido la vida.- interrumpió Bobby, como casi siempre.

– ¿Quién es este?- preguntó Ed mirando a Cristian con la ceja izquierda levantada hasta la frente.

– Éste es mi pequeño amigo Bob.- contestó tranquilamente.

– ¿Sólo tienes a este como amigo?

– Sí, es el mejor. Pero tengo otras dos amigas que son buenísimas.

–  ¿Y cómo se llaman?

– Sara, que es la hermana de Bob y Kelly. Están sentadas por ahí delante.

-¿Cuántos años tienen?

– Sara, 14 y Kelly, 16.

– Qué raro, ¿no? Tú con 13 años y tienes amigos con esas edades.

Edgar se extrañó muchísimo, pero Cristian se rió y le contestó mirando a Bobby.

– Lo mismo que dicen que el amor no tiene barreras, la amistad tampoco entiende de edades.

Un niño se acercó, sentándose cerca de Ed y miraba fijamente a los dos amigos.

– ¿Quién es?- preguntó Bob.- Me da miedo su mirada.

– Es un amigo.- contestó Edgar- No puede hablar, es mudo.

– ¿De nacimiento?- preguntó Cristian.

– No, lo cierto es que lo traían mis padres para que durmiese en casa aquella noche…

– O sea, que el estuvo dentro del coche cuando ocurrió el accidente.- dijo Cristian.

– Así es. Yo creo que por el miedo que pasó con los golpes y vueltas del coche, no recuperó el habla.- contestó Ed muy triste.

– ¿Por qué no hablamos de otra cosa?- preguntó Bob.

-¿De qué quieres hablar Bibi?- preguntó Ed con algo de sorna.

– No me llames así. Me llamo Bob.

– Vale, perdón., Bob Bobby.- le contestó Ed con una sonrisa, mirando a Cris. Bob le miró con furia, pero nadie se dio cuenta que Jim, el mudo, también se le escapó una sonrisa.

– Ya en serio.- dijo Ed.- ¿Qué películas os gustan?

Todos se quedaron pensativos, pero cada uno dijo una película y así descubrieron sus gustos. A Bob le gustaba Parque Jurásico, a Cristian las de superhéroes y a Ed las de acción.

– Y a Jimmy, le gustan las película en blanco y negro del cine mudo. Ja ja ja.- bromeó Ed.

A Jim no le gustó esa broma, se le saltó una lágrima y agarró con furia a Edgar por el cuello de la camiseta. Le amenazó con su mirada, pero decidió dejarlo así y se sentó junto a Sara, a la ni siquiera conocía.

– ¡Te has pasado mogollón, tío!- le gritó Joe. Éste tragó saliva del susto, pero Kelly lo salvó de una reprimenda. Lo cogió de la mano y le dio un beso en la boca.

– ¡Vaya morreo!- saltó Bob.

– Eso os aseguro que no lo hace todos los días.- dijo Cristian. Los tres empezaron a reírse.

Sara miraba por la ventana los árboles y montañas, pero no perdía ojo del chico que se había sentado a su lado con cara de amargado. Tras pensarlo, decidió preguntar.

– ¿Cómo te llamas?

No tuvo éxito su intento de iniciar una conversación, ya que el niño la miró e intentó deletrear su nombre con la boca y gesticulando con las manos. Ella no entendió nada, así que volvió a mirar por la ventana. Jim quedó cabizbajo y frustrado.

A pesar de eso, al rato todos los chicos ( y las dos chicas) ,se conocieron. Hablaron incluso con el conductor, pero lo único que le sonsacaron fue su nombre. Bruce, se llamaba así. Todos volvieron a sentarse cuando este se hartó de preguntas y los mandó a tomar asiento.

Estaban cada cual a lo suyo, hablando tranquilamente cuando al conductor, por el cansancio, se le cerraron los ojos. El autocar perdió el control. La velocidad aumentó considerablemente al encontrarse en pendiente por una montaña. Todo iba cuesta abajo. Los gritos de los niños no tardaron en florecer. El autocar detuvo su marcha en seco, quedando al borde de una pendiente pronunciada. El pánico cundió.

– ¡Joe! ¿Qué vamos a hacer?- decía Sara desconcertada.

– ¡Calmaos! No os asustéis. No pasará nada. Intentaré abrir la puerta.- Se acercó, pero el conductor parecía desmayado más que dormido.  Habría sido un golpe de calor.

– Cuidado a ver si esto va a hacer que perdamos el equilibrio y caigamos.- la parte delantera del vehículo se inclinó hacia adelante.

– ¡Estamos perdido! ¡Acabados! ¡Adiós, vida!- Kelly hablaba sinsentido, estaba muy asustada. Joe se le acercó.

– Cariño, no te asustes. Yo te cuidaré hasta el final.- y la abrazó. De alguna manera tenía que simular que estaba aterrado también.

De pronto, Jimmy parecía haberse vuelto loco, se movía compulsivamente y señalaba al conductor. Joe corrió a ver lo que Jimmy le quería decir. Bruce se había puesto morado por momentos, estaba muerto, eso es lo que Jim le intentaba decir. El autocar comenzó a balancearse peligrosamente. Todos fueron corriendo a la parte trasera, pero ya era demasiado tarde.

El autocar finalmente cayó y empezó a dar vueltas cuesta abajo derribando los delgados árboles de la pendiente. En el interior todos gritaban. Los cristales se rompieron, los niños se cortaban y los asientos se salpicaban de sangre. El cadáver de Bruce cayó encima de Bob en una de las vueltas y el gritó aún más intentando apartarlo. Todo sucedió muy deprisa. El autocar se hacía pedazos por cada vuelta que daban y el mareo provocó los vómitos de algunos de ellos. Alguna rueda se desprendió adelantando al autocar y los chicos perdieron el conocimiento.

Por fin el autocar se detuvo bocabajo al chocar contra un árbol más robusto.  Los chicos quedaron tumbados de inconsciencia sobre el techo entre cristales y sangre.

Pasaron varios minutos hasta que Bob se reanimó. Tenía una herida muy fea encima de la ceja y varios arañazos y hematomas por el resto del cuerpo, pero no se había fracturado nada, lo importante es que seguía vivo. Buscó a los demás, que fueron despertando poco a poco.

– ¿Ed? ¿Te encuentras bien?- le preguntó Cristian, al que se le habían partido algunos dientes contra algún asiento. Por supuesto, todos estaban heridos, pero Edgar presentaba unas heridas horribles, cortes profundos, pero sobre todo en su muslo derecho. Ahí tenía una enorme raja de la que brotaba sangre sin parar inundando todo a su alrededor. A Cristian le entró el pánico nuevamente.

– ¡Edgar!- insistió en llamarlo, hasta que por fin este contestó (con una voz muy débil).

– Qué…

– Vamos, tenemos que salir de aquí.

Jimmy le miró negando con la cabeza .

-¿Por qué?- le preguntó Joe desesperado.1

En ese momento, Kelly, Sara, Bob,Ed y Cristian, se dieron cuenta de lo que Jim les pretendía decir. Empezaron a gritar al ver como un oso enorme se acercaba a ellos. Al escucharlos, el animal hizo un ruído extraño y se puso en pie delante del autocar volcado. Joe no tardó en cagarse de miedo y echarse atrás para alejarse de ese bicho. El oso comenzó a golpear el vehículo y todos volvieron a gritar de espanto.

– ¡Vamos a salir por las ventanas!- les gritó Joe.

Todos le hicieron caso y Joe ayudó a Ed a salir de allí para después echárselo al hombro. Esa pierna lo estaba poniendo perdido, pero en ese momento, lo único que importaba era huir de aquel oso. Corrieron mirando hacia atrás y vieron como el oso perdió el interés en ellos. A pesar de eso, vieron unas enormes rocas y se escondieron tras ellas.

Kelly ayudó a Joe con la herida de Edgar. Lo tumbaron en el suelo y Joe se sacó un pañuelo rojo que llevaba en el bolsillo trasero del pantalón para presionar la herida. Ella se quitó el cinturón y le hizo un torniquete por encima del muslo. Bob se quitó la camisa que llevaba desabrochada a petición de Joe para taparle la herida. A Sara pareció darle un ataque al presenciarlo.

– ¡No estamos aquí! ¡Estoy en casa, estoy en casa! ¡Nunca subí al autocar! ¡Quiero a mi mamá!

Joe se levantó y la cogió por los hombros para tratar de tranquilizarla. Su vestido estaba lleno de sangre y tierra. También había sufrido varios cortes y arañazos, pero ninguno de gravedad.

– Mamá me va a matar…-decía la niña.- No debí ponerme el vestido nuevo. ¡No!- Sara no conseguía tranquilizarse, los nervios no la dejaban. Su hermano se arrimó a ella.

– No creo que eso le importe a mamá.- le dijo Bob, que le corrían unos surcos de lágrimas mezclados con tierra y sangre por las mejillas.Además de la frente sudada y llena de porquería.- A ella lo único que le interesa es que volvamos a casa sanos y salvos.

Kelly volvió junto a Joe al autocar con cuidado para buscar su mochila y (¡gracias!) no tardaron en encontrarla. Regresaron detrás de las rocas con los demás y ella sacó su botiquín personal de la mochila. Curó como pudo a Ed y luego entre ella y Joe hicieron lo mismo con los demás y ellos mismos.

– También tengo unas agujas de costura e hilo.- dijo Kelly mirando a Joe.

– ¿Qué quieres decir con eso?

– Que le podriamos hacer unos puntos a Ed en el muslo para cerrar la herida.

– ¿Sabes hacer eso?

– Bueno, sólo lo he hecho sobre telas y ropa, pero creo que no tenemos más opciones por aquí.

– Bueno, dime qué quieres que haga.

– Desinfectaré la aguja con el alcohol, mientras tu le limpias la herida, ¿vale? Luego le agarras fuerte la pierna para que yo pueda intervenir.- Joe la miraba como un tonto embobado y asustado, pero reaccionaba rápido.- y tú Cristian sostendrás esta linterna (la sacó de su mochila) para alumbrar el muslo.

– De acuerdo.

Todos estuvieron atentos y nerviosos ante la “operación”. Sara se comía las uñas, Bob se rascaba la cabeza, Cristian se quedó inmóvil y Jim se dedicó a romper ramitas mientras observaba igual que el resto, con los ojos desorbitados.

Ed se quedó durmiendo, bueno, en realidad se desmayó al ver la aguja que sostenía Kelly en la mano con un hilo negro enebrado. Empezó a coser  el muslo y cuando acabó pareció no haberlo hecho nada mal. Se levantó.

– Hemos terminado, Joe.

– Lo has hecho muy bien, doctora.- le contestó.

Todos se pusieron muy contentos al ver que Ed abría los ojos tras dos horas de espera. Serían aproximadamente las cinco y media de la mañana.

– Gracias.- fue lo primero que dijo Ed mirando a Kelly.

– No hay de qué, tontín  Los amigos están para eso.

Rieron un largo rato, pero en algún momento, el sueño les venció a todos. Cristian se levantó de golpe.

– ¡Despertad! ¡Ya está amaneciendo!- con ese grito despertaron los demás.- Nos hemos dormido. Deberíamos buscar algún refugio para escondernos de los animales salvajes.

– Cristian tiene razón.-afirmó Joe.- Hay que encontrar algún refugio o algo buscando protección y ver si tienen teléfono. Tenemos que pedir ayuda y avisar del accidente por lo de Bruce y Ed.  Se levantaron todos y comenzaron la caminata por el bosque. No estaba muy verde ese bosque, parecía mas bien como si hubiera sufrido algún incendio no hace mucho. Caminaron en una dirección que desconocían, pues no sabían ni donde estaban.  Joe y Kelly mantenían la esperanza de poder descubrirlo pronto.

– Estoy cansado.- dijo Bobby.

– ¿Estás muy cansado?- le preguntó Joe detrás de el.- Qué lástima, yoo llevo a Ed a mis espaldas tres horas seguidas ya y…

Kelly cortó a  Joe en mitad de la frase.

-¡Mirad! ¡Ahí delante hay unas tiendas de campaña de color verde…¿Qué hora es?

– Son las ocho y cuarto de la mañana.- contestó Cristian. Sara les miró como una zombi.

– Bien chicos, ¡estamos salvados!- dijo Joe.

– ¡Bieeeeen!- gritaron todos a la vez y corrieron hacia el campamento. A Jim se le iluminó el rostro de felicidad. Al final llegaron y lo primero que hizo Joe fue dejar a Ed en el suelo. Éste se apoyó en su hombro, manteniéndose  con su pierna sana. Estaban todos muy agotados, pero se quedaron boquiabiertos cuando vieron el letrero de la entrada del campamento.

CAMPAMENTO DE VERANO

“LOS * PERDIDOS”

Escrito por Luis M. Sabio


REPLICANTE: PARTE 8


Los tres amigos se miraban mútuamente y luego hacia el arbusto con una tensión que parecía poder rasgarse con un simple susurro. Se encontraban temerosos por desconocer lo que se ocultaba tras esos matorrales y de pronto la incógnita se dejó ver.

– ¡Es un conejo!- exclamó Sandra; así que suspiraron aliviados mientras veían al animalito de color marrón claro que les observaba con su simpática forma de olisquear a su alrededor.

– Qué susto que nos ha dado el jodido.-dijo Joaquín.

– Con lo bonito que es. Mirad qué orejitas más graciosas tiene, como las tensa para escucharnos.- decía Eva mientras se acercaba al animal.- Ven, bonito.-dijo extendiendo el brazo, pero el conejo no se movió del sitio.- Es que mis abuelos antiguamente criaban a sus animales de corral en el pueblo. Así que crecí con ellos…los conejos y las gallinas eran mis animales favoritos. Me encantan, son adorables por mucha peste que luego huelan.

Joaquín y Sandra la observaban, pero él no dejaba de mirar de un lado a otro, pues no olvidaba el motivo por el que se encontraban en mitad del bosque de Trévelez a esas horas de la noche. Los pájaros no cantaban, el silencio reinaba y menos mal que la lluvia había cesado con su húmedo incordio. A todo esto, Eva estaba cada vez más cerca del conejo y a Sandra le asaltó una duda repentina.

– Que cosa más rara.- le comentó a Joaquín- Lo lógico sería que el animal huyese de ella, no que se acerque y se quede ahí mirandonos. ¿No?

– Pues ahora que lo dices, si que es extraño…-comenzó a decir él. Pero justo en el instante que Eva se agachaba ante la criatura para intentar acariciarla, otros ocho conejos aparecieron de la nada para rodearla. De esto ella no se había dado ni cuenta y sus amigos vieron a esos conejos acorralandola cada vez más sin dejar el ritmo compulsivo de sus hociquillos.

– ¡Cuidado Eva! ¡Ésto tiene que ser una trampa!- gritó Sandra.

Eva, al escucharla, dejó de prestar atención al conejo para incorporarse bruscamente y con las mismas darse la vuelta y contemplar lo que a su amiga había alarmado tanto. Se quedó atónita, pues jamás había visto nada igual desde Blancanieves y estos no parecían venir para bailar y cantar. En segundos, mientras le pasaba esa chorrada por la mente, más conejos salieron de sus escondites y ya se podían contar más de veinte. No supo reaccionar, quedando paralizada y observando a esos bichejos como la miraban a ella…con lo bonitos que eran, ahora de estos no tenía la misma opinión.

Joaquín miró al suelo buscando desesperadamente algo para arrojarles y espantarles. Vio unas piedras de mediano tamaño, que no dudó en recoger y lanzar. Acertó de pleno contra el cráneo de uno, que lejos de salir huyendo o caer abatido por el golpe, se convirtió en una nube de luciérnagas verdosas y luminiscentes. Cual enjambre de abejas, salieron volando en dirección a su agresor y al estar Sandra a su lado, también se convertía en su objetivo. Ambos, de forma instintiva, se dispusieron a salir corriendo para proteger sus vidas, pero unas raíces brotaron de la tierra y les sujetaron los pies firmemente impidiendo su avance. Cayeron al barro  escuchando los llantos de Eva.

Eva se había orinado encima por la situación y por si no había tenido bastante, aquellos conejos, ahora incontables para ella, iluminaron sus ojos del mismo color de las luciérnagas que estaban atacando a sus amigos. Uno de ellos saltó hacia su rostro y antes de propinarle un manotazo para apartarlo, consiguió ver unos dientes afilados de color metal. Definitivamente, no eran conejos normales…Luego se le complicó más, no paraban de atacarla ,así que ella repartía patadas, pisotones y manotazos a diestro y siniestro. Luchaba por sobrevivir, pero consiguieron morderle las piernas, desgarrando sus músculos y tendones. Sintió un tremendo dolor,  pero no le dio tiempo a quejarse por el cuando otros tres o cuatro le atacaron los brazos y quedaban enganchados a ellos. Le vencieron las piernas y perdió el equilibrio cayendo de lado entre la masa de conejos. Ella gritaba, pero nadie podía ayudarla ya, pues lo último que sintió es que le arrancaban las orejas y cada vez más partes de su cuerpo. Se desmayó y cerró el ojo que le quedaba por última vez en su existencia, pensando que estaba siendo devorada por extraños conejos híbridos o algo parecido. Estuvo equivocada, pues no estaba siendo devorada, sino que estaba siendo descuartizada en pedacitos por “destructores” con la apariencia de esos animalitos que despertaban bellos recuerdos de su infancia. Pero claro, ella desconocía ese dato, poco importaba ya si su luz se había apagado y lo último que pudo presenciar fueron sus propias entrañas escapando de su interior. Y los conejos jugaban y parecían burlarse. Disfrutaban.

Sandra quiso morirse cuando esas raíces (¡vivas!) se enredaron por sus tobillos, levantándola al vuelo y dejándola cabeza abajo a más de tres metros de altura. Veía como su novio corría la misma suerte a escasa distancia la una del otro. Por un momento se sintió como un murciélago.

Raíces que emergían de la tierra para atraparte y colgarte, era una locura, ¿estaba volviéndose loca?- pensaba Sandra. No pudo más que gritar, agitando los brazos e intentando tomar impulso para poder agarrarse a la raíz que la sujetaba. No quería que la sangre se le subiera a la cabeza, pero parecía más que complicado, algo imposible.

Al fin lo consiguió, creo que pasaron segundos, pero a ella le parecieron horas. Se enganchó y se arrepintió de momento, pues ahora podía ver de dónde procedían realmente aquellas raíces tan monstruosas. Miró hacia Joaquín, que no aún seguía con sus movimientos convulsivos, boca abajo y ella le gritó, pues no podía ser real lo que sus ojos le hacían ver.

– ¡Nene! ¡Mira! ¡Por lo que más quieras! ¡Mira!

Joaquín detuvo sus pasmódicos intentos de huída y miró. Entonces fue cuando lo vio. El árbol con dientes afilados, la bestia que Dani les había descrito cuando apareció de regreso…sin Erika.

– Mierda, estamos muertos.- lo dijo en voz alta de forma involuntaria.

A pesar de sus palabras, Sandra estaba decidida a escapar y comenzó a morder la raíz, aunque sus dientes no consiguieron siquiera arañar la superficie. Aquello estaba más duro que el metal y tampoco es que ella fuera un castor, pero la desesperación, a veces, nos hace realizar actos que jamás habríamos imaginado. Miró hacia la boca oscura con dientes deformes y brillantes en mitad del tronco. Volvió su mirada a su querido y vio que este se había rendido quedando paralizado por el pánico.

– ¡Joaquín, por dios, haz algo! ¡ Que nos va a comer vivos!- le regañó ella. El levantó la cabeza para mirarla a los ojos, estaba algo mareado y contestó mientras las raíces los acercaban más a las fauces del monstruo.

– ¿Y qué quieres que haga?

–  ¡Alto chatarra inmunda! ¡Ha llegado el alma de la fiesta!

Como pudieron, la pareja miró atrás, de donde procedió aquella voz. La bestia se detuvo en eso de abrir y cerrar su boca (si así se le podía llamar) para hacerles sudar del miedo.

Era una chica. Iba vestida con un mono ceñido de color negro. Portaba un arma un tanto singular entre sus manos y esta no dudó en disparar unos rayos verdes con ondas eléctricas del mismo tono a los conejos que estaban bañados en la sangre de Eva. Fue defensa propia, pues esos bichos comenzaron a atacarla. Con los disparos, estos se disolvían en un enjambre de luciérnagas brillantes y verdosas que se dispersaron en varias direcciones. Otras se apagaban de momento, cayendo eliminadas.

– ¡Socorro! ¡Ayúdanos!- gritaron los dos, casi al unísono. La chica disparó primero a las raíces que los tenían atrapados por los pies y luego a la dentadura metálica del gigante. Los novios caían por la ley de la gravedad, pero esa chica los cazó al vuelo con un salto asombroso y se los echó a los hombros. No podía ser humana, pero era buena. Por poco, el monstruo los aplasta a los tres con una de sus ramas más gruesas e increíblemente extensibles. Menos mal que los reflejos de AX-7 eran excelentes.

Dani, que flotaba en la esfera por encima de ella e invisible para los del exterior, se quedó atónito y dejó de quitarse algunas astillas que aún le quedaban clavadas por el cuerpo. En su muñón no quería ni pensar, ya tendría tiempo para ello. Ahora solo le mportaba seguir con vida.

AX-7 , con dos humanos a los hombros y otro sobrevolando su cabeza, corría velozmente para alejarse de aquel árbol grotesco formado por un conjunto de nanobots. Era asombroso lo que disfrutaban con producir terror y sufrimiento a los seres humanos. Tenía que salvar a estos humanos. Tomó una decisión rápida y se detuvo, posando a Joaquín y a Sandra en el suelo. Ambos se fusionaron en un abrazo y se dieron un beso. De esos besos cuando ves a tu pareja tras una semana esperándola.

– Bien.-les dijo- Escuchadme, tengo que elegir a uno de vosotros para enviaros lejos del peligro. No hagáis preguntas ahora. Tendréis respuestas más adelante, si se estiman oportunas.- Los observó por un instante con detenimiento.  Ambos tenían una cara tan estúpida que estaba segura de que si ella fuese humana, se habría reído.-Tú- dijo señalando a la chica.- Tú irás con tu amigo herido, después me ocuparé de tu chico.

– Soy Joaquín,. Me llamo así, gracias por ayudarnos, seas quien seas.- y quedó callado cogiéndole la mano a su novia.

– Eso, gracias.- dijo Sandra.- Gracias por salvarnos. Yo soy Sandra. Encantada de haberte conocido. ¡Ese árbol se movía, era fuerte y tenía una boca enorme con dientes afilados!

-…Sí, ya lo he visto.- contestó AX-7.

– Perdóname, es que estoy un poco alterada.- y le dio un escalofrío.

– Es lógico. Esta situación sobrepasa tu entendimiento humano, lo cual te provoca ese horror.

– Entonces tu no eres humana. vale, te creo, pero, ¿qué eres?

– Dije que nada de preguntas por el momento.- AX-7 levantó su brazo apuntando al cielo y luego lo bajó lentamente.

De pronto, ahí estaba Dani. Le faltaba un pie, pero aún estaba ahí. Los dos se soltaron las manos para agacharse y abrazar a su amigo.

– ¡Estás vivo!- gritaron ambos . Sandra le tocaba el pelo y el rostro para comprobar que realmente Dani estaba ahí.

– Aparta, Joaquín, levanta, que se nos echan encima.- ordenó AX-7.

Este obedeció la orden de su salvadora y tanto Sandra como Dani, desaparecieron de su vista. Lloró ante la posibilidad de que aquella hubiese sido la última mirada que le había dedicado a su novia y eso lo desolaba por dentro.

Esta en cambio, se vio encerrada de repente dentro de una especie de burbuja transparente. Palpó lo que delimitaba su espacio y gritaba el nombre de Joaquín, pero este no la escuchaba y le vio llorar, lo cual la contagió.

– Pero, ¿qué es esto?- preguntó de rodillas frente a Dani.

– Es una esfera teletransportadora.- contestó este.- No te preocupes, aquí estaremos a salvo.- Ella le miró con esos ojos de rimmel corrido y le preguntó, mientras se sorbía los mocos.

– Ésto es una locura, ¿verdad? No es que yo esté loca ni me imagine cosas que no están ocurriendo, ¿no?-

Dani la abrazó. La esfera se movió, elevándose velozmente de tierra firme.

–  No estás loca. Ya nos gustaría estarlo en estos momentos.- dijo Dani, acariciando involuntariamente su muñón.

– ¿Y a dónde nos llevará esta bola?

– No lo sé, supongo que a algún lugar seguro. No sé mucho más que tu, creo. Te haré un resumen por el camino.

– Vamos muy rápido. Me estoy mareando viendo el bosque y las montañas tan debajo de nosotros a la luz de la luna. Pero no noto la velocidad que llevamos. Es raro, ¿tú crees que son extraterrestres?

– No, no lo son.

En ese momento, Dani le contó con detalle lo que le había sucedido esa noche, que tan larga se le estaba haciendo. Comenzó por cuando salió en busca de leña junto a Erika hasta acabar metido en la esfera con ella, volando através de la oscuridad nocturna y adornada de estrellas. Acabando su versión, Sandra hizo lo mismo por su parte, omitiendo detalles íntimos e innecesarios de contar. Acabó llorando por Eva. Recordaba sus gritos. El horror atrapado entre sus amigdalas.

– Espero poder volver a ver a mi media costilla.- dijo.

– No te preocupes por Joaquín. Esa tía es fuerte y conseguirá protegerle.- dijo Dani, muy convencido de sus palabras.

– Eso espero. Eso espero.- suspiró Sandra.

 

 

Escrito por Luis M. Sabio


LOS NIÑOS PERDIDOS. Capítulo 1º


Bueno, primero he de decir que esta “novela” la escribí hace más de 14 años y no se si en la actualidad podría gustar. Haré leves cambios en la misma, pero la narración será diferente a mi anterior historieta. Espero que os gusten las aventuras y disfrutéis como yo lo hice cuando la escribí siendo un niño. Gracias por vuestras visitas, siempre reconfortan y te hacen sentir que escribir este blog merece la pena.

Introducción

Un día, un grupo de amigos salieron de sus casas situadas en un pueblo, para jugar a la pelota. Eran cuatro; dos chicos y dos chicas. Tenían edades comprendidas entre los 11 y 16 años.

Ellos se llamaban Bob y Cristian. Bob tenía 11 años, siendo el menor del grupo y Cristian tenía 13 y era bastante listo, a veces. Ellas se llamaban Kelly, que era la mayor y después Sara, que tenía 14.

Si, tenían una diferencia de edad, pero si me preguntan cómo podrían tener tanta amistad, no lo sé. Quizás la personalidad de cada uno y que en un pueblo, pues eso, que es muy pequeño y casi todos se llevan bien.

Bob y Sara eran hermanos. Su padre se llamaba Tom, que era un hombre muy ocupado, abogado y carente de sentido del humor. Su madre, Kate era una mujer atractiva, simpática y graciosa, pero sobre todo una buena madre y ama de casa.

Cristian tenía unos padres aburridos en su opinión. Su padre, Bill, trabajaba en un taller mecánico. Los fines de semana iba con él para hacerle compañía. A su madre, Dolly, la veía como una gorda que no paraba de tragar, no le gustaba la limpieza en absoluto. Lo único que se le daba realmente bien era preparar comidas, desayunos abundantes y cenas deliciosas. Ellos nunca solían escuchar a su hijo y se evadían de los problemas personales de su hijo único.

Kelly sólo tenía una madre que se llamaba Sue. Sus padres se divoriciaron y a los dos meses, George, su padre, decidió suicidarse a base de píldoras y cayó por el balcón de un octavo piso. Aquella fue una época terrible para ella. Después, su madre comenzó a sentirse culpable y ahogaba sus penas en el alcohol. Kelly ya sabía las situaciones de la vida, que no siempre eran de color de rosa. Hacía todo lo posible por estudiar para en un futuro, poder optar a un trabajo digno. En el instituto, la odiaban por ser la empollona y en realidad, lo único que hacía era dedicar dos horas diarias al estudio y luego demostrar lo aprendido.
En fin, creo que ya he explicado de forma breve, suficiente información sobre sus familias y parte de sus vidas.
Bob, como ya dije, era el menor del grupo y le caracterizaban su timidez y su gran imaginación. Le llamaban Bobby. Su hermana Sara, en cambio, no era para nada tímida, participaba en el taller de teatro de su colegio, le gustaba cantar y bailaba en las fiestas del pueblo.

En este pequeño grupo, también se encontraba Cristian, un chico inteligente que aportaba sus opiniones y aceptaba consejos de la mano de Kelly. Tenía un carácter algo pesimista, pero por lo demás era un chico estupendo.

LA CASA DE CRISTIAN

Cada cual volvió a su casa, quedando a las tres de la tarde para volver a encontrarse. Sólo faltaba una hora y así podían seguir jugando, conversando y pasando un rato agradable en vez de acartonarse en el sofá ante la caja tonta. Cristian entró angustiado a su casa con ese olor a pescado frito que tan poca gracia le hacía. El era un chico muy delgado, por lo que su oronda madre le obligaba a comer y siempre que podía, le echaba el pescado al perro.

Su padre estaba sentado en la mesa, bastante sudoroso y sucio, comiendo con ansias, como si se tratase del último almuerzo. No es que tuviera ninguna prisa, sólo era una costumbre fea y desagradable de presenciar. Su madre se tragaba literalmente el pescado sin hacer aspavientos con las raspas (lo que entra ya saldrá, era su lema).

– Hijo, ¿qué piensas hacer cuando seas mayor?- le preguntó su padre con la boca llena de comida que se desbordaba y visitaba de nuevo la mesa. Él con algo de asco y congoja, le contestó:

– No lo sé. Aún no he pensado en ello.- y su madre le replicó.

– ¡¿Qué quieres que haga este desgraciado hijo mío?! Lo único que hace son tonterías. Porque mira, seguro que lo ponemos junto a un palillo y ni siquiera se le ve de lado. Además, no se notará la diferencia y en tan poco sitio no hay cabida para un buen cerebro que le deje pensar.- Cristian no conseguía enlazar qué tenía que ver su mente con su peso, pero era mejor no contestarle para llevarse un azote.

– Es verdad, hijo.-contestó su padre, pero le hizo un leve guiño de ojo a su hijo y éste le sonrió.- Debes comer algo más, pues el estrés del cole no debe quitarte el hambre.

Así fue como su padre detuvo aquella conversación tan estúpida que no habría soportado por mucho más tiempo. Sólo tenía 13 años y aún no tenía prisa por descubrir lo que iba a ser en el futuro. Miró al reloj que marcaba las tres y salió corriendo de la casa sin recoger su plato.  Dolly miró a su marido con enojo y dijo:

– ¿Cuándo aprenderá este niño?…¡Ay! ¡Me he quemado! -“Eso le pasa por tragona”, pensó su marido, y le entró la risa floja delante de su esposa…o ballena, Dolly.

-¿De qué te ríes? No le veo la gracia. – dijo esta.

– Pues yo sí.- contestó Bill sin poder dejar de reír.- Es que podrías soplar antes de engullir.

-¡No te burles de mí!- gritó Dolly bastante furiosa y se levantó para coger la tapa de la olla y golpear a su marido en un hombro.

– ¡Aaah! Me has hecho daño, ¡gordita!

– ¿Gorda yo? ¿A mi me dices eso? ¡No te lo consiento! ¡Eso no!

PLOF!

Le volvió a golpear el otro hombro a su marido.

– ¡Estás loca! ¡Asquerosa, gorda, foca! ¡Quiero el divorcio!- gritaba Bill.

– ¿El divorcio? ¡Yo si que te voy a dar divorcio, capullo ignorante!

Dentro de la casa de Cristian se formó un alboroto que se escuchaba en casi todo el vecindario, el cual, por supuesto ya estaba curado de espanto con esta familia, pues era el pan de cada día. La comidilla de las “marichachis”, la prensa rosa del barrio.

EL CAMPO Y LA CIUDAD

Cristian corrió mirando hacia atrás y chocó con Sara, que estaba hablando con su hermano Bob. Iban caminando hacia la casa de Cristian para recogerlo. Hablaban de comercio, una conversación un tanto extraña, pero para ellos no lo era.

– Perdón.-dijo Cristian

-No pasa nada, pero tienes que mirar más por dónde vas.- dijjo Sara.

– Oye.-dijo Bob- ¿Por qué no llamamos a Kelly y nos vamos al campo?- Bob y sus ideas de crío.

– ¿Qué campo?- preguntó Sara.

– Pues el que hay detrás de aquellos árboles que se ven al fondo,¿Verdad, Cristian?

– Sí, es cierto, pero me extraña que nunca lo hayas visitado.- contestó este.

– Pues no. Nunca he ido, así que no lo he visto. ¿Os parece buena idea?

– ¡Es increíble!- contestó Cristian entre risas.

– ¡Parad de reíros!- dijo Sara- Vamos a llamar a Kelly, que me habéis hecho sentir curiosidad por visitar el lugar.

Los tres seguían hablando mientras caminaban hacia la casa de Kelly. Cuando llegaron a ella, Bob subió las escaleras para tocar a la puerta, pero ésta se abrió antes para mostrar a Kelly preparada con una mochila.

– ¡Qué! ¿Nos vamos a dar una vuelta por ahí?- Bobby se quedó casi sin habla.

– Bueno, nosotros veníamos a preguntarte si nos íbamos al campo aquél.-dijo el peque señalando en dirección a su deseo.

– ¡Pues vamos allá!- exclamó Sara emocionada- ¿Llevas las cosas para comer y algo de lectura?- le preguntó a Kelly.

– Por supuesto, ¿Cómo no iba a llevar yo las cosas?- dijo Kelly con una radiante sonrisa y una pizca de burla.

Mientras caminaban hacia el campo, Kelly hablaba con Sara sobre problemas de chicos…

– Bueno, tu no tienes que preocuparte por nada de eso, aún eres joven, son unos estúpido incontrolables, ¿sabes? En verdad yo tampoco los entiendo muy bien. En el instituto todos me insultan sólo por ser más lista que ellos. Son unos envidiosos.

– Sí, pero tu misma dices que son estúpidos.- Cristian las  miró con enfado.- Bueno, algunos chicos, pero como digo, algunos. No todos tienen porqué serlo. Ni el chico que me gusta, ¿no?

– No tiene que ser estúpido ese chico precisamente, pero si quieres una relación seria, tienes que andarte con cuidado porque se te das la vuelta, los toros se pueden asomar.- contestó Kelly.

-¿Los toros? ¿Qué tienen que ver en el amor?

– Me refiero a los cuernos, a la infidelidad, que más da como lo expreses.

– ¡Ah,vale! Ya sé lo que quieres decir. Lo de que mientras sale conmigo, se va también con otra chica a mis espaldas.

– ¡Exacto! De tonta no tienes ni un pelo. Eso es más normal de lo que puedas suponer, pero ya tendrás tiempo de averiguarlo.

Los chicos, en vez de eso, iban a otro rollo totalmente distinto.

– ¿Hacemos una carrera?- preguntó Cristian.

– Vale, pero llegaré al campo antes que tu, seguro.- le contestó Bobby.

– No estés tan seguro, pequeñajo..- y Bob comenzó a correr- ¡Eh! ¡Eso no vale!- y corrió tras él.

– ¡Todo vale en esta vida, Crisi!

-¡No vuelvas a llamarme así!- le gritaba Cristian, que apenas podía alcanzarlo. Bob era como una mini-avestruz.

Las chicas también se apuntaron a la pequeña carrera y cuando llegaron, Kelly sacó de su mochila  un mantel bastante grande que extendió sobre la hierba bañada de rocío. Cristian la ayudó a extenderlo y a poner las cosas de la merienda en medio. Cerca de ahí había un pequeño lago y Bobby se entretuvo en tirar piedras planas  sobre el agua.

– ¿Qué libro has traído hoy?- preguntó Sara con algo de impaciencia.

– Uno con historias de miedo. Se titula “La puerta de Mal”.- contestó Kelly.

– Yupiii, tiene que ser una historia de pu…- comenzó Bob.

– ¡Calla! No hace falta que digas palabrotas.- le cortó Cristian.

– Perdón, se me escapaba. A veces no puedo evitarlo, me vienen solas.- se avergonzó un poquito.- ¿Y si luego nos bañamos en el lago? Hace mucho calor y podemos bucear y nadar y jugar.

-¡Bob!- le gritó Sarita.

– ¿Qué?- contestó Bob algo asustado.

– Déjate de fantasías ahora y vamos a escuchar la historia que ha traído Kelly.

Su hermano le hizo caso y Kelly tomó la palabra empezando a leer el libro de miedo en voz alta poniendo cara de situación entreteniendo a su fervoroso “público”.

– (…) y Hans cogió la cruz y se la puso en la cara a aquel demonio nocturno. Jessica lloraba y gritaba buscando alguna solución para cerrar esa maldita puerta. Hans hizo retroceder al ser demoníaco. Sus dientes eran afilados y seguro que le desgarrarían la piel si se decidiera…

– ¿Cómo?- Preguntó Bob bastante inquieto.

– Que no voy a seguir, ya he leído bastante por hoy. Dejaremos algo para otro día.

– ¿Por qué?- preguntaron sus amiguitos al unísono. En realidad ella se sentía como una canguro, pero estaba encantada con ello.

– Pues porque el libro es mío y ahora me apetece ir en bici a la ciudad. Además, ya ha pasado casi media hora y tenemos que comernos todos estos deliciosos sándwiches.

– Bueno, genial.- comenzó a decir Bobby- Pero mañana nos sigues contando esta historia que está de put…

– ¿Otra vez, Bob?- le regañó su hermana- ¿Otra vez tengo que decirte que no digas palabrotas?

– ÑAM, ÑAM. Perdona, pero es que no tengo otra cosa que decir.

Todos comenzaron a reír a carcajada limpia. Acabaron de tomarse la merienda y recogieron sus bártulos con emoción por la excursión en bicicleta que Kelly había planeado improvisadamente. Cristian no tenía bicicleta, pero iría de paquete con Kelly.

Fueron a sus casas para pedirles permiso a sus respectivos padres y tras recibir su bendición con el típico “tened cuidado”, salieron con sus bicicletas a realizar su pequeño viaje.

– ¡Vamos allá!- gritaba Bob- ¡A la gran ciudad!

– Y porque es tímido, si no llega a serlo, vete a saber…se ha enterado medio pueblo.-se burló Cristian.

– ¡Calla ya, Crisi!- le espetó el pequeño. Cristian se rió.

Iban por el camino cantando y gritando de alegría hasta llegar a la ciudad. No todos los días iban hasta allí y tenían la tranquilidad de que al día siguiente no había obligaciones con los estudios, pues las vacaciones habían comenzado y las notas del curso ya no les preocupaban porque habían sacado unas notas estupendas. Todos “sobresalían”, aunque Kelly había sacado un Bien en Matemáticas, pero estaba más que aprobada. Ya tendría tiempo de subir la nota.

Llegaron a la ciudad y se relamieron los labios con las golosinas de los escaparates con sus chocolates, bollerías, pasteles y caramelos. Lo cierto es que aquel día no había apenas tráfico, así que pedaleaban por mitad de las carreteras cuando de pronto les llamó la atención un hombre ataviado con una gabardina que estaba repartiendo unos folletos a los viandantes. La curiosidad les pudo y decidieron acercarse para obtener uno de esos anuncios.

Aparcaron sus bicis un poco más adelante y Cristian empezó a leerlo para que los demás lo oyesen (Como si no supieran leer los demás)

– Campamento de verano “Los * Perdidos”. Éste verano vais a pasarlo bien. Dejad viajar a vuestros hijos e hijas y jamás volverán igual. Una experiencia única de diversión y conocer nuevos amigos que nunca olvidarás. Éste precio incluye alojamiento y todo el equipamiento necesario para las sorprendentes actividades que se realizarán. Excursiones de senderismo, aventuras sin igual, deportes, acampadas en la montaña. Diversión total garantizada. Vengan a “Los * Perdidos” y nunca lo olvidarán. Estancia para esta temporada de verano. Proyecto con novedades sin precedentes…- Cristian levantó su mirada del folleto.- ¡Ésto es genial!

Los cuatro se miraron sorprendidos con unas sonrisas que delataban sus ilusiones, así  que cogieron sus bicicletas y regresaron al pueblo.

– ¡Al campamento de verano “Los * Perdidos”!- gritó Bobby. Los demás le miraron y Kelly movió su cabeza de un lado a otro sin perder su bella sonrisa.

– No tenéis remedio, chicos.- dijo.

Pedalearon entonando una canción: ¡Al campamento! ¡Al campamento! ¡Oe, oe, oe! ¡Al campamento, al campamento, oe, oe, oe!- agitaban una mano con el puño al aire y toda la gente que se cruzaban se les quedaban mirando como si fueran bichos raros, pero a ellos no les importaba, pues estaban en su mundo, con la esperanza de poder disfrutar de aquella experiencia única y Kelly disfrutaba con verlos tan felices.

 

 

Escrito por Luis M. Sabio


REPLICANTE: PARTE 7


“Empecé a sentirme mareado y asustado. Quería largarme de allí antes de que se hiciera completamente de noche (…) Pero no podía irme. Algo profundo dentro de mí,-tan profundo como el instinto que hace que sigamos respirando- insistía en ello. Sentía que si me marchaba, ocurriría algo terrible, y quizá no solo a mi. Esa sensación de lo etéreo me barrió de nuevo, como si el mundo fuera muy frágil en ese lugar, y una persona pudiera provocar un cataclismo inimaginable.”

Extracto del relato “N.”

Cuento recopilado en “Después del anochecer.” de Stephen King

EN LA CASA

Tocaban a la puerta de la casa donde planearon tener el mejor cumpleaños celebrado jamás y Jennifer esquivaba a Joaquín en lo alto de las escaleras para acceder a la planta superior.

TOC! TOC!

– ¿Hola? Perdonad, necesito llamar por teléfono.-se escuchaba tras la puerta y la tensión se podía masticar- No encuentro a mi novia. Necesito ayuda, por favor, está en tratamiento y necesita su medicación. Si no la toma, no sé de que sería capaz.

Pablo miró a Dani fijamente.

– ¿Tú que dices? ¿Abrimos?- Hablaban casi en susurros.

– No me fío, ha dado demasiadas explicaciones, ¿no crees?

– Pero, ¿y si es verdad que esta chica está loca y se tiene que medicar?

– Mírame Pablo- cogiéndole de la barbilla- ¿Crees que yo estoy loco? A mi todo esto me parece una locura, pero sé lo que he visto.

– Pues no abrimos y ya está. Estoy cagado, se me ha quitado hasta el ciego que llevaba a cuestas. Ésto me supera.

– A mi también.- contestó Dani.

TOC! TOC!

La puerta reventó desapareciendo en forma de astillas punzantes que se les clavaron a ambos por todo el cuerpo y el impacto de la explosión de la puerta les hizo caer. Se hizo añicos como si el mismísimo Chuck Norris la hubiese abierto. Una bestialidad, vamos. Tras la nube de polvo y lluvia astillada, apareció un joven con un ténebre semblante entre sombras que no dejaban distinguir bien sus facciones.

Joaquín, en el momento de la explosión, corrió en busca de las chicas para sacarlas de allí. Era hora de poner pies en polvorosa. Dani abrió los ojos y vio a ese chico acercarse a su amigo indefenso, que se encontraba tumbado bocabajo,  para pisarle la espalda. Pablo, atrapado bajo su pie como si el chico pesara 500 toneladas, no soportaba el dolor y respiraba como si en ello le fuera la vida. El chico le habló.

– Tú no eres de Supreme. ¿Dónde están? Humano inepto; habla o muere.

–  ¡Aaaay! ¡No sé ni de qué me hablas!

 De pronto, a ese chico se le alargaron los dedos de la mano derecha. Éstos se enrollaron en la cabeza de Pablo. Dos de esos “dedos extensibles” se metieron por sus oídos, otros dos por la nariz y el restante por la boca sin que éste pudiera hacer nada y mientras, Dani se meó encima. El chico tiró sin esfuerzo alguno de su mano deforme, arrancando el rostro de Pablo que aún aullaba de dolor.

Dani ante la escena intentó salir de allí, pero justo cuando llegó al primer escalón implorando socorro a Joaquín, esa cosa lanzó el cuerpo aún convulso de su amigo hacia la chimenea. El color crema de la pared se moteó de carmín a chorretazos.  Los ojos del muchacho se tornaron verdes eléctricos y al abrir la boca, expulsó una lengua camaleónica bastante afilada que se enredaron en su tobillo derecho. Se lo cortó de cuajo y se tuvo que sostener de la barandilla para no caer bruscamente contra los escalones. A pesar de eso, su mano se resbaló y cayó de costado contra el pico de un escalón. Escuchó como varias costillas le crujieron al golpearse en el lado izquierdo y ese inmenso dolor se le añadió al “fuego” que le subía de su pierna cercenada.

– No, no, noooooooo, ¿qué quieres? No se nada de Supreme . -sollozaba Dani- ¡Dios mio de mi vida, no me mates!  ¡Por lo que más quieras!

– Quiero que sufras.- dijo el ser.

– Te ahorraré el placer.- dijo de pronto una voz femenina tras éste tan solo un segundo antes de dispararle con un extraño artilugio que despidió unos rayos eléctricos que envolvieron a ese ser. Dani no pudo más que observar horrorizado como esa cosa se desintegraba y se dividió en puntos verdes fluorescentes que salieron volando de la casa, aunque muchas de ellas cayeron al piso totalmente inutilizados. Contempló a su salvadora, que analizando con su mirada cada recoveco del salón, se le acercó. No supo que hacer, pero en ese instante, le pareció la chica más atractiva del planeta. Era como un personaje de los videojuegos a los que jugaba con Pablo, de cuerpo presente.

– Gracias.- consiguió decir.

Ésta, sin mediar palabra, puso su mano sobre el muñón ensangrentado que le había quedado en el pie derecho. A la chica se le iluminaron los ojos de un color azul eléctrico y su mano hizo lo mismo. Ardía, aquella mano ardía como si le estuviesen quemando con una plancha industrial. Sus gritos de dolor se unieron al humillo que brotó de su herida.

– Deja de quejarte, vamos a largarnos de aquí. Me llamo AX-7, ¿Y tú?

-…me, me, me, me llamo Daniel, pero puedes llamarme como quieras. No sé como podré irme de aquí, me falta un pie y solo te voy a retrasar. Seré un estorbo.

– Eso no es un problema.- AX-7 se agachó y lo cogió sin esfuerzo llevándoselo al hombro y pisando los restos del ser que atacó al chico, salió de la casa.

-Espera.-dijo Dani.- Hay amigos míos en el dormitorio de arriba y una chica que llegó hace un rato.

– Arriba no había nadie, se habrán marchado por una ventana. Podrían estar en un aprieto, no es la mejor noche para andar por este bosque.

– Por cierto, ¿qué era eso que ha matado a Pablo? ¿Un extraterrestre?

– La imaginación humana es desbordante, pero limitada por ellos mismos. No es momento de preguntas.- AX-7 posó a Dani en la entrada de la casa y sacó un brazalete de su muñeca, que se abrió a modo de compartimento. Se lo lanzó y el chico se vio envuelto en una especie de burbuja, pues veía a su extraña salvadora y todo lo que estaba a su alrededor, pero estaba encerrado. ¿Qué era eso? – Necesitaré las manos libres. Llevaré la esfera por control remoto, volarás por encima de mí. No toques nada si quieres evitar morir o acabar en el cretácico.Si no nos vamos ya de aquí, esos nanobots que han conseguido escapar vendrán con refuerzos y no te gustará, creeme.

La esfera comenzó a levitar y a seguir a la chica que corría a la parte trasera de la casa con el arma en alto, adentrándose en el bosque que ella misma había calificado de peligroso. No le quedó mas remedio que quedarse sentado, impactado por estar volando en una burbuja, recordando a su amigo muerto y acariciando su muñón.

sábanas

Mejor no me contestes, haré un esfuerzo por nuestras vidas.

UN POCO ANTES

Sandra y Eva temblaban mientras se vestían. Hicieron caso de aquella chica que había irrumpido hacía unos minutos en la habitación cortándoles el rollo.

BRAKABUM!

– ¿Has oído eso?- preguntó Eva.

– Claro que lo he escuchado.-contestó Sandra atónita, las dos tenían los ojos como platos- Algo ha explotado.

– Tenemos que irnos, esto no me gusta nada.- Eva se acercó a la ventana y la abrió. Sandra también se puso a su lado y ambas vieron a la intrusa de antes correr hacia el bosque.

– ¡Eh, tú! ¡Espera! ¡No te vayas, ayúdanos!- gritaron, pero la chica hizo caso omiso de su suplica y se perdió de vista.

-¡Qué puta!- exclamó Sandra. Eva corrió a la cama y cogió las sábanas.

– Ayúdame a anudarlas, las atamos a la pata de la cama y salimos por la ventana.

La puerta volvió a abrirse de golpe y ellas gritaron, era Joaquín con la cara desencajada, que cerró la puerta de golpe tras de sí.

– Tenemos que largarnos, no os creeríais lo que ha pasado. La puerta ha reventado.

– ¡Échanos una mano!- le espetó Sandra.

-¿Vamos a morir?- preguntó Eva.

– No lo sé.- Eva habría preferido un silencio como respuesta y Joaquín les ayudó. Ataron tres sábanas, con eso bastaría y la engancharon como habían planeado a una pata de la cama, la cual acercaron a la ventana lanzando al exterior su cuerda fabricada a modo McGyver. Eva fué la primera en salir al frío de la noche y se deslizó hasta el suelo. La siguió Sandra, la cual tuvo que aguantar los nervios de Eva hablando en voz baja.

-Vamos, vamos, vamos, vamos.- decía.

Mientras Joaquín observaba como Sandra bajaba por la sábanas, escuchó a Pablo aullar de dolor. Aquello no le gustó en absoluto y decidió no esperar a que su amiga posara los pies en la tierra. Se sentó en el alféizar de la ventana y se enganchó a una tubería que había a su derecha. Bajó tan veloz que llegó a la vez que Sandra. Ambas lloraban y éste las agarró de las manos huyendo en una dirección perdida de antemano. Cualquier lugar era mejor que aquél o al menos eso pensó en aquel momento.

Cuando llevaban corriendo lo que les pareció una eternidad, Eva se detuvo.

-Pero, ¿a dónde vamos? Nos estamos perdiendo.- apoyó sus manos en las rodillas respirando entrecortadamente.- Creo que como sigamos corriendo, voy a morir de asfixia.- Sandra se le acercó acariciando su cabeza.

– Venga, Eva. Tenemos que procurar alejarnos de aquí, cariño.- le decía- Puedes hacerlo, tenemos que hacerlo y pedir ayuda.

– Es tarde para ellos, pero nosotros tenemos una oportunidad para escapar.-dijo Joaquín y aprovechó para robarle un beso a su novia. Ésta se lo agradeció con la mirada.

– ¿Tarde para ellos?- preguntó Eva.- Mejor no me contestes, haré un esfuerzo por nuestras vidas.

-¿Qué es lo que sabes, nene?- preguntó Sandra.

– Que Erika está muerta, vino Dani y nos lo dijo, pero alguien hizo volar la puerta. La tal Jenny esa que llegó antes dijo que habían matado a su novio y que lo que había esperando tras la puerta tenía su voz, pero que no podía ser su novio y de alguna manera sabía que ella estaba allí.-Joaquín decidió omitir el detalle de que Dani gritaba que había sido un monstruo el que había matado a su amiga. No le hacía falta asustarlas más de la cuenta, pero él no dejaba de mirar a todas partes, alerta de cualquier posible movimiento extraño.

-¿La buscaba a ella?-Se asombró Eva- Dije que mejor no contestaras, no quiero saberlo.

– ¡Escuché gritar a Pablo de dolor!¡Por dios, enfréntate!-le gritó Joaquín- No sé a qué, pero tiene que ser super fuerte para reventar una puerta así. No sé si la buscaba a ella o no, pero nos encontró a nosotros. Sea lo que sea, quiere matar.

Un ruído tras un arbusto les hizo quedarse paralizados. Los tres dieron unos pasos atrás y se intentaron esconder tras los árboles. El arbusto se movía, había algo ahí a punto de salir.

Escrito por Luis M. Sabio


REPLICANTE: PARTE 6


“SUPREME”

– ¿Cómo que no hay tiempo? Merezco una explicación de lo que está pasando.- dijo María.- ¿Por qué me apartas de un manotazo? ¿Cómo puedes estar llevando un arma? ¿Cuánto tiempo he estado dormida?

– Te lo explicaré en un momento, pero para empezar te diré que ni soy Jorge, ni tu eres María. Mi nombre es AX-8 y tu eres una replicante.

Se dio la vuelta y comenzó a andar por los pasillos, iluminados precariamente con neones azulados por el techo y el suelo. El arma en alto siempre preparado para cualquier imprevisto. Su salvador, Leafar y la chica corrian tras el quedando María un poco rezagada. Giraron a la derecha, luego a la izquierda, de nuevo a la derecha, bajaron unos escalones que flotaban en el aire (no le dio tiempo de analizar la situación), todo demasiado deprisa, hasta que Leafar dijo:

– Aquí, ésta ser.

– Abrela ya.-  le ordenó AX-8.

Leafar la activó y la “persiana” bajó. Entraron y se relajaron un poco cuando la puerta se cerró. María y la chica se quedaron boquiabiertas ante el espectáculo. Jamás habían visto tanta maquinaria junta y menos tan sofisticada que parecía sacada de alguna película disneyana con toques alienígenas. ¡Cuánto color! Aquello era un laboratorio enorme.

– Tenemos que enviarlas al 2012 con AX-7, necesitará su ayuda.- comentó AX-8.

– Sabes que eso no ser posible, amigo, pero si ella te lo ordenó, tendrá un plan alternativo trazado. Haré lo posible- contestó Leafar. Se dirigió a una pared lisa que había al fondo.- A ver que tener aquí…

– Quiero saber de que estáis hablando, ¿qué buscais?- preguntó María y luego miró a la chica- ¿A ti te han explicado algo?

– Si, claro que me explicaron,prácticamente me contó su vida antes de arrancarme de mi Tierra y arrastrarme aquí en una bola voladora, habían matado a mi novio y por lo visto eran peligrosos. No entendí nada, tía, no me contaron nada, estoy casi peor que tú. Sólo se que aquí yo soy la única humana y que te necesitan para que salves a la humanidad.

AX-8 se acercó al escucharlas cuchicheando.

– Ésto en realidad no tiene nada que ver con vosotras, bueno en parte sí contigo (señaló a María) tu eres una creación muy valiosa para Supreme…el primer ser humano creado por ellos. A eso le llamamos replicantes, clones lo llamábais vosotros. Tenemos una misión que afrontar y siento no poder explicarte los detalles, pero tenemos que regresar.  Toma (le dio un arma a María), sabrás com usarla, serás humana, pero tienes unos chips instalados para que les seas una mascota útil y manejable.

– Espera un momento, tengo que afrontar esto…¿Y esta nave no la controla nadie?¿Cómo es que  no vienen más como Leafar a matarnos?- divagó Maria.

– Ésto no es una nave, es un edificio corriente, quizás un poco más alto de lo normal…estamos en la Tierra, te lo digo por si lo dudabas. El caso es que AX-7 te necesita allí porque tienes un poder oculto que te instalaron por recomendación de ella, pero no de manera oficial y éste tipo (Leafar) fue quien te acabó de diseñar y crear.

– Y muy bien que ha salido mi bebé, mi criatura.- dijo este sin dejar de teclear en la nada, de pronto, en la vacía pared se comenzaron a encender pantallitas. Leafar tecleó un código en un teclado que flotaba en el aire y tras una intensa espera de 0,3 segundos, aparecieron en todas las pantallas la misma palabra: MARI-AX.

Corre, Jenny, corre!

¿Ha llegado el fin del mundo y seré la primera en morir?

JENNIFER VUELA ALTO

Jennifer apenas podía correr ya; estaba empapada y muerta de frío. Los árboles le parecían todos iguales y la lluvia le borraba las lágrimas del rostro. Cuando empezaba a perder toda esperanza por culpa del flato, divisó a poca distancia lo que parecían las luces de alguna vivienda no muy retirada de la carretera principal. Cambió deprisa de dirección, corriendo hacia a aquellas luces como hizo Caroline. Aún no gritó pidiendo auxilio, pues temía que aquella cosa que había matado a su Antonio (y tomado su forma) la escuchase y eliminase de la faz de la tierra.

Llegó a la entrada de lo que resultó ser una casa rural. De su interior provenían sonidos de una canción de Amaral mezclada con los comentarios de un partido de fútbol. No le importó en absoluto, miró el vehículo que había aparcado en la puerta (¡una salida!). No dudó en aporrearla con las pocas fuerzas que le quedaban y le pareció un minuto infinito lo que tardaron en abrirsela. La recibió una chica en camisón blanco y su largo cabello negro ocultaba su rostro. Su reacción inicial fue gritar y pegarle un puñetazo limpio en toda la cara.

– ¡Hostias!- exclamó Pablo cubriendose, ya tarde, pero por si acaso venían más…

Jennifer se llevó las manos a la cabeza.

– Uy, perdón, perdón, perdón.

Se acercó a el cogiendole de los brazos para ver si se encontraba bien. Pablo se arrancó la peluca lanzándola al sillón más próximo y luego se detuvo un momento a analizar con la mirada el rostro de la dulce invitada sorpresa. Un hilillo de sangre le corrió desde la nariz y éste se lo limpió con la manga.

-¿Tú quien eres?

– Perdón, me llamo Jennifer, por favor, tienes que ayudarme a alejarme de aquí. He visto que tienes coche. ¿Dónde están las llaves? Vámonos, que algo raro está pasando y han matado a mi novio.- Pablo alzó las manos (STOP) pidiendo que detuviese sus argumentos.

– Espera un momento. ¿Que han matado a tu novio?¿Dónde?

Justo en ese instante fue cuando Pablo se fijó relamente en el aspecto de Jennifer. Estaba empapada y su ropa manchada de lo que parecía sangre y barro. La volvió a mirar a los ojos y todas las ganas de cachondeo que tenía, escasos dos minutos antes, se esfumaron en un santiamén. Había que actuar en frío, desde luego.

– Cierra la puerta.- le ordenó a la chica- Vamos a llamar a la Policía . Sobre todo debemos mantener la calma.- se acercó a la mesita que había ante el televisor para coger su móvil.- ¡Vaya! No hay cobertura, qué típico. Cuando realmente los necesitas no hay cobertura, se te ha gastado el saldo o no te queda batería. Joder, ¡qué asco más grande!…¡Joaquín! – mirando al final de la escalera- ¡¿Habéis acabado ya?! ¡Necesito que bajes un momento!¡Es urgente!…cabrón.(Ésto último lo dijo más bajito, pues había escuchado el frenesí que tenían montado…se estaba follando a su novia y a la chica que amaba en secreto.)

– ¡Un momento, ahora mismo bajo!- se escuchó decir a Joaquín. Jennifer rompió a llorar y Pablo no supo si pensar que esa chica contba la verdad o es que se trataba de una loca que se había cargado a su novio. La cosa no pintaba bien. Nada bien.

POM! POM! POM! POM!

Golpearon la puerta fuertemente y Jennifer, que la tenía a sus espalda, dio un respingo soltando un grito ahogado. Pablo le hizo señas para que permaneciera en silencio y se acercó a la puerta sin mirilla.

POM! POM! POM! ¡ABRID LA PUERTA MALDITA SEA!

Reconoció esa voz.

– ¡Es Dani!- suspiró aliviado y abrió la puerta. Dani se abalanzó a el antes de que esta se abriera por completo, tenía los ojos desorbitados e inyectados en sangre. Lo cogió del camisón y entre una respiración entrecortada, balbuceó palabras desesperadamente. Pero por desgracia, por más atención que querían prestarle, Jennifer y Pablo no conseguían entenderle una palabra.

– ¡Relájate! ¿Qué ha pasado?

Dani retrocedió para cerrar la puerta echando el cerrojo y la cadena.  Ahí apoyado, el temblor le confirió un aspecto de un  niño pequeño cuando se asusta en la oscuridad y escucha ruidos extraños que no existen. Al estarse quieto, un charco comenzó a formarse a sus pies. Se dio la vuelta sin dejar de apoyarse en la puerta y Jennifer se fijó en que este tambien tenía manchas de sangre y barro en la ropa.

– Erika está muerta.-sollozó este.

– ¿Qué dices?- preguntó Pablo, casi lo exclamó.

– ¡Que Erika está muerta, coño!- las lágrimas le traicionaron y decidieron escaparse por sus mejillas. Jennifer se dirigió hacia el.

– Tambien han matado a mi novio, quien sea, vendrá a por nosotros, estoy segura. ¿Y las llaves del coche?

– ¿Tu quien eres? Tenemos que llamar a las autoridades para que venga por lo menos el ejército.

– ¿El ejército? – intervino Jennifer- Los teléfonos no funcionan, señorito. No hay tiempo que perder. Soy Jennifer y dejad ya de una maldita vez de preguntar quién soy. Soy una víctima que necesita ayuda.

Joaquín asomó por las escaleras algo desaliñado.

– ¿Qué demonios está pasando aquí? ¿Quién es esa?

“Esa” corrió escaleras arriba y se detuvo a un palmo de el.

– ¡Está muriendo gente ahí fuera! Llevo una noche paranoica y no se si es peor eso que encontrarme con unos imbéciles que no dejan de hacer preguntas estúpidas. Así que dímelo tú; ¿dónde están las llaves del puto coche?

– No te acerques ni un milímetro más, pirada.- miró a sus amigos- Explicadme un poco más de que va esta película, porque no me estoy enterando.

– ¡Hay un monstruo en el bosque!- gritó Dani.

Todos le miraron y el ambiente quedó en un silencio sepulcral por unos segundos, hasta que Dani decidió seguir hablando.

– Escuchadme…ví un árbol gigante con dientes afilados que corría tras nosotros, apareció de repente, no tuve…no tuvimos tiempo de reaccionar demasiado. Agarró a Erika, la levantó y la partió en dos como si fuera una ramita seca. Sé que parece una locura, pero os juro por lo más sagrado que desearía que lo fuera o que me despierte ya de esta pesadilla.

– ¿Dónde está ese árbol?- preguntó Pablo algo excéptico.- Mira, que yo estoy fumado, pero tú estás peor. Estás mezclando un asesinato con El señor de los anillos.

TOC! TOC!

Los cuatro se sobresaltaron. Ninguno se atrevía a abrir la puerta. ¿Quién mas iva a venir a la “Escapada loca del coño”?

TOC! TOC!

Tras la puerta, una voz decía:

– ¿Hola? Perdonad, ¿tenéis un teléfono? Necesito hacer una llamada. No encuentro a mi novia, creo que se ha perdido. Por favor, abridme, necesito ayuda. Ella está en tratamiento y necesita su medicación. Si no la toma, no sé de que sería capaz.

Jennifer se tambaleó  tropezando con un escalón y Joaquín la agarró a tiempo para mantenerla en pie.

– Es la voz de Antonio.-le dijo ella susurrante- Pero no puede ser el.

– ¿Estás segura de eso?

– Tuve su maldita cabeza en mi regazo y te garantizo que jamás he necesitado tratamiento psiquiátrico, esa cosa miente y sabe que estoy aquí…

Jennifer aprovechó el momento (Joaquin no quitaba ojo a la puerta mientras ella le hablaba) y esquivó a Joaquín para llegar a la parte superior de la casa. Estaba aterrorizada, así que abrió la primera puerta que pilló y se encontró ante una escena insólita e inesperada. Había dos tías enrollándose a lo loco en la cama matrimonial y se sobresaltaron del susto de la intrusión e intentaron cubrirse con las sábanas sus partes pudendas lo más rápido posible. Demasiado tarde. Se quedó helada por un momento sin saber qué decir y una de ellas empezó a hablarle. Qué vergüenza le entró.

– ¡Ey! ¿Quién coño eres tú?- le preguntó Sandra bastante ofuscada.- ¿No sabes llamar a la puerta antes de entrar o qué? ¿Necesitas que te partan la boca?

– Yo…yo de vosotras, me vestiría.- fue lo único que consiguió decir antes de salir y cerrar la puerta. Joaquín se le acercó, pero ella le rehuyó entrando en el baño y echando el pestillo.

Desde luego que estaba siendo una locura de noche para ella y no sabía si podría superarla jamás si sobrevivía. Pero lo primero era lo primero. Tenía que largarse de allí, así que se subió a la bañera y abrió la ventana. Se asomó para considerar la altura y vio unas cañerías a su izquierda. No lo pensó mas y se encaramó al alfeizar de la ventana. Sacó sus pies al exterior, pierna derecha y luego izquierda hasta quedar sentada bajo la lluvia. Se agarró a una de las cañerías y buscó un punto de apoyo con el pie derecho. Cuando creyó estar controlando la situación, resbaló cayendo de bruces y rodando por el fango, pero estaba viva. Tras levantarse dolorosamente y comprobar que podía andar, se dispuso a entrar en el bosque con una ligera cojera.

– ¡Eh, tú! ¡Espera! ¡No te vayas, ayúdanos!- le gritaron “las chicas del dormitorio” desde su ventana, pero Jennifer no miró atrás y siguió su camino muy a su pesar. Cuando solo había avanzado unos escasos quince metros, un chirriante y veloz sonido la hizo detenerse en seco. Provenía de encima de su cabeza, por lo alto de las copas arbóreas y algo grande cayó ante ella. Sus ojos no veían más que un surco circular en la tierra mojada y algunas malas hierbas aplastadas, pero sus sentidos le decían que había algo más.

No le faltó razón, pues donde no había mas que un surco, aparecieron dos personas de la nada.  Jennifer se escondió tras uno de los árboles agachándose, pero sin dejar de observar aún la incrédula escena que ante ella acontecía. Los aparecidos eran un chico y una chica, iban ataviados con unos monos negros ceñidos como de cuero y lo más importante, estaban armados. Decidió no respirar siquiera con tal de que no la descubriesen. (Lugar equivocado, momento equivocado). Miró en ambas direcciones, pero no había forma de escapar sin ser descubierta, los árboles están bastante separados los unos de los otros. Pero tenía que mantener las esperanzas en que jugar al escondite le sirviera para escapar, hasta que el cañón de un arma le tocó la coronilla.

– IDENTIFICACIÓN.- dijo el ser masculino.

– ¿Mi DNI? ¿En serio?- logró decir Jenny estupefacta- Ehm…no lo llevo encima.

– Date la vuelta, niña.- y ella obedeció

Vio las armas con las que la apuntaban ahora los aparecidos, eran blancas y extrañas con circulos de color verde agua brillante. Naturalmente ella se derrumbó en lágrimas ante su trágico fin.

–  Por favooor (sniff) dejad que me vaya que yo no he hecho nada malo. Es solo la mala suerte que me persigue.

El aparecido se dirigió a la otra para hablar con ella. La miraron con lástima y a Jennifer no le parecieron personas normales, pero lo aparentaban.¿Serían extraterrestres? ¿Era verdad que el fin del mundo estaba llegando y ella sería una de las primeras víctimas en ser aniquiladas? La cosa hembra le habló.

– ¿Qué ha sucedido aquí? ¿Has visto algo extraño? ¿Cuál es tu nombre?

– Ésta noche he visto cosas muy extrañas, si, claro que las he visto. Algo ha decapitado a mi novio, he tenido que huir atravesando el bosque bajo una lluvia torrencial, he encontrado una casa rural llena de frikis y no sé, vosotros os habéis aparecido ante mi de la nada volando. Entonces, ¿no vais a matarme?

– No, soy AX-7 y éste es mi compañero AX-8, hemos venido a intentar evitar un desastre, creo que hemos llegado algo tarde a la cena, pero la fiesta está a punto de empezar. ¿Dónde queda esa casa rural de la que hablas?

– Allí- señaló ella a sus espaldas, pero la oscuridad le impedía ver más allá.

– Ya la veo. – dijo AX-7- Están en problemas AX-8. Escúchame,  ésto es una orden, tienes que llevarte  a la chica…

– Mi nombre es Jennifer, pero me podéis llamar Jenny si me sacáis de esta.

AX-7 la miró desafiante y se apartó alejándose un poco junto a su compañero. No quería ser escuchada por la humana.

– ¿Cómo quieres que la saque de aquí? Dijiste que íbamos a hacerlo juntos. Que aplastaríamos a esos nanobots con el As que tienes guardado en la manga.- le dijo el.

– Pero también recordarás que te dije que había que contar con imprevistos y este es uno de ellos. Al menos quedaría un humano al que hayamos salvado la vida y serviría para perpetuar su especie en caso de fracasar mi otro plan.

AX-8 frunció su falso entrecejo.

– No me dijiste que fuera a ser tan complicado. ¿Quieres que viaje a nuestro tiempo llevándola conmigo para salvar su especie? ¿Por qué Supreme no ha hecho eso antes y se evitaban tener que fabricar a unos robots como nosotros?

– Por eso mismo, porque lo intentaban, pero sus proyectos son aún más ambiciosos. Se hacía sufrir bastante al ser humano, pero una nueva ley les hizo cambiar de sistema. Ahí es donde entra Gea- Zero, que están totalmente en contra de esa norma. Recuerda que aunque sean la competencia, existían antes que Supreme y deja ya de cuestionarme.

– No te cuestiono, pero es que no pienso dejarte sola con “destructores”. Además, no me has explicado aún lo de tu As en la manga.

Jennifer intentaba enterarse de la conversación, pero al estar algo retirados, solo escuchaba retazos de la misma como “hacer sufrir bastante al ser humano, nueva ley, Geazero, Supreme”…demasiada información para ella, que no sabía como conectarla en su cerebro para encajarlo y llegar a comprenderlo. Esperó con paciencia su destino mirando en la dirección por la que había venido. Unos gritos interrumpieron la conversación.

– Tienes que confiar en mí. Mi contacto os tratará bien, pero debes protegerle también. Ésta noche habrá un cambio de planes para Gea- Zero- dijo AX-7- Su nombre es Leafar. Toma, coge ésto.- y le extendió un brazalete plateado con interruptores rojos- Llévate a la chica y dile que el Plan B ya está en marcha, que cumpla su parte y que salve nuestro proyecto MARI-AX.

– Pero…-comenzó a decir AX-8, pero su compañera se cansó de dar explicaciones y corrió hacia la casa rural. AX-8 miró a la indefensa Jenny y se acercó a ella.

– Levanta, vamos a realizar un pequeño viaje VIET.

– ¿A donde me vas a llevar?

– Al futuro.

-¿Venís del futuro? ¿Cómo terminators?

Jennifer se puso en pie. La verdad es que le temblaba todo el cuerpo, pues entre el frío y todo lo que le estaba sucediendo, lo últmo que esperaba era un viaje en el tiempo. Alucinaba.

– Bueno, más o menos (se burló AX-8) ¿de donde crees que sacó Cameron su idea? Es más real de lo que puedas llegar siquiera a imaginar. – cogió a Jenny de la muñeca izquierda, se había colocado el brazalete, que se conectaba directamente con su sistema interno. Introdujo el código que su compañera le había dado: MARIAX2058.

De pronto, Jenny se vio encerrada junto al aparecido (que humanamente no estaba nada mal…), en una esfera traslúcida. ¡Qué surrealista!

Para colmo de males, aquella esfera comenzó a elevase lentamente y ella recordó su vértigo cuando estaba a solamente unos diez metros de altura. No tuvo tiempo ni de expresar su miedo, pues la esfera cogió una velocidad que si no era la de la luz, poco le faltaba La mejor opción le pareció fue agacharse y agarrarse a los pies de la máquina.

La presión no era un problema, pues la esfera estaba preparada para aguantar esas presiones tan elevadas. Es más, su capa exterior succionaba esa presión y la convertía en fuerza de propulsión ( mayor presión=más velocidad). En el interior de la esfera apenas se percibía y Jenny cerró los ojos pensando en sus padres, en su familia, sus amigos, el mar, con sus delfines, en corazones, en una buena paella, en comerse una chocolatina “Huesitos de Milka”, …en fin, en cosas y momentos que la hiciesen olvidar que estaba volando hacia el futuro a no sé cuantos millones de kilómetros por hora.

esfera

Escrito por Luis M. Sabio Destino:2058


REPLICANTE: PARTE 6…(Un pequeño adelanto)


2058

María abrió los ojos, pero no consiguió ver nada, pues la mayor oscuridad del mundo la envolvía en la negrura. Se encontraba tumbada bocarriba, mirando al supuesto techo y preguntándose dónde coño estaba. Percibía olores extraños y sus ojos escrutaban el entorno intentando vanamente divisar algo que le proporcionase aquella información. Comprobó que no tenía modo alguno de mover sus extremidades, pero el resto del cuerpo sí. Al intentar girarse hacia un lado, notó una tirantez extrema en el lado izquierdo de su cabeza, justo detrás de la oreja. Sentía como si una aguja gigante la atravesara y cuando se tocó ahí, notó que le salían varios tubos que no sé a donde iban a parar. ¿Cómo había llegado allí? ¿Quién la había llevado?¿Dónde estaba?¿Desde cuando y para qué? Miles de preguntas bombardearon su mente, pero sentía pánico de gritar pidiendo auxilio, pues no sabía si alguien la vigilaba de cerca.

Aquello no tenía pinta de ser un hospital. Desde luego que se encontraba tumbada en una especie de camilla, más fría que su puta madre, por cierto, pero no era un hospital…por lo menos no uno normal. No estaba atada, pero tenía miedo de arriesgarse a tirarse de allí al desconocer la distancia que del suelo la separaba. Tenía que pensarlo bien, pues como mucho si salía ilesa, el resto del camino lo tendría que hacer a rastras en plan gusano. La incertidumbre la carcomía, pues tenía miedo…un miedo atroz.

Lo último que recordaba vagamente es que viajaba en un coche. Había túneles y luces, pero luego nada más, solo oscuridad. Era muy posible que alguien más estuviera en el coche, pero no conseguía descifrar ese enigma ni los siguientes, pues un ruído de pasos metálicos la alertaron de que algo se acercaba desde fuera.

Las luces se activaron de golpe, como los neones de Las Vegas y ella creyó que sus retinas estaban siendo flageladas por cien agujas. Cerró los ojos pensando que era lo mejor, hacerse la dormida en estado comatoso. Un nudo se formó en su garganta. Ver todos esos tubos azules de luces leds, ese suelo de rejillas metálicas, tantos aparatos a su alrededor emitiendo sonidos y luces intermitentes, le chocaron tanto como ver la nave espacial de Alien por primera vez. Y ésto era peor, era real. ¿Sería aquello una nave espacial? De momento no quiso saberlo y mantuvo los ojos cerrados cuando escuchó el click de apertura de la puerta que tenía enfrente. Ésta se abría como una persiana, pero justo al revés, del techo al suelo.

CLONCK! CLONCK! CLONCK!

Algo se le había acercado, desde luego, fuera lo que fuese lo tenía practicamente en lo alto de ella…podía sentirlo, la miraba y su sombra la tapaba.

CLONCK! CLONCK! CLONCK!

Más pasos se adentraron en su suite. Habría como mínimo tres de esas cosas ahí observandola e intentó disimular el tembleque de miedo, pero aún así, temía que el sudor de terror la delatara. Entonces eso  habló en una extraña jerga y ella no comprendía cómo era posible que lo entendiera.

– Sujeto CH post AX-7. Constancias vitales correctas. Sistema motriz en proceso de adaptación. Tomaré muestras de cuero cabelludo.

Su cuerpo desnudo e indefenso quería desaparecer de aquel lugar, escapar de esa camilla metálica y mandar todo a tomar por el culo. Escuchó a una de aquellas cosas replicarle a otra y otro respondió enojado. Bueno, a partir de ahí, la discusión se fue acalorando cada vez más. Uno de esos seres decidió eliminarla y pulsó un botón que hizo que María comenzara a congelarse por los pies. Ya no pudo más, cuando el helor le llegó a la cintura, gritó. Acto inútil pensando que no podía moverse, pero que más tenía que perder. Esas tres cosas la miraron y ella vió como lo hacían, por dios, eran horribles, algo con manos alargadas, ojos negros sin pupilas y pies de hierro.

Ella seguía gritando ante la situación y vió como uno de ellos sacó un arma de su manga disparando láser a bocajarro contra sus compañeros o lo que fuesen.

– No tener tiempo de explicar- éste posó su mano sobre el vientre de María, que inmediatamente le transmitió un calor inmenso. Sus piernas se descongelaron y mejor aún, podía moverlas.- He venido a salvarte, a sacarte de aquí.

-Pero, ¿qué eres? dime por favor, ¿dónde estoy?

– Mi nombre es Leafar. Tu estar en futuro. Esta es base científica de la compañía “Supreme”, yo trabajar para ellos. Ser una empresa de robótica fundada por ser humano, pero al extinguirse su raza, los robots supieron suplir y mejorar las ideas. Han cogido molde de tu cuerpo para recoger informes del comportamiento humano, tu no ser original, no ser nada personal. Pero ella ahora ha empatizado con ellos y se ha rebelado a la compañía por salvar a esos humanos. Ponte ésto- y le extendió una ropa, que resultaron ser un mono de color negro y una camisa blanca- no tener calzado. Sentirlo mucho.

María no dudó un instante en colocarse aquellas prendas para cubrirse un poco del frío.

– Gracias, no te he entendido del todo…dices que han hecho una copia de mí.

– Sí, más de una copia. Yo ser amigo de AX-7, ella no recordar todo, sólo lo que yo dejar en su sistema. Ser mi creación, mi bebé. Ella aprende rápido. Ella quererte libre, yo aquí jugándome el puesto y que me desconecten para siempre. Pero si no lo hace “Supreme”, lo hará “Gea-Zero”.

– ¿Gea-Zero? Ésto es muy extraño, no entiendo una mierda. Sácame de aquí, por favor.

TOC TOC TOC

María miró aterrada a Leafar y éste analizó con la mirada lo que esperaba tras la puerta. Se acercó y activó la apertura de la puerta. Cuando esta se abrió, María no pudo creer lo que veía. Era su amigo, su amigo armado hasta los dientes, que había venido a rescatarla. Se abalanzó a el para abrazarle y no prestó atención alguna a la chica que había tras el.

– ¡Jorge!¡Ay, cómo me alegro de volver a verte!

Éste con el semblante serio, la apartó con la mano apuntando con el arma al suelo. Se dirigió a Leafar,

– No hay tiempo. Tenemos que salir de aquí ya mismo.

ImageEscrito por Luis M. Sabio


REPLICANTE: PARTE 5


FELIZ CUMPLEAÑOS, EVA.

Dani estaba ansioso por la llegada de sus amigos, sobre todo por la de la cumpleañera, pues había movido varios hilos y tirado de contactos para conseguir un buen precio por esa casa rural en Trévelez. Cuando le mostraron por internet más de treinta posibilidades de alojamientos rurales, ésta le pareció le elección perfecta. Dos plantas,  a veinte metros de la carretera con un acceso sin asfaltar, aislada en el bosque. Por la entrada principal se encontraba uno con un salón enorme unido con su barra americana a la cocina. Una chimenea y al fondo a la derecha un baño. En la segunda planta había tres dormitorios y otro servicio que incluía una bañera. No había pensado en la repartición de las habitaciones (ya lo harán entre todos más tarde), pero suponía que la que tenía la cama de matrimonio sería para Sandra y Joaquín.

Y ahí estaba el. Sentado en un sofá del salón jugando al “Saints Row 3” de la Xbox para amenizarse la espera, pues ya había hecho bastante decorándolo todo para la fiesta, pero sin pasarse, ya que Eva no cumplía nueve años, sino diecinueve. Se había encargado de la tarta, que estaba aguardando a su extinción en la nevera y esperaba que Pablo no se olvidase de traer algo de hielo. Quería que la fiesta dejase boquiabierta a Eva. Le tenía un cariño especial, pues la conocía desde párvulos y aunque decía que la quería como a una hermana, internamente sabía que era algo más que eso. Pero aún así, jamás lo reconocería.

Le pareció escuchar algo y pausó el juego. Oyó el claxon de un coche en el exterior, por fin habían llegado y la fiesta estaba a punto de comenzar. La “loca del coño”, como decía Pablo, iba a tener su mejor fiesta de cumpleaños desde que cumplió los ocho en el “Chiqui- Park” de la carretera de Ronda en Almería, con sus toboganes y piscinas de bolas.

Salió a saludar y a ayudar a sus amigos con las bolsas de la compra y equipaje. Alcohol a tutiplén, carnes para hacerlas en la chimenea con las ascuas. Lo mismo le echaban unas patatas para hacerlas asadas.

Tras subir las maletas y bolsas de viaje a la parte de arriba, bajaron todos a brindar con el “Fragolino” rosado. Sandra, Eva y Erika se arrancaron bailando unas sevillanas. Pablo intentó seguirlas pero a Joaquín se le daba mucho mejor. Luego vino un reaggaeton y se pusieron a “perrear” un poquito entre copa y canuto. Dani se puso a jugar un partido de Pro con Pablo y Joaquín les picaba haciendo hincapié en sus fallos, para ver si alguno perdía y así poder jugar su turno mientras las chicas bailaban el último éxito de David Bisbal. Era el ídolo de Eva, la cual hace menos de cuatro meses aún tenía forrada las paredes de su habitación con imágenes del artista, al que veneraba más que a Jesucristo.

¡Ay juventud! ¡Cuánto amor platónico!

– No se vosotros, pero a mí me está picando el hambre ya.- dijo Pablo.

– Pues ahí hay unas pizzas si quieres comer algo.- contestó Dani. Pablo se le quedó mirando con una media sonrisa y dijo:

– Vale, pero podríamos ir encendiendo la chimenea para hacer unas chuletas a la parrilla. Eso tarda en quedar en ascuas y luego os entrará el hambre.

– ¡Mierda!- exclamó Dani.

– ¿Qué pasa?- preguntó Erika.

– Se me olvidó coger unos troncos y leña. ¡Maldita sea! Habrá que salir a buscar algunas ramas y piñas para hacer el fuego. Pastillas si he traído para prenderlo.

– Voy contigo. Cojo el abrigo y salimos.- Con éstas palabras Erika se dio la vuelta y subió las escaleras en busca de su abrigo fucsia de botones amarillos con la cara de “Smiley”. Llegó al dormitorio donde había dejado su maleta, encendió la luz y colocó encima de la cama. Tras abrirla, sacó el abrigo y cogió su boina del mismo color a la que le había puesto una chapa con el mismo color y dibujo que los botones del abrigo. Mientras se lo ponía, escuchó a Dani subir las escaleras, que iría en busca de alguna chaqueta.

Pensaba que su amigo no estaba nada mal, pero que también podría ser efecto de las tres copas de Whisky y las furtivas caladas a los porros que Pablo se había traído consigo. Normalmente no se ofrecía para salir a la calle con tanto frío y menos para adentrarse en un bosque, para buscar leña, pero tenía que lucir su maravilloso atuendo invernal. Se miró en un espejo antiguo que había colgado de la pared para ver como se colocaba la boina que iba a estrenar.

Poco después, ambos salieron al frío de la noche y Dani fue directamente a la parte trasera de la casa para coger una carretilla que había visto allí por la mañana. Erika le seguía mientras se frotaba las manos y maldecía para sus adentros el haberse olvidado de incluir un par de guantes en el equipaje. Se adentraron un poco más en el bosque, su silencio solo se interrumpía con el castañeteo de sus dientes y unas neblinas de vaho salían expulsadas de sus bocas por el helor que hacía.

En el momento que Erika cerró la puerta tras de sí, Joaquín miró a su novia y Sandra asintió.

– Eva, sube con nosotros, que tenemos que enseñarte una cosa. Lo vas a flipar.

– ¿Qué es?- preguntó Eva.

– Es una sorpresa.- contestó Joaquín.- Oye, Pablo, hazte unos McFlies de esos que tu sabes. Ya te he metido yo las pizzas en el microondas para que piques algo.

Sandra cogió a Eva de la mano con una sonrisa y subieron juntas las escaleras. Estaba algo nerviosa, pero a la vez excitada y emocionada. Joaquín olvidó de decir algo más a Pablo y se dio media vuelta hacia el.

– También podrías ir poniendo el “Sing It”, que las nenas tienen ganas de marcha y desgañitarse cantando. Además, así cuando estos vuelvan, estará casi todo preparado y nos reímos otro rato mientras se apague el fuego.

– Ok. No problemo, tío.- contestó Pablo.

Joaquín corrió escaleras arriba a zancadas y Pablo dejó el mando de la consola en el sofá, levantándose de un respingo. No le molestó en absoluto que lo dejasen solo en el salón, pues tenía una broma maquinada para morirse de la risa. Cogió su mochila negra (RAMONES), que estaba junto a la chimenea y se metió en el baño.

Comenzó a desnudarse hasta quedarse en calzoncillos y sacó un camisón blanco de la mochila; debajo del camisón había una peluca de largos y morenos cabellos falsos. Sabía que a Eva le aterrorizó bastante aquella niña que salía de la televisión en “The Ring” y no pensaba desaprovechar esta oportunidad para asustar a su “loca del coño”. Pensó que sus amigos jamás olvidarían esta broma y también en la cara que pondría Eva. Sólo con eso ya le entraba la risa floja.

Arriba sucedería otro momento difícil de olvidar, pero que fluía en una dirección bastante contraria a las maquinaciones de Pablo. Joaquín cerró la puerta de la habitación tras de sí y miró a las chicas que tenía delante.

– Bueno, ¿y dónde está la sorpresa? – preguntó Eva mirando a sus amigos algo confusa.

– El caso es que…-comenzó a explicarse Sandra.- Sé que te gusta Joaquín y…(Eva en su mente a mil kilómetros de allí, quería que la tierra se la tragase)… no sé como plantearte esto para que no salgas huyendo de aquí. Hmmm…tenemos una fantasía en la cual nos gustaría que participases.

– Pero, ¿de qué estáis hablando?¿En serio os referís a….?

– Hacer un trío.- aclaró Joaquín.

Eva puso cara de estupefacción, pero si que era una sorpresa para ella, pues Joaquín tenía un cuerpazo fibroso y una personalidad detallista que a ella le encantaban. Jamás se le habría ocurrido poner sus garras en el novio de una amiga, eso era sagrado para ella. Pero tampoco se le había pasado nunca por la cabeza que una amiga le propusiera realizar un trío. Un mar de dudas  mezcladas con excitación se acumularon en su cerebro.

Esa tensión se rompió en el momento que Sandra la abordó por detrás apartando su cabello y besando su nuca y su cuello. Temblaban de nervios y Joaquín ante la escena, no pudo contenerse. Se quitó la sudadera dejando al descubierto su famosa tableta de chocolate, con la que Eva había soñado alguna vez.   Éste se abalanzó hacia Eva directamente hacia sus labios y la besó. Jugaron con sus lenguas y las manos de Joaquín rodeaban sus pechos. Sandra le empezó a quitar la ropa a la cumpleañera y los tres se dejaron llevar por una pasión desenfrenada que hacía parecer que sus cuerpos fuesen a explotar de tantas vibraciones y nervios.

Ambas se tumbaron en la cama mirando al techo, sin dejar de tocarse mutuamente y cuando Eva sintió el miembro de Joaquín en su interior, le costó no aullar de placer como una loca. Desde luego que nadie le podía haber hecho un regalo mejor que aquél.

EN BUSCA DE LEÑA.

Dani sentía como que se estaba congelando por dentro, pero no se podía mostrar frágil ante una chica. Era uno de sus principios como hombre y no dejaba de arrastrar de la carretilla, echando de vez en cuando algún rastrojo y ramas secas en ella. Erika también colaboraba, pero con mucho cuidado de mancharse la ropa.

– Aquí no hay piñas de esas para encender el fuego más rápido, menos mal que hay pastillas.- comentó Erika.- ¿Y si nos volvemos y hacemos la cena en la cocina? Me estoy helando.

– No te rindas, mujer, que vamos bien.

– Abrázame un poco, anda, a ver si se me quita un poco este frío.

El le dedicó una sonrisa y lo hizo, cumplió su deseo. Soltó la carretilla y abrazó a su amiga. Lo que no esperaba es que ésta aprovechase el momento para plantarle un beso en  la mejilla. Luego otro, pero de esos besos, casi de cine, que quieren decir algo más que eso y Erika sintió su cuerpo levitar.

De pronto, un gran estruendo como de trueno, rompió el beso y los dos vieron como el cielo se iluminó con un estallido verdoso. Quedaron por unos segundos ahí quietos, abrazados y mirando hacia arriba.

– Vamos a la casa.- dijo Dani muy nervioso.

– Sólo ha sido un trueno y unas luces verdes.

– Vámonos, venga. Que no me ha gustado nada en absoluto, nunca había visto una luz así en el cielo.

– ¿Y qué hay de eso de no rendirse?

– No seas cabezota, tú también querías volver hace unos minutos.

– Ya, pero la cosa ha cambiado.

Un ruido extraño surgió de entre los árboles y parecía que se estaba acercando a pasos agigantados. Comenzó a llover fuertemente. Los dos se miraron y sin dirigirse la palabra, se dieron la vuelta para correr hacia la casa. ¿Qué era eso tan grande? Erika corría, pero tropezó cayendo de bruces en el barro recién formado.

– ¡Daniiiiiii, esperaaaaa!- gritó mientras se incorporaba.

El se dio la vuelta para ayudarla y lo que vio le hizo quedarse paralizado de terror. Un árbol gigantesco se dirigía hacia ellos, destrozando a “sus hermanos” a su paso. Erika volvió la vista atrás para ver que es lo que había hecho que su amigo no se acercara un centímetro más. Su grito fue de terror, no podía ser real, estaba soñando con una horrible pesadilla, pero no, lo tenía delante. La sombra de ese árbol se cernió sobre ella cogiéndola en volandas.

– ¡Ayudaaaaaaaaaaaaa!- fué lo último que Erika pudo decir, pues Dani, aún petrificado en el sitio vio como esa cosa la agarró de los brazos y tiró de sus piernas. Su cuerpo quedó partido en dos y ese ser lanzó los restos hacia atrás, su graciosa boina quedó enganchada de una de sus ramas. Sangre, mucha sangre se esparció por ese suelo e incluso salpicó en forma de lluvia a Dani. Éste consiguió arrancarse del sitio y huír hacia la casa, miraba hacia atrás, pero esa cosa no le seguía. Aquello no estaba sucediendo, no podía, pero desgraciadamente podía comprobar lo real que era. La sangre, aún caliente le estaba cayendo por el rostro y se introducía entre las comisuras de sus labios. La lluvia era constante y el camino de vuelta parecía eterno.

bosque  El final se acerca…

Escrito por Luis M. Sabio